‘Hay que poner el teléfono en modo avión y aprender a disfrutar de nuestros hijos’

Entrevista a la autora de ‘Educar en el asombro’ y ‘Educar en la realidad’

Catherine L’Ecuyer es canadiense, afincada en Barcelona y madre de 4 hijos. Es máster por IESE Business School y máster Europeo Oficial de Investigación. En Canadá, ha trabajado como Senior Council en una empresa de telecomunicaciones. En España ha dado clases en la universidad y ha sido consultora en diversas empresas como Abertis y Pepsi. La revista suiza Frontiers in Human Neuroscience publicó su artículo The Wonder Approach To Learning, que convierte su tesis en una nueva hipótesis/teoría de aprendizaje.

Colabora actualmente con el grupo de investigación Mente-Cerebro de la Universidad de Navarra y con Radio Nacional de España (RNE). Su blog lleva más de medio millón de visitas. En 2015, recibió el Premio Pajarita de la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes por promocionar la cultura del juego en los medios de comunicación y fue invitada como ponente ante la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados de España.

Es autora de Educar en el asombro (19ª edición), bestseller educativo de los últimos años según la revista Magisterio, y de Educar en la realidad (4ª edición), sobre el uso de las nuevas tecnologías en la infancia y en la adolescencia.

Tu filosofía se basa en la educación en el asombro y en el apego. ¿Por qué?

El asombro es el “deseo de conocer”. Si observamos a un niño pequeño, vemos que nace con el deseo de conocer. No hace falta motivar a un niño para que vaya investigando los enchufes o tirando de los manteles. Curiosamente los niños necesitan, a partir de los 18 meses, una base de exploración desde la cual van calibrando la realidad. La literatura lo llama “figura de apego”. El niño triangula entre el mundo y esa persona para entender el mundo. Eso ocurre cuando el niño es capaz de hablar y, al encontrarse con un caracol por primera vez, dice “¡Mira, mamá!”. De hecho, Rachel Carson decía que el niño necesita, para asombrarse, a otro adulto capaz de asombrarse con él. Los niños interiorizan el mundo a través de nuestra mirada.

¿Cómo lo hacemos?

Para poder asombrarse, el niño necesita que el entorno se ajuste a lo que reclama su naturaleza: a sus ritmos internos, a sus etapas de la infancia, a su sed de misterio, de belleza. Un niño sobreestimulado con un entorno que no se ajusta a su ritmo interno pasa a dejar de desear “desde dentro”, se vuelve pasivo y pasa a depender de esos estímulos externos. Ahí es cuando pueden entrar en juego las adicciones y la desmotivación en ausencia de dichos estímulos artificiales. Por lo tanto, menos pantallas y más relaciones interpersonales, menos consumismo y más austeridad, menos ruido y más silencio.

¿No le damos suficiente afecto a nuestros niños?

El mejor juguete para un niño son sus padres. Lo que ocurre es que nosotros mismos vivimos en un mundo que no se ajusta a nuestros ritmos, y nos falta el tiempo para poder estar con nuestros hijos. No se trata de estar haciendo cosas con ellos sin parar, se trata de regalarles miradas y de escucharles, de estar disponibles. Hay que simplificar el montaje del fin de semana. Decía Leornardo da Vinci que la sencillez es la última sofisticación. Menos cosas y planes y más tiempo para compartir. ¿Qué es lo más valioso hoy para compartir con nuestros hijos? Nuestra atención. La atención es el barómetro de nuestro amor, decía Pablo D’Ors, la forma más pura de generosidad, decía Simon Weil. Así que hay que poner el teléfono en modo avión y aprender a disfrutar de ellos.

Vivimos en una época en la que la tecnología lo es “todo”

Dentro de unos años, estaremos de vuelta de ese paradigma. En muchos otros países desarrollados ya están quitando las tabletas de las aulas, advirtiendo de los peligros que pueden conllevar las nuevas tecnologías en mentes inmaduras (inatención, adicciones, impulsividad, pérdida de oportunidades de relaciones interpersonales, etc.) y por lo tanto ya no ven el cambio tecnológico con una actitud de fascinación casi apocalíptica, que interpreta ese cambio como radicalmente determinante y revelador del futuro. Con el tiempo, ganaremos en perspectiva y veremos, basándonos en los estudios académicos, que la competencia digital está sobrevalorada. No existen estudios que asocien esa competencia con una mejora de los resultados académicos o de las oportunidades laborales. De hecho, la tecnología está programada para la obsolescencia, y por lo tanto, lo que uso hoy, no me servirá mañana. La tecnología en la educación es una especie de burbuja que tarde o temprano explotará. Yo siempre digo que el mayor error ha sido vender a los padres que la educación para el uso de las nuevas tecnologías consiste en adelantar la edad de uso. Es todo lo contrario, hay que atrasarlo al máximo, porque la mejor preparación para el mundo digital es el mundo real. Las nuevas tecnologías son maravillosas, pero en mentes preparadas para usarlas, y esa preparación no ocurre dando un dispositivo al niño que no está preparado para usarlo.

