Ángelus del Papa Francisco, 2 Domingo Cuaresma, Transfiguración

Queridos hermanos y hermanas, buenos días:

Hoy, el Evangelio nos presenta el evento de la Transfiguración. Es la segunda etapa del camino cuaresmal: la primera, las tentaciones en el desierto, y la segunda: la Transfiguración. Jesús «tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17, 1).

La montaña representa el lugar de la cercanía con Dios y del encuentro íntimo con Él; el lugar de la oración, donde estar ante la presencia del Señor. Allá arriba en la montaña, Jesús se presenta a los tres discípulos transfigurado, luminoso; y luego aparecen Moisés y Elías, conversando con Él. Su rostro es tan resplandeciente y sus vestiduras tan blancas, que Pedro queda deslumbrado hasta querer quedarse allí, casi como para detener ese momento. Pero enseguida resuena desde lo alto la voz del Padre que proclama a Jesús como su Hijo muy querido, diciendo: «Escúchenlo» (v. 5).

Es muy importante esta invitación del Padre. Nosotros, los discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras. Para escuchar a Jesús, tenemos que seguirlo, tal como hacían las multitudes en el Evangelio, que lo reconocían por las calles de Palestina. Jesús no tenía una cátedra o un púlpito fijos, sino que era un maestro itinerante, que proponía sus enseñanzas a lo largo de las calles, recorriendo distancias no siempre previsibles y, a veces algo incómodas.

De este episodio de la Transfiguración, quisiera señalar dos elementos significativos, que sintetizo en dos palabras: subida y bajada. Tenemos necesidad de apartarnos en un espacio de silencio – de subir a la montaña – para reencontrarnos con nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor.

¡Pero no podemos quedarnos ahí! El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a «bajar de la montaña» y a volver hacia abajo, a la llanura, donde nos encontramos con muchos hermanos abrumados por fatigas, injusticias, pobreza material y espiritual. A estos hermanos nuestros que están en dificultad, estamos llamados a brindarles los frutos de la experiencia que hemos vivido con Dios, compartiendo con ellos los tesoros de la gracia recibida. Pero, si no hemos estado con Dios, si nuestro corazón no ha sido consolado ¿cómo podremos consolar a otros?

Esta misión concierne a toda la Iglesia y es responsabilidad en primer lugar de los Pastores – obispos y sacerdotes – llamados a sumergirse en medio de las necesidades del Pueblo de Dios, acercándose con afecto y ternura, especialmente a los más débiles y pequeños, a los últimos. Pero para cumplir con alegría y disponibilidad esta obra pastoral, los Obispos y los sacerdotes necesitan las oraciones de toda la comunidad cristiana.

Dirijámonos ahora a nuestra Madre María, y encomendémonos a su guía para proseguir con fe y generosidad el itinerario de la Cuaresma, aprendiendo un poco más a «subir» con la oración y a «bajar» con la caridad fraterna.

AÑO DE SAN JOSÉ – YEAR OF SAN JOSE

El Papa Francisco ha querido que el año 2021 esté dedicado a san José. Para ello ha escrito una Carta Apostólica “Patris Corde” que nos invita a meditar sobre su vida y a tratarle con más cercanía.

Han surgido así iniciativas para mejorar y/o aumentar su trato. Se proponen cada semana hasta el 19 de marzo 3 puntos que nos ayuden a tratar al padre de Jesús y esposo de María: devociones, comentarios a cada capítulo de la carta apostólica Patris Corde y libros o textos que puedan ayudar.

Se incluye aquí la primera semana. Para poder recibir los textos hay que solicitarlo por email dando el nombre y apellido: josedenazareth2021@gmail.com

Pope Francis wanted the year 2021 to be dedicated to Saint Joseph. For this he has written an Apostolic Letter “Patris Corde” that invites us to meditate on his life and to treat him more closely.
Initiatives have thus arisen to improve and / or increase their treatment. Each week until March 19, 3 points are proposed to help us treat the father of Jesus and husband of Mary: devotions, comments on each chapter of the Apostolic Letter Patris Corde and books or texts that can help. The first week is included here. In order to receive the texts, you must request it by email giving the name and surname: josedenazareth2021@gmail.com

Un joven con discapacidad intelectual hace el Camino de Santiago junto a su padre y un amigo. Escribe al Papa para explicarle su experiencia

