Ángelus del Papa Francisco, 2 Domingo Cuaresma, Transfiguración

Queridos hermanos y hermanas, buenos días:

Hoy, el Evangelio nos presenta el evento de la Transfiguración. Es la segunda etapa del camino cuaresmal: la primera, las tentaciones en el desierto, y la segunda: la Transfiguración. Jesús «tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17, 1).

La montaña representa el lugar de la cercanía con Dios y del encuentro íntimo con Él; el lugar de la oración, donde estar ante la presencia del Señor. Allá arriba en la montaña, Jesús se presenta a los tres discípulos transfigurado, luminoso; y luego aparecen Moisés y Elías, conversando con Él. Su rostro es tan resplandeciente y sus vestiduras tan blancas, que Pedro queda deslumbrado hasta querer quedarse allí, casi como para detener ese momento. Pero enseguida resuena desde lo alto la voz del Padre que proclama a Jesús como su Hijo muy querido, diciendo: «Escúchenlo» (v. 5).

Es muy importante esta invitación del Padre. Nosotros, los discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras. Para escuchar a Jesús, tenemos que seguirlo, tal como hacían las multitudes en el Evangelio, que lo reconocían por las calles de Palestina. Jesús no tenía una cátedra o un púlpito fijos, sino que era un maestro itinerante, que proponía sus enseñanzas a lo largo de las calles, recorriendo distancias no siempre previsibles y, a veces algo incómodas.

De este episodio de la Transfiguración, quisiera señalar dos elementos significativos, que sintetizo en dos palabras: subida y bajada. Tenemos necesidad de apartarnos en un espacio de silencio – de subir a la montaña – para reencontrarnos con nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor.

¡Pero no podemos quedarnos ahí! El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a «bajar de la montaña» y a volver hacia abajo, a la llanura, donde nos encontramos con muchos hermanos abrumados por fatigas, injusticias, pobreza material y espiritual. A estos hermanos nuestros que están en dificultad, estamos llamados a brindarles los frutos de la experiencia que hemos vivido con Dios, compartiendo con ellos los tesoros de la gracia recibida. Pero, si no hemos estado con Dios, si nuestro corazón no ha sido consolado ¿cómo podremos consolar a otros?

Esta misión concierne a toda la Iglesia y es responsabilidad en primer lugar de los Pastores – obispos y sacerdotes – llamados a sumergirse en medio de las necesidades del Pueblo de Dios, acercándose con afecto y ternura, especialmente a los más débiles y pequeños, a los últimos. Pero para cumplir con alegría y disponibilidad esta obra pastoral, los Obispos y los sacerdotes necesitan las oraciones de toda la comunidad cristiana.

Dirijámonos ahora a nuestra Madre María, y encomendémonos a su guía para proseguir con fe y generosidad el itinerario de la Cuaresma, aprendiendo un poco más a «subir» con la oración y a «bajar» con la caridad fraterna.

El grafitero que se convirtió en un famoso pediatra

Dr. Juan Tapia-Mendoza: De pequeño tuvo una vida muy difícil. Su padre les dejó, su madre trabajaba de la noche a la mañana, y él deambulaba por las calles saltándose las clases. Entró en una banda, pero no quiso llegar a las drogas. Su ilusión, ser médico, le llevó a dar lo que no había tenido a los niños necesitados de la zona más pobre de New York y a fomentar la profesión de médico entre ellos.

Juan Tapia-Mendoza nació en la República Dominicana. Su papá abandonó a su mamá cuando él tenía 2 años «y no lo volví a ver hasta que cumplí los 14». Emigraron a Estados Unidos y se instalaron en la ciudad de Nueva York. No podía imaginar entonces que iba a ser un famoso grafitero y posteriormente médico.

«Mi madre tenía que trabajar todo el día»

El niño creció entre otros migrantes: «Desde sexto curso comencé a faltar a la escuela. Nos quedábamos en casa de algún amigo y nuestras madres trabajaban todo el día. Mi madre se levantaba a las 5 o las 6 de la mañana y se iba a trabajar. Yo regresaba a casa cuando ella volvía del trabajo a las 11 de la noche».

Con la pandilla comenzó a ser grafitero

Juan recuerda que «en aquella época Nueva York era una ciudad muy violenta». Se introdujo, con los muchachos del barrio, en una pandilla del Alto Manhattan. Su «ganga», como él la llama, era la de los «Sauvage Nomads». Y él a su vez descubrió que le gustaba el grafiti: iba a ser «C.A.T. 87«.