¿Cómo salimos de ahí? ¿Cómo les sacamos de esa inercia?

Si los niños tienen un dispositivo electrónico, es porque se lo hemos dado. Si ellos buscan conectarse en secreto, es porque no hemos sabido darles oportunidades lo suficientemente atractivas o porque carecen de alternativas. La solución parece utópico, pero no lo es. Si le damos la oportunidad a un niño de 10 años de decidir si estar conectado con el móvil todo el día, o ir a pescar con sus padres, ¿qué decidirá? Estar con sus padres, sin duda. Conozco a cientos de familias que educan a sus hijos pequeños en el mundo 100% real, no digital, y es posible conseguir que esos niños no se sientan raros. ¿Qué es “ser raro”? ¿No ser normal? ¿Qué es ser normal? ¿Quién pone la norma de lo que se ha de hacer o no? ¿Para qué necesita conexión a internet un niño de 8 años? ¿Desde cuándo “ser normal” es tener un teléfono inteligente con 8 años? ¿Quién decidió eso? ¿Las estadísticas? Pues estamos para hacer las estadísticas, no para cumplirlas ciegamente.

Eres defensora de que el único aprendizaje sostenible del niño es descubrir el mundo por sí mismo y a su ritmo. ¿Cómo lo conseguimos?

Ojo, que hay que dejar que el niño vaya descubriendo a su ritmo en la escuela infantil, con una intervención mínima, que consiste en organizar el entorno de forma que respete la naturaleza del niño. Pero en la etapa de educación formal (desde los 7 años), la educación en el asombro no es incompatible con la trasmisión de conocimiento. De hecho, el asombro es el deseo de conocer. Sin conocimiento no hay deseo de conocer. Y el joven aprendiz necesita a una persona que le ayude a estructurar sus pensamientos y a conocer la realidad. No tenemos conocimientos infusos a priori; la educación es fruto del esfuerzo, de dejarse medir por la realidad.

¿Qué pasa con los controvertidos “deberes”?

Primero, es preciso matizar por edad. En infantil no debería haber deberes nunca porque no es etapa para la educación formal. En etapas ulteriores, el asunto de los deberes es un asunto que no se puede desvincular del contexto español. En muchos otros países, los padres terminan su jornada laboral cuando sus hijos salen del colegio, y todos disfrutan de una larga tarde juntos. En ese contexto, es posible plantear unos minutos de deberes, en función de la edad. Pero en España, el asunto de los deberes se complica debido a los horarios laborales. ¿Qué ocurre a las nueve de la noche, cuando un padre o una madre llega de trabajar y se encuentra al hijo pidiendo auxilio con el cuaderno de deberes en la mesa mientras cena? No solo el padre está agotado, sino también el hijo, porque lleva una larga carrera de extraescolares diseñadas para tenerle ocupado mientras sus padres trabajan. Los deberes, en ese contexto, son una invasión del colegio en el hogar, y amargan la vida familiar.

Hace poco se hizo viral un vídeo que mostraba la ocupada agenda de muchos niños y niñas muy pequeños: lunes y miércoles inglés después del cole, martes y jueves taekwondo, viernes danza… ¿les hacemos más perjuicio que beneficio?

Es terrible, pero lo hacemos porque trabajamos. Entonces, ¿cuál es la alternativa? Adaptar el horario laboral al horario de los colegios, como la gran mayoría de los países desarrollados. Sin duda, esa es la solución.

¿Qué consejo le darías a los padres de un niño o niña que acaba de cumplir los 3 años de edad?

No me gusta dar consejos. Explico lo que dicen los estudios sobre lo que requiere la naturaleza de nuestros hijos, y dejo que los padres tomen sus decisiones. Nadie puede juzgar a los padres. Si sus decisiones no son acertadas (a la luz de lo que indican los estudios académicos respecto a varios temas como pueden ser el uso de las tecnologías, la importancia del juego libre, etc.), será porque ellos carecen de información, no por mala fe. Lo natural en un padre es desear lo mejor para sus hijos. Por lo tanto, me limito a divulgar en mis libros, mi blog y mis entrevistas, lo que indican los estudios. Diría a los padres que ellos son los primeros educadores de sus hijos y, como tales nunca deberían abdicar esas tareas en manos de expertos, del colegio o de las estadísticas, dejando que esos últimos tomen decisiones para ellos. Es cierto que los niños volarán sus vuelos, pero mientras no saben volar por sí mismos, no podemos tirar la toalla de educar. Educar no es coartar la libertad de otro, es ayudarle a desear lo bello, a desear alcanzar la perfección de la que es capaz su naturaleza.