Álvaro Calvente, un joven malagueño con discapacidad intelectual terminó hace unos días su peregrinación a Santiago de Compostela junto a su padre y un amigoÁlvaro Calvente, el joven malagueño con discapacidad intelectual en su peregrinación a Santiago de Compostela junto a su padre y a un amigo | Foto: Su cuenta de Twitter

Álvaro Calvente, el joven malagueño con discapacidad intelectual en su peregrinación a Santiago de Compostela junto a su padre y a un amigo | Foto: Su cuenta de Twitter21 JUL 2020 21:47H MADRID

El papa Francisco ha escrito una carta a Álvaro Calvente, un joven malagueño con discapacidad intelectual que terminó hace unos días su peregrinación a Santiago de Compostela junto a su padre y a un amigo de la familia.

Según informaron el obispado de Málaga y el entorno del joven, el peregrino ha recibido una carta firmada “de puño y letra” por Francisco en la que éste le da las gracias por el testimonio de su viaje que ha compartido con personas de todo el mundo a través de su cuenta en Twitter ‘@CaminodeÁlvaro’.

“En medio de la pandemia que nos toca vivir, con tu sencillez, alegría y simplicidad fuiste capaz de poner en movimiento la esperanza de muchas de las personas que te cruzaste en el camino o por las redes sociales”, puede leerse en la misiva.

El texto responde a la carta que envió el padre de Álvaro al pontífice y se hace eco de cómo en sus mochilas no cargaban sólo sus intenciones y preocupaciones, “sino que también muchas personas ‘se les sumaron’ a la peregrinación pidiéndoles oraciones”.

“Gracias Álvaro por animarte a caminar e invitar a muchos a caminar contigo. En medio de la pandemia que nos toca vivir, con tu sencillez, alegría y simplicidad fuiste capaz de poner en movimiento la esperanza de muchas de las personas que te cruzaste en el camino o por las redes sociales”, refiere.

“Peregrinaste vos e hiciste peregrinar a muchos alentándolos a no tener miedo y a recuperar la alegría porque en el camino nunca vamos solos. El Señor camina siempre a nuestro lado. Gracias por vuestro testimonio y oraciones”, continúa Francisco.

El Papa cierra sus líneas deseándole al joven con discapacidad: “Que el Señor te bendiga y la Virgen del Carmen te cubra con su manto. Saludos a tus padres y hermanos; y por favor, no te olvides de rezar y hacer rezar por mí. Fraternalmente. Francisco”.

Centenario del nacimiento de San Juan Pablo II

Juan Pablo II y el cardenal Bergoglio, Consistorio de 2001

Francisco: San Juan Pablo II siga intercediendo por la paz en el mundo

En los saludos, tras el rezo del Regina Coeli, Francisco recordó, ante todo, el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II y rogó que desde el Cielo “él siga intercediendo por el Pueblo de Dios y por la paz en el mundo”.

Ciudad del Vaticano

Afecto y gratitud expresó el Papa Francisco al recordar que mañana se celebra el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II, en Wadowice, Polonia. Tras el rezo del Regina Coeli el Papa anunció que mañana por la mañana, a las 7 de la mañana, celebrará la Santa Misa – que será transmitida a través de Mundovisión – en el altar donde descansan sus restos mortales.

“Que desde el Cielo – rogó Francisco– él siga intercediendo por el Pueblo de Dios y por la paz en el mundo”

También recordó que en el mes de mayo, es tradicional en muchas parroquias celebrar las Misas de Primera Comunión, un “hermoso momento de fe y de fiesta”, dijo, que ha sido pospuesto a causa de la pandemia. Por ese motivo envió un pensamiento afectuoso “a los niños y a las niñas que habrían tenido que recibir la Eucaristía por primera vez”.

Antes de despedirse, pidiendo que no nos olvidemos de rezar por él, invitó a los fieles a vivir este tiempo de espera “como una oportunidad para prepararse mejor”: “rezando, leyendo el libro de catecismo para profundizar en el conocimiento de Jesús, creciendo en la bondad y en el servicio a los demás”. “¡Buen camino!”, animó.

 

El Papa celebró una misa en honor a San Juan Pablo II.

EL PAPA pide que recemos el ROSARIO cada día en MAYO

Para ello he creado unos youtube’s con los Misterios del Rosario que pueden hacer más fácil rezarlo en familia o solo, en este confinamiento.