Sin pretenderlo, Juan se convirtió en un chico respetado en los otros barrios por los grafitis que había ido dejando en Nueva York: en las paredes, en los vagones del metro neoyorquinoPEDIATRICS2000

Un prestigioso pediatra de la comunidad hispana

Al no ir a la escuela, era casi analfabeto, pero soñaba con ser médico. Y ocurrió que, aunque no disponía de historial académico, hacer grafitis hizo que se le considerara un joven altamente motivado y aquello le dio la posibilidad de acceder a la Universidad Central del Este, en Santo Domingo. Hoy es uno de los médicos pediatras más importantes de Nueva York. Fundó Pediatrics 2000, una clínica para niños desde la que ayuda a la comunidad hispana.

«Es importante que las mamás cuenten con médicos que hablan en su mismo idioma y conozcan su cultura», afirma el doctor.

Pediatrics 2000 tiene un aspecto singular: sus paredes están llenas de grafitis, porque él sabe bien que «es un modo de apartar a los muchachos de la droga y la cárcel». Él lo sabe bien: vio morir a más de diez amigos en la calle.

Su amigo Hugo Martínez fue quien promovió que a los jóvenes grafiteros se les considerara «muchachos altamente motivados que merecían atención porque querían hacer algo con su vida». Por eso emprendió con él un proyecto que unía la medicina con el arte.

La clínica, así, es también una galería de arte, un núcleo de convivenciasana en el barrio.

Su héroe es su madre

Tapia-Mendoza tiene hoy fama y prestigio, pero no olvida quién es su héroe: «Se lo debo todo a mi madre. Todos necesitamos un héroe, y ella es mi héroe».

En un documental de 14 minutos que lleva por título «El grafitero que se convirtió en médico», el hoy doctor Tapia-Mendoza explica cómo fueron aquellos duros comienzos como migrante en Nueva York y la bendición que supuso para él el mundo del grafiti. También habla de su madre, que llegó a hipotecar en dos ocasiones su casa para que Juan lograra sus sueños. «Siempre se ha sacrificado por sacar adelante la familia», afirma con agradecimiento.

Una vida lograda

Hoy el doctor Tapia-Mendoza es feliz viendo cómo puede ayudar a una comunidad tan grande de niños hispanos y a sus familias en Nueva York, y no solo cura la parte física de sus pacientes.

«El mayor orgullo que yo tengo -explica- es ver que niños que vinieron a la clínica son hoy médicos, ingenieros, abogados, maestros…» que dejaron de hacer cosas malas y tienen una vida lograda «y veo la satisfacción de los padres, que se sienten una comunidad».

El doctor Tapia forma parte de la red de médicos SOMOS, que atiende a las personas más vulnerables de Nueva York.

Concluye: «Cada noche, cuando me acuesto, le doy gracias a Dios y lo que digo es: ‘¡Sí, lo logré otra vez’!»

Cuaresma: intervenciones del Papa Francisco

Miércoles de ceniza 2021: https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-02/papa-miercoles-cenizas-volvamos-al-padre-hijo-y-espiritu-santo.html

Mensaje para Cuaresma 2021: https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2021/02/12/mens.html

https://press.vatican.va/content/salastampa/en/bollettino/pubblico/2021/02/12/210212a.html

El Papa Francisco celebró el día de la Epifanía tras salir del hospital por haber ingresado por una dolorosa ciática

Pope at Mass on Epiphany: Let’s set aside complaints and cast off dictatorship of the self

Homilía del Papa Francisco en el día de la Epifanía:

El evangelista Mateo subraya que los magos, cuando llegaron a Belén, «vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron» (Mt 2,11). Adorar al Señor no es fácil, no es un hecho inmediato: exige una cierta madurez espiritual, y es el punto de llegada de un camino interior, a veces largo. La actitud de adorar a Dios no es espontánea en nosotros. Sí, el ser humano necesita adorar, pero corre el riesgo de equivocar el objetivo. En efecto, si no adora a Dios adorará a los ídolos, no hay un punto intermedio, o Dios o los ídolos, para usar las palabras de un autor francés: ‘quien no adora a Dios, adora al diablo’ y en vez de creyente se volverá idólatra. Y esto es así.

En nuestra época es particularmente necesario que, tanto individual como comunitariamente, dediquemos más tiempo a la adoración, aprendiendo a contemplar al Señor cada vez mejor. Se ha pedido un poco el sentido de la adoración debemos retomarlo, sea comunitariamente que en la propia vida espiritual. 

Hoy, por lo tanto, pongámonos en la escuela de los magos, para aprender de ellos algunas enseñanzas útiles: como ellos, queremos ponernos de rodillas y adorar al Señor en serio.