¿Y a un profesor de educación infantil?

Los niños tienen una inercia irresistible para aprender; no hace falta bombardearles con información. “Más es mejor” es una creencia que hizo mucho daño en la educación infantil, y está reconocida como un “mito” por toda la comunidad científica. Un neuromito es una mala interpretación de la literatura en neurociencia, aplicada a la educación. En la etapa infantil, lo que toca es el juego desestructurado, en un entorno preparado y que se ajuste a los ritmos internos del niño. Todo eso habría que recordárselo a los que diseñan las políticas educativas, y que tienden a adelantar cada vez más la etapa de la educación formal. En esas etapas, lo que cuenta es la relación interpersonal entre el niño y el maestro, y eso es difícil con ratios como los que tenemos. Estar con más de 20 niños varias horas al día, no solo es heroico desde el punto de vista del maestro, sino que, además, quita al niño lo que más necesita en esa etapa: una mirada que le ayude a interpretar el mundo. Los estudios nos indican que en esa etapa es más importante cuidar el ratio que la dotación tecnológica en las aulas. Ojala los criterios de los rankings de colegios reflejen esa realidad.

¿Es diferente en el caso de un profesor de primaria?

Su papel es de suma importancia. No estoy en contra de las evaluaciones objetivas, pero considero que, al margen de ellas, es más importante la llama del amor o del deseo para el conocimiento que el mero deseo de aprobar. En ese sentido, el profesor tiene un papel clave en mantener viva esa llama. A veces nos perdemos en llamados “métodos activos”. Creo que hemos llegado a una obsesión desproporcionada respecto a esas nuevas metodologías, poniendo nuestra fe y el destino de nuestros alumnos en ellas, como si fueran el fin en sí. Lo que marca la diferencia entre un aprendizaje activo y uno que no lo es, no es la “clase invertida” o el trabajo por proyecto, es el maestro. Un maestro conductista y mecanicista en un aula invertida, sigue siendo un maestro conductista. Y un maestro asombrado que ama su materia en una clase magistral sigue siendo un maestro asombrado, que llegará a asombrar a sus alumnos a través de su clase magistral.

Nos quedamos con la idea de que el asombro es el motor de los niños, pero también del mundo

Chesterton dijo: “El mundo nunca tendrá hambre de motivos para asombrase; pero sí tendrá hambre de asombro”. La educación en el asombro es un intento para dar la vuelta a la profecía de Chesterton para que, en el medio de tantas distracciones, nuestros hijos puedan otra vez asombrarse ante lo irresistible de la belleza de la realidad.

Entrevista de Zaida Sánchez

Las claves del liderazgo del papa Francisco

Noticia de: https://www.almudi.org/noticias-articulos-y-opinion/11869-las-claves-del-liderazgo-del-papa-francisco

¿Por qué las autoridades de todo el mundo quieren una foto con el papa Francisco? ¿Qué se puede aprender de su liderazgo?

El documental Liderazgo y Papa Francisco, producido por Rome Reports, analiza los motivos del liderazgo de Francisco a nivel internacional, de la mano de personalidades de distintos países que han triunfado en su campo profesional: el tenor italiano Andrea Bocelli, el ajedrecista ruso Garry Kasparov, la modelo argentina Valeria Mazza, el presidente de la Federación Internacional de Automovilismo, Jean Todt; el productor de las películas Carros de Fuego y La Misión, David Puttman; la activista venezolana Lilian Tintori y el Hall of Fame de Beisbol con los NY Mets, Mike Piazza.

El documental, de 47 minutos, fue presentado en la Filmoteca Vaticana por el director de la Biblioteca Apostólica, Mons. Jean Louis Bruguès. Ha sido rodado en Venezuela, Suiza, Italia, España e Inglaterra. A continuación ofrecemos el trailer en inglés.

Fuente: iglesiaendirecto.com.

 

Audiencia general del Papa Francisco: sobre el Padre Nuestro

Texto completo:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Había algo de atractivo en la oración de Jesús, era tan fascinante que un día sus discípulos le pidieron que les enseñara. El episodio se encuentra en el Evangelio de Lucas, que entre los Evangelistas es quien ha documentado mayormente el misterio del Cristo “orante”: el Señor oraba. Los discípulos de Jesús están impresionados por el hecho de que Él, especialmente en la mañana y en la tarde, se retira en la soledad y se “inmerge” en la oración. Y por esto, un día, le piden de enseñarles también a ellos a orar. (Cfr. Lc 11,1).