Misterios de Gozo:

Misterios de Dolor:

Misterios de Gloria:

Misterios de Luz:

DOMINGO DE RESURRECCIÓN y BENDICIÓN UTBI ET ORBI

El Papa pide a todos los gobiernos del mundo que actúe en equipo para frenar la pandemia y curar a los enfermos.


Urbi et Orbi: Pope asks world collaboration to “save lives”

Siria: de la guerra al coronavirus

El Papa también se compromete a ayudar a los refugiados que llegan por el mar

Papa, a ONG que socorre refugiados en mar: “Estoy a disposición siempre. Contad conmigo”

Contact: Ayuda Mediterranea

 

UN EXAMEN DE CONCIENCIA COMPLETO PARA JÓVENES

Algunos habéis pedido un examen de conciencia que sea completo para preparar bien la Cuaresma y la Semana Santa.

Resultado de imagen de jovenes con el papa

Está dirigido a jóvenes estudiantes o que trabajen, que aún no se han casado. En el caso de que estés casada o casado, se debería añadir la parte correspondiente a las obligaciones en un matrimonio que hacer referencia a esas relaciones en que ha de haber generosidad, amor y perdón. Además de estar abiertos a recibir nuevas vidas.

EXAMEN DE CONCIENCIA

1. ¿Creo todo lo que Dios ha revelado y nos enseña la Iglesia Católica? ¿He dudado o negado las verdades de la fe católica? ¿Doy testimonio de Él? ¿Tengo en El una fe y una confianza firme y completa?

2. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde mi última confesión bien hecha? ¿Olvidé confesar algún pecado grave?

3. ¿Me he desesperado, llegando a dudar de la bondad de Dios, de su justicia, de sus promesas y de su misericordia? ¿He tentado a Dios, o sea que lo he puesto a prueba, dudando de su palabra, o de su obra, o de su bondad, o de su omnipotencia, o de su amor o poder?

4. ¿He sido indiferente, despreciando la acción y la fuerza de Dios en mi vida? ¿Hago con desgana las cosas que se refieren a Dios? ¿Cuido de formarme para conocer mejor la fe? ¿Me acuerdo del Señor a lo largo del día? ¿Rezo en algún momento de la jornada? ¿He procurado ofrecerle el trabajo o estudio y darle gracias en oración al levantarme y al acostarme?
¿He hecho las cosas que requieren sacrificio, – con verdadero amor – y ofreciéndoselas al Señor?

5. ¿He tomado el nombre de Dios en vano o he blasfemado? ¿He jurado sin necesidad o sin verdad? ¿He mostrado falta de respeto por las personas, lugares o cosas santas? ¿He hecho espiritismo o he confiado en adivinos, supersticiones, hechicerías, etc.?

6. ¿He faltado voluntariamente a Misa algún domingo o día de precepto? ¿He recibido al Señor en la Sagrada Comunión teniendo algún pecado grave? ¿He cumplido los días de ayuno y abstinencia?

¿Me he distraído voluntariamente durante la Eucaristía, y/o he asistido físicamente, pero con el “corazón y la mente en otro lugar”? ¿He guardado la disposición del ayuno una hora antes del momento de comulgar?

7. ¿Hay cosas de mi vida actual o pasada que me pesan y que nunca he querido confesar por temor o vergüenza?

8. ¿Manifiesto respeto y cariño a mis padres y familiares? ¿Soy amable con los extraños y me falta esa amabilidad en la vida de familia? ¿Me he preocupado de la formación religiosa y moral de las personas que viven en mi casa o que dependen de mí? ¿He tenido un desordenado afán de independencia, que me lleva a recibir mal las indicaciones de mis padres, simplemente porque me lo mandan? ¿Me doy cuenta que esta reacción está causada por la soberbia?

9. ¿He dado mal ejemplo a las personas que me rodean? ¿He tenido malas contestaciones, impaciencia o celos? ¿Me he enfadado? ¿He albergado rencores o he estado poco dispuesta a perdonar? ¿Les corrijo con cólera o injustamente?

10. ¿Contribuyo con mi palabra o mi silencio a las críticas y a la murmuración? ¿He hecho daño a otros de palabra o de obra? ¿He pedido perdón? ¿He juzgado sin tener suficientes datos sobre la actitud de la otra persona?