De la liturgia de la Palabra de hoy entresacamos tres expresiones, que pueden ayudarnos a comprender mejor lo que significa ser adoradores del Señor. Estas expresiones son: “levantar la vista”, “ponerse en camino” y “ver”.

La primera expresión, levantar la vista, nos la ofrece el profeta Isaías. A la comunidad de Jerusalén, que acababa de volver del exilio y estaba abatida a causa de tantas dificultades, el profeta les dirige este fuerte llamado: «Levanta la vista en torno, mira» (60,4). Es una invitación a dejar de lado el cansancio y las quejas, a salir de las limitaciones de una perspectiva estrecha, a liberarse de la dictadura del propio yo, siempre inclinado a replegarse sobre sí mismo y sus propias preocupaciones. 

Para adorar al Señor es necesario ante todo “levantar la vista”, es decir, no dejarse atrapar por los fantasmas interiores que apagan la esperanza, y no hacer de los problemas y las dificultades el centro de nuestra existencia. Eso no significa que neguemos la realidad, fingiendo o creyendo que todo está bien. Se trata más bien de mirar de un modo nuevo los problemas y las angustias, sabiendo que el Señor conoce nuestras situaciones difíciles, escucha atentamente nuestras súplicas y no es indiferente a las lágrimas que derramamos.

Esta mirada que, a pesar de las vicisitudes de la vida, permanece confiada en el Señor, genera la gratitud filial. Cuando esto sucede, el corazón se abre a la adoración. Por el contrario, cuando fijamos la atención exclusivamente en los problemas, rechazando alzar los ojos a Dios, el miedo invade el corazón y lo desorienta, dando lugar a la rabia, al desconcierto, a la angustia y a la depresión. En estas condiciones es difícil adorar al Señor. Si esto ocurre, es necesario tener la valentía de romper el círculo de nuestras conclusiones obvias, con la conciencia de que la realidad es más grande que nuestros pensamientos. Levanta la vista en torno, mira: el Señor nos invita sobre todo a confiar en Él, porque cuida realmente de todos. Por tanto, si Dios viste tan bien la hierba, que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿cuánto más hará por nosotros? (cf. Lc 12,28). Si alzamos la mirada hacia el Señor, y contemplamos la realidad a su luz, descubriremos que Él no nos abandona jamás: «el Verbo se hizo carne» (Jn 1,14) y permanece siempre con nosotros, todos los días, siempre (cf. Mt 28,20).

Cuando elevamos los ojos a Dios, los problemas de la vida no desaparecen, pero sentimos que el Señor nos da la fuerza necesaria para afrontarlos. “Levantar la vista”, entonces, es el primer paso que nos dispone a la adoración. Se trata de la adoración del discípulo que ha descubierto en Dios una alegría nueva, distinta. La del mundo se basa en la posesión de bienes, en el éxito y en otras cosas por el estilo. Siempre yo al centro. La alegría del discípulo de Cristo, en cambio, tiene su fundamento en la fidelidad de Dios, cuyas promesas nunca fallan, a pesar de las situaciones de crisis en las que podamos encontrarnos. Y es ahí, entonces, que la gratitud filial y la alegría suscitan el anhelo de adorar al Señor, que es fiel y nunca nos deja solos.

La segunda expresión que nos puede ayudar es ponerse en camino. Antes de poder adorar al Niño nacido en Belén, los magos tuvieron que hacer un largo viaje. Escribe Mateo: «Unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”» (Mt 2,1-2). El viaje implica siempre una trasformación, un cambio. Después del viaje ya no somos como antes. En el que ha realizado un camino siempre hay algo nuevo: sus conocimientos se han ampliado, ha visto personas y cosas nuevas, ha experimentado el fortalecimiento de su voluntad al enfrentar las dificultades y los riesgos del trayecto. No se llega a adorar al Señor sin pasar antes a través de la maduración interior que nos da el ponernos en camino.

Llegamos a ser adoradores del Señor mediante un camino gradual. La experiencia nos enseña, por ejemplo, que una persona con cincuenta años vive la adoración con un espíritu distinto respecto a cuando tenía treinta. Quien se deja modelar por la gracia, normalmente, con el pasar del tiempo, mejora. El hombre exterior se va desmoronando —dice san Pablo—, mientras el hombre interior se renueva día a día (cf. 2 Co 4,16), preparándose para adorar al Señor cada vez mejor. 