Es entonces que Jesús transmite aquello que se ha convertido en la oración cristiana por excelencia: el “Padre Nuestro”. En verdad, Lucas, en relación a Mateo, nos transmite la oración de Jesús en una forma un poco abreviada, que inicia con una simple invocación: «Padre» (v. 2).

Todo el misterio de la oración cristiana se resume aquí, en esta palabra: tener el coraje de llamar a Dios con el nombre de Padre. Lo afirma también la liturgia cuando, invitándonos a recitar comunitariamente la oración de Jesús, utiliza la expresión «nos atrevemos a decir».

De hecho, llamar a Dios con el nombre de “Padre” no es para nada un hecho sobre entendido. Somos conducidos a usar los títulos más elevados, que nos parecen más respetuosos de su trascendencia. En cambio, invocarlo como “Padre” nos pone en una relación de confianza con Él, como un niño que se dirige a su papá, sabiendo que es amado y cuidado por él. Esta es la gran revolución que el cristianismo imprime en la psicología religiosa del hombre. El misterio de Dios, que siempre nos fascina y nos hace sentir pequeños, pero no nos da más miedo, no nos aplasta, no nos angustia. Esta es una revolución difícil de acoger en nuestro ánimo humano; tanto es así que incluso en las narraciones de la Resurrección se dice que las mujeres, después de haber visto la tumba vacía y al ángel, «salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí» (Mc 16,8). Pero Jesús nos revela que Dios es Padre bueno, y nos dice: “No tengan miedo”.

Pensemos en la parábola del padre misericordioso (Cfr. Lc 15,11-32). Jesús narra de un padre que sabe ser sólo amor para sus hijos. Un padre que no castiga al hijo por su arrogancia y que es capaz incluso de entregarle su parte de herencia y dejarlo ir fuera de casa. Dios es Padre, dice Jesús, pero no a la manera humana, porque no existe ningún padre en este mundo que se comportaría como el protagonista de esta parábola. Dios es Padre a su manera: bueno, indefenso ante el libre albedrio del hombre, capaz sólo de conjugar el verbo “amar”. Cuando el hijo rebelde, después de haber derrochado todo, regresa finalmente a su casa natal, ese padre no aplica criterios de justicia humana, sino siente sobre todo la necesidad de perdonar, y con su brazo hace entender al hijo que en todo ese largo tiempo de ausencia le ha hecho falta, ha dolorosamente faltado a su amor de padre.

¡Qué misterio insondable es un Dios que nutre este tipo de amor en relación con sus hijos!

Tal vez es por esta razón que, evocando el centro del misterio cristiano, el Apóstol Pablo no se siente seguro de traducir en griego una palabra que Jesús, en arameo, pronunciaba: “abbà”. En dos ocasiones San Pablo, en su epistolario (Cfr. Rom 8,15; Gal 4,6), toca este tema, y en las dos veces deja esa palabra sin traducirla, de la misma forma en la cual ha surgido de los labios de Jesús, “abbà”, un término todavía más íntimo respecto a “padre”, y que alguno traduce “papá, papito”.

Queridos hermanos y hermanas, no estamos jamás solos. Podemos estar lejos, hostiles, podemos también profesarnos “sin Dios”. Pero el Evangelio de Jesucristo nos revela que Dios no puede estar sin nosotros: Él no será jamás un Dios “sin el hombre”; es Él quien no puede estar sin nosotros, y esto es un gran misterio. Dios no puede ser Dios sin el hombre: ¡este es un gran misterio! Y esta certeza es la fuente de nuestra esperanza, que encontramos conservada en todas las invocaciones del Padre Nuestro. Cuando tenemos necesidad de ayuda, Jesús no nos dice de resignarnos y cerrarnos en nosotros mismos, sino de dirigirnos al Padre y pedirle a Él con confianza. Todas nuestras necesidades, desde las más evidentes y cotidianas, como el alimento, la salud, el trabajo, hasta aquellas de ser perdonados y sostenidos en la tentación, no son el espejo de nuestra soledad: existe en cambio un Padre que siempre nos mira con amor, y que seguramente no nos abandona.

Ahora les hago una propuesta: cada uno de nosotros tiene tantos problemas y tantas necesidades. Pensemos un poco, en silencio, en estos problemas y en estas necesidades. Pensemos también en el Padre, en nuestro Padre, que no puede estar sin nosotros, y que en este momento nos está mirando. Y todos juntos, con confianza y esperanza, oremos: “Padre nuestro, que estas en los cielos…”. Gracias.