11. ¿Procuro trabajar/estudiar bien, con profesionalidad, buscando mi santidad? ¿Permito que mi trabajo o estudio ocupe tiempo y energías que corresponden a mi familia y/o amigos?

12 ¿Sé servir a los demás? ¿Cuido especialmente a los enfermos, mayores o más necesitados? ¿Doy de mi tiempo a otros cuando lo necesitan?

13. ¿Me he embriagado, bebido con exceso o tomado drogas? ¿He descuidado mi salud? ¿He sido imprudente en la conducción de vehículos?

14. ¿He sido perezoso en el cumplimiento de mis deberes? ¿Retraso con frecuencia el momento de levantarme, ponerme a estudiar o trabajar? ¿Tengo dependencia o adicción en el uso de las redes sociales o la televisión?. Antes de asistir a un espectáculo o de leer un libro, ¿procuro enterarme de su calificación moral?

15. ¿He consentido pensamientos o deseos impuros? ¿He faltado a la castidad por lujuria? (deseo o goce desordenado del placer sexual) ¿Por masturbación? ¿Por pornografía? (actores, comerciantes, publico)? ¿Hago uso de anticonceptivos?

16. ¿Me pongo en ocasión de ofender a Dios dejándome llevar por la curiosidad y la sensualidad al utilizar internet? ¿He sido causa de que otros pecasen por mi conversación, mi modo de vestir, mi asistencia a algún espectáculo? ¿He tratado de reparar el escándalo?

17. ¿Procuro rodearme de personas que no me inciten a ambientes impuros y a cometer actos impuros?

18. ¿He dicho siempre la verdad? ¿He dicho mentiras con la intención de engañar? ¿He dañado la reputación de alguien, con actitudes o palabras injustas? ¿He faltado contra la verdad por vanagloria o jactancia; o por ironía?

¿He escuchado conversaciones contra la voluntad de los que la mantenían? ¿He abierto o leído correspondencia u otros escritos contra la voluntad de sus dueños? ¿He hablado mal de los demás; con el pretexto de que me contaron o de que se dice por ahí?

19. ¿He robado o engañado a alguien? ¿En su caso, he restituido o reparado? ¿He malgastado el dinero innecesariamente? ¿Doy limosna según mi posición? ¿Cumplo las leyes y pago los impuestos?

20. ¿He codiciado o deseado enfermizamente los bienes ajenos? ¿He caído en la avaricia, o sea la pasión inmoderada por las riquezas materiales, y el poder sobre ellas?
¿He sentido envidia, o sea, he sentido como “tristeza” ante el bien o el triunfo de los demás, y un deseo desordenado de poseer u obtener lo mismo, aunque sea en forma indebida?

21. ¿Me preocupo de influir –con naturalidad y sin respetos humanos– para hacer más cristiano el ambiente a mi alrededor? ¿Sé defender a Cristo y a la doctrina de la Iglesia? ¿Hago el propósito de plantearme más en serio mi formación cristiana y mis relaciones con Dios?

Crece enormemente la persecuación contra los cristianos

Se puede decir que 1 de cada 8 cristianos es perseguido por su fe. Hay más de 73 países del mundo donde se sufre persecución. En 11 de ellos de forma extrema.

One in eight Christians around the world experiences persecution

NAVIDAD 2019:Homilía del Papa Francisco en Misa de Nobebuena y Mensaje y Bendición Urbi et orbi

Homilía del Papa Francisco en Misa de Nobrebuena y Mensaje Urbi et orbe

«El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande» (Is 9,1). Esta profecía de la primera lectura se realizó en el Evangelio. De hecho, mientras los pastores velaban de noche en sus campos, «la gloria del Señor los envolvió de claridad» (Lc 2,9). En la noche de la tierra apareció una luz del cielo. ¿Qué significa esta luz surgida en la oscuridad? Nos lo sugiere el apóstol Pablo, que nos dijo: «Se ha manifestado la gracia de Dios». La gracia de Dios, «que trae la salvación para todos los hombres» (Tt 2,11), ha envuelto al mundo esta noche.