Desde este punto de vista, los fracasos, las crisis y los errores pueden ser experiencias instructivas, no es raro que sirvan para hacernos caer en la cuenta de que sólo el Señor es digno de ser adorado, porque solamente Él satisface el deseo de vida y eternidad presente en lo íntimo de cada persona. Además, con el paso del tiempo, las pruebas y las fatigas de la vida —vividas en la fe— contribuyen a purificar el corazón, a hacerlo más humilde y por tanto más dispuesto a abrirse a Dios. También los pecados, la conciencia de ser pecadores… si tú lo recibes con fe, con contricción, te ayudará… en este viaje con el Señor para adorarlo mejor.

Como los magos, también nosotros debemos dejarnos instruir por el camino de la vida, marcado por las inevitables dificultades del viaje. No permitamos que los cansancios, las caídas y los fracasos nos empujen hacia el desaliento. Por el contrario, reconociéndolos con humildad, nos deben servir para avanzar hacia el Señor Jesús. La vida no es una demostración de habilidades, sino un viaje hacia Aquel que nos ama. Nosotros no debemos mostrar en cada paso de la vida la tarjeta de las virtudes que tenemos. Con humildad debemos dirigirnos hacia el Señor. Mirando al Señor, encontraremos la fuerza para seguir adelante con alegría renovada.

Y llegamos a la tercera expresión: ver. El evangelista escribe: «Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron» (Mt 2,11). La adoración era el homenaje reservado a los soberanos, a los grandes dignatarios. Los magos, en efecto, adoraron a Aquel que sabían que era el rey de los judíos (cf. Mt 2,2). Pero, de hecho, ¿qué fue lo que vieron? Vieron a un niño pobre con su madre. Y sin embargo estos sabios, llegados desde países lejanos, supieron trascender aquella escena tan humilde y corriente, reconociendo en aquel Niño la presencia de un soberano. Es decir, fueron capaces de “ver” más allá de la apariencia. Arrodillándose ante el Niño nacido en Belén, expresaron una adoración que era sobre todo interior: abrir los cofres que llevaban como regalo fue signo del ofrecimiento de sus corazones.

Para adorar al Señor es necesario “ver” más allá del velo de lo visible, que frecuentemente se revela engañoso. Herodes y los notables de Jerusalén representan la mundanidad, perennemente esclava de la apariencia, ven y no saben ver, no digo ven y no creen, es demasiado, no, no saben ver, porque su capacidad es exclava de la apariencia, están en busca de entretenimiento. La mundanidad sólo da valor a las cosas sensacionales, a las cosas que llaman la atención de la masa. En cambio, en los magos vemos una actitud distinta, que podríamos definir como realismo teologal. Una palabra demasiado alta, pero podemos decirlo así, realismo teologal. Este percibe con objetividad la realidad de las cosas, llegando finalmente a la comprensión de que Dios se aparta de cualquier ostentación. El Señor está en la humildad. El Señor es como aquel niño que huye de la ostentación, producto de la mundanidad. 

Este modo de “ver” que trasciende lo visible, hace que nosotros adoremos al Señor, a menudo escondido en las situaciones sencillas, en las personas humildes y marginales. Se trata pues de una mirada que, sin dejarse deslumbrar por los fuegos artificiales del exhibicionismo, busca en cada ocasión lo que no es fugaz, busca el Señor. Nosotros, por eso, como escribe el apóstol Pablo, «no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno» (2 Co 4,18).

Que el Señor Jesús nos haga verdaderos adoradores suyos, capaces de manifestar con la vida su designio de amor, que abraza a toda la humanidad. Pidamos la gracia para cada uno de nosotros y para toda la Iglesia de aprender a adorar, de continuar a adorar, la oración de adoración, que solo Dios es adorado.

Misa de Navidad: Homilía del Papa Francisco y mensaje en la bendición ‘Urbi et Orbi’

Misa Navidad Papa homilía

Homilía del Santo Padre

En esta noche se cumple la gran profecía de Isaías: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado” (Is 9,5).

Misa Navidad Papa homilía

Un hijo se nos ha dado. A menudo se oye decir que la mayor alegría de la vida es el nacimiento de un hijo. Es algo extraordinario, que lo cambia todo, que pone en movimiento energías impensables y nos hace superar la fatiga, la incomodidad y las noches de insomnio, porque trae una felicidad indescriptible, ante la cual ya nada pesa. La Navidad es así: el nacimiento de Jesús es la novedad que cada año nos permite nacer interiormente de nuevo y encontrar en Él la fuerza para afrontar cada prueba. Sí, porque su nacimiento es para nosotros: para mí, para ti, para todos. Para cada uno. Nace para mí, nace para nosotros. Para es la palabra que se repite en esta noche santa: “Un hijo se nos ha dado para nosotros”, ha profetizado Isaías; “hoy ha nacido para nosotros el Salvador”, hemos repetido en el Salmo; Jesús “se entregó por y para nosotros” (cf. Tt 2,14), ha proclamado san Pablo; y el ángel en el Evangelio ha anunciado: “Ha nacido para vosotros un Salvador” (cf. Lc 2,11), para nosotros.