Dejaba morir a los pacientes por deshidratación y ahora es anti-eutanasia: un caso le abrió los ojos

Esta enfermera canadiense pasó de dejar morir a los pacientes por deshidratación a ser una firme opositora de la eutanasia y el suicidio asistido

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Italia está abriendo la puerta a la eutanasia aunque de manera encubierta. El Congreso aprobó una ley de “testamento vital” que en realidad consiste en matar a los pacientes retirándoles la comida y la hidratación. Pero en la época de los eufemismos suena mejor “testamento vital” que “eutanasia”.
El caso de DJ Fabo, el músico que quedó tetrapléjico y ciego tras un accidente y que pidió al presidente de Italia que le permitiera morir, dio alas a los movimientos proeutanasia. Finalmente, este joven italiano murió en Suiza.
Los testimonios de personas en los que la eutanasia es legal
Sin embargo, estos grupos ocultan todo lo que se esconde detrás de la eutanasia y del suicidio asistido y del que hay numerosos testimonios en otros países en las que ya se aplica desde hace años como Bélgica, Holanda o  más recientemente Canadá.
Por ello, este martes la asociación Provita Onlus organizó un congreso en el que quería mostrar el verdadero rostro de estas leyes. Y para ello contó con el testimonio de la enfermera canadiense Kristina Hodggets, que durante 20 años provocó la muerte a pacientes mediante la deshidratación para que supuestamente tuvieran una “muerte digna”.
“He matado a personas”
“He matado a personas”, aseguraba en una pasada entrevista Kristina Hodgetts, que trabajó en un gran hospital de Ontario y en un hogar de ancianos de una zona rural. El modo como los trabajadores sanitarios intentaban agilizar injustamente la muerte de determinados pacientes hizo que se planteara: “¿Estamos ayudando a la gente a morir o estamos haciendo que la gente muera?”.
“Estábamos haciendo que muriera porque era lo que nos convenía”
, declara Hodgetts. “Dejé mi trabajo porque no podía formar parte de esta cultura eutanásica”. “Hay algo que está mal, fundamentalmente, en la eliminación de la vida de otro ser humano”, dice. “Te han confiado su vida y tú se la quitas”, aseguraba.
Ahora es una activista provida
Ahora ella es vicepresidente de la Coalición para la Prevención de la Eutanasia pero tardó años en darse cuenta del engaño en el que vivían y el mal que realmente estaban infringiendo.
Hodggets se hizo enfermera con el propósito de salvar todas las vidas que pudiera pero en el hogar de ancianos donde también había muchos enfermos crónicos experimentó el horror. Con la “excusa de reducir el dolor” empezaron de manera gradual a dejar morir a estos enfermos provocando su muerte por hambre y sed hasta que estas prácticas se convirtieron en una rutina.
El caso que le hizo abrir los ojos
Esta enfermera recordó en su conferencia en Italia el caso que la marcó especialmente y que hizo que se diera cuenta de lo que realmente estaba sucediendo. Era el de una anciana hospitalizada y con una salud especialmente débil pero ella seguía viviendo. Sin embargo, el médico ordenó que se le retirara el agua y la alimentación y se le suministrara morfina para que muriera y así dejara de sufrir.
Sin embargo, esta anciana luchaba por su vida y tres días después seguía viva. Los enfermeros se dieron cuenta que la mujer se afanaba en chupar las gotas de agua de la esponja con que la limpiaban la cara. No quería morir.
“¿Qué estamos haciendo?”, se preguntó un compañero de Hoddgets, y esta pregunta le traspasó también a ella el alma. Finalmente, la mujer tardó nueve días en morir cuando el supuesto objetivo era evitarle el sufrimiento.
Despedida por cuestionar que se acabara así con la vida de los pacientes
Con este caso se le abrieron los ojos y pronto observó que se le presentaba otro en el que el paciente era la víctima de los que deberían ser sus cuidadores. Le tocó asistir a la lenta y dolorosa agonía de una mujer a la que le había dado un derrame cerebral y al que los médicos decidieron igualmente retirarle toda alimentación pese a la oposición de su hija ya que su hermano, único fiduciario, así lo quería.
Ante esta situación, Kristina Hodggets acudió a una reunión de la dirección de la clínica y cuestionó la obligatoriedad de tener que cumplir órdenes que supongan matar a un paciente. Salió de esa reunión con el despido bajo el brazo y la paciente a la que defendió moriría poco después, ante una destrozada hija, de una manera agónica y con los pulmones inundados de morfina.
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Hodggets afirma que ante situaciones extremas “se manifiesta un fuerte deseo natural de vivir”
De enfermera a paciente
Tras su despido, esta enfermera canadiense pasó de enfermera a paciente y tras un derrame cerebral quedó en coma. Experimentaba lo mismo que la mujer a la que vio morir. Estuvo once días en estado crítico y sólo la fuerte oposición de su marido impidió que ella misma fuera víctima más a la que retiraran la alimentación para dejarla morir. Finalmente despertó y aunque le han quedado secuelas se ha convertido en una importante activista a favor de la vida y por ello decidió a ir a Italia, donde el Senado tiene que refrendar una ley que aprueba lo que ella mismo realizó durante años y que no era otra cosa que matar personas.
La eutanasia, en ningún caso
“La paradoja de esta ley –aseguraba Hodggets en Roma- se revela frente a un concepto tan simple como irrefutable: nadie tiene una bola de cristal para saber de antemano cómo reaccionar ante una enfermedad o discapacidad. Muy a menudo, cuando uno se encuentra en estas situaciones extremas, la perspectiva cambia y se manifiesta un fuerte deseo natural de vivir. ¿Cómo se puede confiar a un trozo de papel el futuro a largo plazo?”.
Preguntada en la conferencia si como profesional del ámbito de la salud hay al menos un caso en el que ella estuviera a favor de la eutanasia o el suicidio asistido, su respuesta fue clara: No. “No a cualquier ley que permita a los médicos retirar la comida y el agua a los pacientes. Si se abre una puerta, la muerte se extenderá; no deben haber leyes que pisoteen el sagrado derecho a vivir y morir de muerte natural: el dolor físico, social y espiritual pueden calmarse y superarse”.