Pero, ¿qué es esta gracia? Es el amor divino, el amor que transforma la vida, renueva la historia, libera del mal, infunde paz y alegría. En esta noche, el amor de Dios se ha mostrado a nosotros: es Jesús. En Jesús, el Altísimo se hizo pequeño para ser amado por nosotros. En Jesús, Dios se hizo Niño, para dejarse abrazar por nosotros. Pero, podemos todavía preguntarnos, ¿por qué san Pablo llama “gracia” a la venida de Dios al mundo? Para decirnos que es completamente gratuita. Mientras que aquí en la tierra todo parece responder a la lógica de dar para tener, Dios llega gratis. Su amor no es negociable: no hemos hecho nada para merecerlo y nunca podremos recompensarlo.

Se ha manifestado la gracia de Dios. En esta noche nos damos cuenta de que, aunque no estábamos a la altura, Él se hizo pequeñez para nosotros; mientras andábamos ocupados en nuestros asuntos, Él vino entre nosotros. La Navidad nos recuerda que Dios sigue amando a cada hombre, incluso al peor. A mí, a ti, a cada uno de nosotros, Él nos dice hoy: “Te amo y siempre te amaré, eres precioso a mis ojos”. Dios no te ama porque piensas correctamente y te comportas bien; Él te ama y basta. Su amor es incondicional, no depende de ti. Puede que tengas ideas equivocadas, que hayas hecho de las tuyas; sin embargo, el Señor no deja de amarte. ¿Cuántas veces pensamos que Dios es bueno si nosotros somos buenos, y que nos castiga si somos malos? Pero no es así. Aun en nuestros pecados continúa amándonos. Su amor no cambia, no es quisquilloso; es fiel, es paciente. Este es el regalo que encontramos en Navidad: descubrimos con asombro que el Señor es toda la gratuidad posible, toda la ternura posible. Su gloria no nos deslumbra, su presencia no nos asusta. Nació pobre de todo, para conquistarnos con la riqueza de su amor.

Se ha manifestado la gracia de Dios.Gracia es sinónimo de belleza. En esta noche, redescubrimos en la belleza del amor de Dios, también nuestra belleza, porque somos los amados de Dios. En el bien y en el mal, en la salud y en la enfermedad, felices o tristes, a sus ojos nos vemos hermosos: no por lo que hacemos sino por lo que somos. Hay en nosotros una belleza indeleble, intangible; una belleza irreprimible que es el núcleo de nuestro ser. Dios nos lo recuerda hoy, tomando con amor nuestra humanidad y haciéndola suya, “desposándose con ella” para siempre.

De hecho, la «gran alegría» anunciada a los pastores esta noche es «para todo el pueblo». En aquellos pastores, que ciertamente no eran santos, también estamos nosotros, con nuestras flaquezas y debilidades. Así como los llamó a ellos, Dios también nos llama a nosotros, porque nos ama. Y, en las noches de la vida, a nosotros como a ellos nos dice: «No temáis» (Lc 2,10). ¡Ánimo, no hay que perder la confianza, no hay que perder la esperanza, no hay que pensar que amar es tiempo perdido! En esta noche, el amor venció al miedo, apareció una nueva esperanza, la luz amable de Dios venció la oscuridad de la arrogancia humana. ¡Humanidad, Dios te ama, se hizo hombre por ti, ya no estás sola!

Queridos hermanos y hermanas: ¿Qué hacer ante esta gracia? Una sola cosa: acoger el don. Antes de ir en busca de Dios, dejémonos buscar por Él, porque Él nos busca primero. No partamos de nuestras capacidades, sino de su gracia, porque Él es Jesús, el Salvador. Pongamos nuestra mirada en el Niño y dejémonos envolver por su ternura. Ya no tendremos más excusas para no dejarnos amar por Él: Lo que sale mal en la vida, lo que no funciona en la Iglesia, lo que no va bien en el mundo ya no será una justificación. Pasará a un segundo plano, porque frente al amor excesivo de Jesús, que es todo mansedumbre y cercanía, no hay excusas. La pregunta que surge en Navidad es: “¿Me dejo amar por Dios? ¿Me abandono a su amor que viene a salvarme?”.

Un regalo así, tan grande, merece mucha gratitud. Acoger la gracia es saber agradecer. Pero nuestras vidas a menudo transcurren lejos de la gratitud. Hoy es el día adecuado para acercarse al sagrario, al belén, al pesebre, para agradecer. Acojamos el don que es Jesús, para luego transformarnos en don como Jesús. Convertirse en don es dar sentido a la vida y es la mejor manera de cambiar el mundo: cambiamos nosotros, cambia la Iglesia, cambia la historia cuando comenzamos a no querer cambiar a los otros, sino a nosotros mismos, haciendo de nuestra vida un don.