Ignacio Echevarría, un joven de Madrid que murió por salvar a una mujer en el atentado de Londres

Ignacio Echeverría, mártir por la paz

 

Cristina Casals Massó

Esplugues de Llobregat

Es verdad que la palabra ‘mártir’ no está de moda. Pienso que se le podría atribuir a Ignacio Echevarría, que fue víctima de un ataque mortal por defender a una mujer que estaba siendo apuñalada. La actitud de este joven es sorprendente y muy aplaudible. Mientras sus amigos en la confusión tuvieron que huir, cosa normal en estos casos, y no por ello criticable, él se enfrentó como un héroe.

El haber propinado una paliza con el monopatín a uno de los terroristas llevó a entretener a los otros de no poder matar a más personas. Deseo felicitar a su familia, especialmente a sus padres, también dándoles todo mi consuelo y mis oraciones, quienes le educaron en la libertad y en el amor al prójimo. Es verdad que el sentimiento de pérdida es muy fuerte, pero abogaría por una cruz al mérito de Ignacio, en defensa de la paz. Espero que el Gobierno español se anticipe a esta pretensión.

http://www.elperiodico.com/es/entre-todos/participacion/ignacio-martir-por-paz-129820#

Santa Misa con el rito de canonización de los beatos Francisco Marto y Jacinta Marto

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

en español:

«Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida del sol», dice el vidente de Patmos en el Apocalipsis (12,1), señalando además que ella estaba a punto de dar a luz a un hijo. Después, en el Evangelio, hemos escuchado cómo Jesús le dice al discípulo: «Ahí tienes a tu madre» (Jn 19,27). Tenemos una Madre, una «Señora muy bella», comentaban entre ellos los videntes de Fátima mientras regresaban a casa, en aquel bendito 13 de mayo de hace cien años. Y, por la noche, Jacinta no pudo contenerse y reveló el secreto a su madre: «Hoy he visto a la Virgen». Habían visto a la Madre del cielo. En la estela de luz que seguían con sus ojos, se posaron los ojos de muchos, pero…estos no la vieron. La Virgen Madre no vino aquí para que nosotros la viéramos: para esto tendremos toda la eternidad, a condición de que vayamos al cielo, por supuesto.

Pero ella, previendo y advirtiéndonos sobre el peligro del infierno al que nos lleva una vida ―a menudo propuesta e impuesta― sin Dios y que profana a Dios en sus criaturas, vino a recordarnos la Luz de Dios que mora en nosotros y nos cubre, porque, como hemos escuchado en la primera lectura, «fue arrebatado su hijo junto a Dios» (Ap 12,5). Y, según las palabras de Lucía, los tres privilegiados se encontraban dentro de la Luz de Dios que la Virgen irradiaba. Ella los rodeaba con el manto de Luz que Dios le había dado. Según el creer y el sentir de muchos peregrinos —por no decir de todos—, Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre, tanto aquí como en cualquier otra parte de la tierra, cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle, como enseña la Salve Regina, «muéstranos a Jesús».

Queridos Peregrinos, tenemos una Madre, tenemos una Madre! Aferrándonos a ella como hijos, vivamos de la esperanza que se apoya en Jesús, porque, como hemos escuchado en la segunda lectura, «los que reciben a raudales el don gratuito de la justificación reinarán en la vida gracias a uno solo, Jesucristo» (Rm 5,17). Cuando Jesús subió al cielo, llevó junto al Padre celeste a la humanidad ―nuestra humanidad― que había asumido en el seno de la Virgen Madre, y que nunca dejará. Como un ancla, fijemos nuestra esperanza en esa humanidad colocada en el cielo a la derecha del Padre (cf. Ef 2,6). Que esta esperanza sea el impulso de nuestra vida. Una esperanza que nos sostenga siempre, hasta el último suspiro.

Con esta esperanza, nos hemos reunido aquí para dar gracias por las innumerables bendiciones que el Cielo ha derramado en estos cien años, y que han transcurrido bajo el manto de Luz que la Virgen, desde este Portugal rico en esperanza, ha extendido hasta los cuatro ángulos de la tierra. Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a «Jesús oculto» en el Sagrario.

En sus Memorias (III, n.6), sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: «¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?». Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas. Bajo su manto, no se pierden; de sus brazos vendrá la esperanza y la paz que necesitan y que yo suplico para todos mis hermanos en el bautismo y en la humanidad, en particular para los enfermos y los discapacitados, los encarcelados y los desocupados, los pobres y los abandonados. Queridos hermanos: pidamos a Dios, con la esperanza de que nos escuchen los hombres, y dirijámonos a los hombres, con la certeza de que Dios nos ayuda.

En efecto, él nos ha creado como una esperanza para los demás, una esperanza real y realizable en el estado de vida de cada uno. Al «pedir» y «exigir» de cada uno de nosotros el cumplimiento de los compromisos del propio estado (Carta de sor Lucía, 28 de febrero de 1943), el cielo activa aquí una auténtica y precisa movilización general contra esa indiferencia que nos enfría el corazón y agrava nuestra miopía. No queremos ser una esperanza abortada. La vida sólo puede sobrevivir gracias a la generosidad de otra vida. «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24): lo ha dicho y lo ha hecho el Señor, que siempre nos precede. Cuando pasamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. De este modo, no subimos a la cruz para encontrar a Jesús, sino que ha sido él el que se ha humillado y ha bajado hasta la cruz para encontrarnos a nosotros y, en nosotros, vencer las tinieblas del mal y llevarnos a la luz.

Que, con la protección de María, seamos en el mundo centinelas que sepan contemplar el verdadero rostro de Jesús Salvador, que brilla en la Pascua, y descubramos de nuevo el rostro joven y hermoso de la Iglesia, que resplandece cuando es misionera, acogedora, libre, fiel, pobre de medios y rica de amor.


Saludo del Santo Padre a los enfermos al final de la Misa

Queridos hermanos y hermanas enfermos.

Como dije en la homilía, el Señor nos precede siempre: cuando atravesamos por alguna cruz, él ya ha pasado antes. En su Pasión, cargó con nuestros sufrimientos. Jesús sabe lo que significa el sufrimiento, nos comprende, nos consuela y nos da fuerza, como hizo con san Francisco Marto y santa Jacinta, y con los santos de todas las épocas y lugares. Pienso en el apóstol Pedro, en cómo la Iglesia entera rezaba por él mientras estaba encadenado en la prisión de Jerusalén. Y el Señor lo consoló. Este es el misterio de la Iglesia: la Iglesia pide al Señor que consuele a los afligidos y él os consuela, incluso de manera oculta; os consuela en la intimidad del corazón y os consuela dándoos fortaleza.

Queridos peregrinos, ante nuestros ojos tenemos a Jesús invisible pero presente en la Eucaristía, así como tenemos a Jesús oculto pero presente en las llagas de nuestros hermanos y hermanas enfermos y atribulados. En el altar, adoramos la carne de Jesús; en ellos, descubrimos las llagas de Jesús. El cristiano adora a Jesús, el cristiano busca a Jesús, el cristiano sabe reconocer las llagas de Jesús. Hoy, la Virgen María nos repite a todos nosotros la pregunta que hizo, hace cien años, a los pastorcillos: «¿Queréis ofreceros a Dios?». La respuesta: «¡Sí, queremos!», nos ofrece la oportunidad de entender e imitar su vida. Ellos la vivieron con todo lo que conlleva de alegría y sufrimiento, en una actitud de ofrecimiento al Señor.

Queridos enfermos, vivid vuestra vida como una gracia y decidle a Nuestra Señora, como los pastorcillos, que queréis ofreceros a Dios con todo el corazón. No os consideréis solamente como unos destinatarios de la solidaridad caritativa, sino sentíos partícipes a pleno título de la vida y misión de la Iglesia. Vuestra presencia silenciosa, pero más elocuente que muchas palabras, vuestra oración, el ofrecimiento diario de vuestros sufrimientos, en unión con los de Jesús crucificado por la salvación del mundo, la aceptación paciente y hasta alegre de vuestra condición son un recurso espiritual, un patrimonio para toda comunidad cristiana. No tengáis vergüenza de ser un tesoro valioso de la Iglesia.