Jesús nos lo manifiesta esta noche. No cambió la historia constriñendo a alguien o a fuerza de palabras, sino con el don de su vida. No esperó a que fuéramos buenos para amarnos, sino que se dio a nosotros gratuitamente. Tampoco nosotros podemos esperar que el prójimo cambie para hacerle el bien, que la Iglesia sea perfecta para amarla, que los demás nos tengan consideración para servirlos. Empecemos nosotros. Así es como se acoge el don de la gracia. Y la santidad no es sino custodiar esta gratuidad.

Una hermosa leyenda cuenta que, cuando Jesús nació, los pastores corrían hacia la gruta llevando muchos regalos. Cada uno llevaba lo que tenía: unos, el fruto de su trabajo, otros, algo de valor. Pero mientras todos los pastores se esforzaban, con generosidad, en llevar lo mejor, había uno que no tenía nada. Era muy pobre, no tenía nada que ofrecer. Y mientras los demás competían en presentar sus regalos, él se mantenía apartado, con vergüenza. En un determinado momento, san José y la Virgen se vieron en dificultad para recibir todos los regalos, muchos, sobre todo María, que debía tener en brazos al Niño. Entonces, viendo a aquel pastor con las manos vacías, le pidió que se acercara. Y le puso a Jesús en sus manos. El pastor, tomándolo, se dio cuenta de que había recibido lo que no se merecía, que tenía entre sus brazos el regalo más grande de la historia. Se miró las manos, y esas manos que le parecían siempre vacías se habían convertido en la cuna de Dios. Se sintió amado y, superando la vergüenza, comenzó a mostrar a Jesús a los otros, porque no podía sólo quedarse para él el regalo de los regalos.

Querido hermano, querida hermana: Si tus manos te parecen vacías, si ves tu corazón pobre en amor, esta noche es para ti. Se ha manifestado la gracia de Dios para resplandecer en tu vida. Acógela y brillará en ti la luz de la Navidad.

El Papa Francisco impartió la tradicional Bendición “Urbi et Orbi” (a la ciudad de Roma y al mundo) con motivo de la celebración de la Navidad este miércoles 25 de diciembre.

El Padre Francisco antes de pronunciar el Mensaje de Navidad. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

En su mensaje, el Santo Padre pidió “que Cristo sea luz para tantos niños que sufren la guerra y los conflictos en Oriente Medio y en diversos países del mundo. Que sea consuelo para el amado pueblo sirio, que todavía no ve el final de las hostilidades que han desgarrado el país en este decenio. Que remueva las conciencias de los hombres de buena voluntad”.  

A continuación, el texto completo del mensaje del Papa Francisco:

Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz Navidad!

En el seno de la madre Iglesia, esta noche ha nacido nuevamente el Hijo de Dios hecho hombre. Su nombre es Jesús, que significa Dios salva. El Padre, Amor eterno e infinito, lo envió al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo (cf. Jn 3,17).

El Padre lo dio con inmensa misericordia. Lo entregó para todos. Lo dio para siempre. Y Él nació como pequeña llama encendida en la oscuridad y en el frío de la noche.

Aquel Niño, nacido de la Virgen María, es la Palabra de Dios hecha carne. La Palabra que orientó el corazón y los pasos de Abrahán hacia la tierra prometida, y sigue atrayendo a quienes confían en las promesas de Dios. La Palabra que guio a los hebreos en el camino de la esclavitud a la libertad, y continúa llamando a los esclavos de todos los tiempos, también hoy, a salir de sus prisiones. Es Palabra, más luminosa que el sol, encarnada en un pequeño hijo del hombre, Jesús, luz del mundo.

Por esto el profeta exclama: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande» (Is 9,1). Sí, hay tinieblas en los corazones humanos, pero más grande es la luz de Cristo. Hay tinieblas en las relaciones personales, familiares, sociales, pero más grande es la luz de Cristo. Hay tinieblas en los conflictos económicos, geopolíticos y ecológicos, pero más grande es la luz de Cristo.