Jesús va a pasar cerca de vosotros en el Santísimo Sacramento para manifestaros su cercanía y su amor. Confiadle vuestro dolor, vuestros sufrimientos, vuestro cansancio. Contad con la oración de la Iglesia que, por vosotros y con vosotros, se eleva al cielo desde todas partes. Dios es Padre y nunca os olvida.

Bendición de las velas desde la Capilla de las apariciones

 

SALUDO DEL SANTO PADRE

Queridos peregrinos de María y con María:

Gracias por recibirme entre vosotros y uniros a mí en esta peregrinación vivida en la esperanza y en la paz. Desde ahora, deseo asegurar a los que os habéis unidos a mí, aquí o en cualquier otro lugar, que os llevo en mi corazón. Siento que Jesús os ha confiado a mí (cf. Jn 21,15-17), y a todos os abrazo y os confío a Jesús, «especialmente a los más necesitados» —como la Virgen nos enseñó a pedir (Aparición, julio de 1917)—. Que ella, madre tierna y solícita con todos los necesitados, les obtenga la bendición del Señor. Que, sobre cada uno de los desheredados e infelices, a los que se les ha robado el presente, de los excluidos y abandonados a los que se les niega el futuro, de los huérfanos y las víctimas de la injusticia a los que no se les permite tener un pasado, descienda la bendición de Dios encarnada en Jesucristo: «El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz» (Nm 6,24-26).

Esta bendición se cumplió plenamente en la Virgen María, puesto que ninguna otra criatura ha visto brillar sobre sí el rostro de Dios como ella, que dio un rostro humano al Hijo del Padre eterno; a quien podemos ahora contemplar en los sucesivos momentos gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos de su vida, como recordamos en el rezo del Rosario. Con Cristo y María, permanezcamos en Dios. En efecto, «si queremos ser cristianos, tenemos que ser marianos, es decir, hay que reconocer la relación esencial, vital y providencial que une a la Virgen con Jesús, y que nos abre el camino que nos lleva a él» (Pablo VI, Homilía en el Santuario de Nuestra Señora de Bonaria, Cagliari, 24 abril 1970). De este modo, cada vez que recitamos el Rosario, en este lugar bendito o en cualquier otro lugar, el Evangelio prosigue su camino en la vida de cada uno, de las familias, de los pueblos y del mundo.

Peregrinos con María… ¿Qué María? ¿Una maestra de vida espiritual, la primera que siguió a Cristo por el «camino estrecho» de la cruz dándonos ejemplo, o más bien una Señora «inalcanzable» y por tanto inimitable? ¿La «Bienaventurada porque ha creído» siempre y en todo momento en la palabra divina (cf. Lc 1,45), o más bien una «santita», a la que se acude para conseguir gracias baratas? ¿La Virgen María del Evangelio, venerada por la Iglesia orante, o más bien una María retratada por sensibilidades subjetivas, como deteniendo el brazo justiciero de Dios listo para castigar: una María mejor que Cristo, considerado como juez implacable; más misericordiosa que el Cordero que se ha inmolado por nosotros?

Cometemos una gran injusticia contra Dios y su gracia cuando afirmamos en primer lugar que los pecados son castigados por su juicio, sin anteponer —como enseña el Evangelio— que son perdonados por su misericordia. Hay que anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios siempre se realiza a la luz de su misericordia. Por supuesto, la misericordia de Dios no niega la justicia, porque Jesús cargó sobre sí las consecuencias de nuestro pecado junto con su castigo conveniente. Él no negó el pecado, pero pagó por nosotros en la cruz. Y así, por la fe que nos une a la cruz de Cristo, quedamos libres de nuestros pecados; dejemos de lado cualquier clase de miedo y temor, porque eso no es propio de quien se siente amado (cf. 1 Jn 4,18). «Cada vez que miramos a María volvemos a creer en lo revolucionario de la ternura y del cariño. En ella vemos que la humildad y la ternura no son virtudes de los débiles sino de los fuertes, que no necesitan maltratar a otros para sentirse importantes. […] Esta dinámica de justicia y ternura, de contemplar y caminar hacia los demás, es lo que hace de ella un modelo eclesial para la evangelización» (Exhort. Ap. Evangelii gaudium, 288). Que seamos, con María, signo y sacramento de la misericordia de Dios que siempre perdona, perdona todo.

Llevados de la mano de la Virgen Madre y ante su mirada, podemos cantar con alegría las misericordias del Señor. Podemos decir: Mi alma te canta, oh Señor. La misericordia que tuviste con todos tus santos y con todo tu pueblo fiel la tuviste también conmigo. Oh Señor, por culpa del orgullo de mi corazón, he vivido distraído siguiendo mis ambiciones e intereses, pero sin conseguir ocupar ningún trono. La única manera de ser exaltado es que tu Madre me tome en brazos, me cubra con su manto y me ponga junto a tu corazón. Que así sea.