Que Cristo sea luz para tantos niños que sufren la guerra y los conflictos en Oriente Medio y en diversos países del mundo. Que sea consuelo para el amado pueblo sirio, que todavía no ve el final de las hostilidades que han desgarrado el país en este decenio. Que remueva las conciencias de los hombres de buena voluntad. Que inspire a los gobernantes y a la comunidad internacional para encontrar soluciones que garanticen la seguridad y la convivencia pacífica de los pueblos de la región y ponga fin a sus sufrimientos.

Que sea apoyo para el pueblo libanés, de este modo pueda salir de la crisis actual y descubra nuevamente su vocación de ser un mensaje de libertad y de armoniosa coexistencia para todos.

Que el Señor Jesús sea luz para la Tierra Santa donde Él nació, Salvador del mundo, y donde continúa la espera de tantos que, incluso en la fatiga, pero sin desesperarse, aguardan días de paz, de seguridad y de prosperidad. Que sea consolación para Irak, atravesado por tensiones sociales, y para Yemen, probado por una grave crisis humanitaria.

Que el pequeño Niño de Belén sea esperanza para todo el continente americano, donde diversas naciones están pasando un período de agitaciones sociales y políticas. Que reanime al querido pueblo venezolano, probado largamente por tensiones políticas y sociales, y no le haga faltar el auxilio que necesita. Que bendiga los esfuerzos de cuantos se están prodigando para favorecer la justicia y la reconciliación, y se desvelan para superar las diversas crisis y las numerosas formas de pobreza que ofenden la dignidad de cada persona.

Que el Redentor del mundo sea luz para la querida Ucrania, que aspira a soluciones concretas para alcanzar una paz duradera. Que el Señor recién nacido sea luz para los pueblos de África, donde perduran situaciones sociales y políticas que a menudo obligan a las personas a emigrar, privándolas de una casa y de una familia. Que haya paz para la población que vive en las regiones orientales de la República Democrática del Congo, martirizada por conflictos persistentes.

Que sea consuelo para cuantos son perseguidos a causa de su fe, especialmente los misioneros y los fieles secuestrados, y para cuantos caen víctimas de ataques por parte de grupos extremistas, sobre todo en Burkina Faso, Malí, Níger y Nigeria.

Que el Hijo de Dios, que bajó del cielo a la tierra, sea defensa y apoyo para cuantos, a causa de estas y otras injusticias, deben emigrar con la esperanza de una vida segura. La injusticia los obliga a atravesar desiertos y mares, transformados en cementerios. La injusticia los fuerza a sufrir abusos indecibles, esclavitudes de todo tipo y torturas en campos de detención inhumanos. La injusticia les niega lugares donde podrían tener la esperanza de una vida digna y les hace encontrar muros de indiferencia.

Que el Emmanuel sea luz para toda la humanidad herida. Que ablande nuestro corazón, a menudo endurecido y egoísta, y nos haga instrumentos de su amor. Que, a través de nuestros pobres rostros, regale su sonrisa a los niños de todo el mundo, especialmente a los abandonados y a los que han sufrido a causa de la violencia.

Que, a través de nuestros brazos débiles, vista a los pobres que no tienen con qué cubrirse, dé el pan a los hambrientos, cure a los enfermos. Que, por nuestra frágil compañía, esté cerca de las personas ancianas y solas, de los migrantes y de los marginados. Que, en este día de fiesta, conceda su ternura a todos, e ilumine las tinieblas de este mundo.

Acogimiento familiar

Una gran ayuda para la sociedad. Un planteamiento que pocos se hacen.

Arancha fue acogida cuando era una adolescente y pensaba que nadie la quería

ACOGIMIENTO FAMILIAR

“La familia de acogida me dio la posibilidad lo que no había tenido: el calor de hogar, personas que no se preocupaban por mí y el aprender esos valores para poder transmitirlos después”, cuenta Guillermo, que estuvo en acogida cuando era adolescente.

Como Arancha, que “sentía que nadie me quería y que algo hacía mal. Y de pronto encontré a alguien que me quería y se interesaba por una adolescente como yo”.

Los padres de acogida se sorprenden por la falta de rencor de los niños y por la manera en que aceptan naturalmente que tienen unos padres de acogida y unos padres biológicos.

Antonio anima a aquellos que quieren construir un mundo mejor que se comprometan con las iniciativas de acogimiento familiar con las que pueden hacer muchísimo bien por personas concretas. Niños que se sentirán queridos para que, con los años, adquieran la fuerza para volar después hacia la felicidad.