Mensaje Urbi et Orbi del Pontífice.

Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz Navidad!

Deseo hacer llegar a todos el mensaje que la Iglesia anuncia en esta fiesta, con las palabras del profeta Isaías: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado” (Is 9,5).

Ha nacido un niño: el nacimiento es siempre una fuente de esperanza, es la vida que florece, es una promesa de futuro. Y este Niño, Jesús, “ha nacido para nosotros”: un nosotros sin fronteras, sin privilegios ni exclusiones. El Niño que la Virgen María dio a luz en Belén nació para todos: es el “hijo” que Dios ha dado a toda la familia humana.

navidad urbi et orbi papa

Gracias a este Niño, todos podemos dirigirnos a Dios llamándolo “Padre”, “Papá”. Jesús es el Unigénito; nadie más conoce al Padre sino Él. Pero Él vino al mundo precisamente para revelarnos el rostro del Padre. Y así, gracias a este Niño, todos podemos llamarnos y ser verdaderamente hermanos: de todos los continentes, de todas las lenguas y culturas, con nuestras identidades y diferencias, sin embargo, todos hermanos y hermanas.

En este momento de la historia, marcado por la crisis ecológica y por los graves desequilibrios económicos y sociales, agravados por la pandemia del coronavirus, necesitamos más que nunca la fraternidad.

Intenciones de oración del Papa Francisco para finalzar este año

«Orar puede cambiar la realidad y los corazones»: el Santo Padre habla sobre el poder de la oración que puede cambiar la realidad y los corazones, y pide que a través de una vida de oración podamos alimentar la relación con Jesucristo.

El video del Papa para este mes de diciembre, el último del 2020, acaba de salir a la luz con la intención de oración que Francisco confía a toda la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa (que incluye el Movimiento Eucarístico Juvenil – MEJ). En un año marcado por la pandemia mundial del COVID-19, el Santo Padre nos comparte el secreto de la vida de Jesús, “la llave para que podamos entrar en un diálogo personal con el Padre”: la oración.

A través de una vida de oración es posible vivir una relación personal y profunda con Jesucristo y cambiar nuestros corazones. La oración, escuchando a Jesús, contemplando a Jesús, hablando con él como a un amigo, transforma nuestras vidas. Es el camino para acercarnos al Padre. Para el Papa Francisco, la oración no se reduce únicamente a un espacio o momento de contemplación interior. “Orando cambiamos la realidad. Y cambiamos nuestros corazones”, dice en El Video del Papa.

La oración siempre produce un cambio. “Podemos hacer muchas cosas, pero sin oración no funciona”,añade el Pontífice. En la audiencia general del 4 de noviembre, el Santo Padre aprovechó además para explicar la vida de oración que siempre tuvo Jesús: “Durante su vida pública, Jesús recurre constantemente a la fuerza de la oración. Los Evangelios nos muestran esto cuando se retira a lugares apartados para orar. Son observaciones sobrias y discretas, que solo nos permiten imaginar esos diálogos orantes. Sin embargo, testifican claramente que, incluso en los momentos de mayor dedicación a los pobres y enfermos, Jesús nunca descuidó su diálogo íntimo con el Padre”.

Pope’s December prayer intention: For a life of prayer

Nuevas iniciativas para crear puentes

WCT is an inner-city social and cultural project for young women. Projects started in 2018 with the Fonteneige University Centre.FCL est un projet social et culturel pour jeunes femmes à Montréal.


Un grand merci à l’organisme Women Creating Ties – WCT pour ce don de nourriture et de pâtisseries réconfortantes! Avec l’arrivée des premières neiges, c’était le moment idéal pour les recevoir

CONTAGIOSOS. Segundo capítulo de la serie creada por Infinito +1

Si en el primer episodio conocíamos al rapero Grilex, ahora conocemos a Kati y Pancho, surferos y aventureros.

Dios les fue siguiendo mientras surfeaban por separado, en aguas turbulentas. En medio de un festival de música techno, se encontraron y descubrieron su destino. Ambos se sumergieron en la Fe y ahora ayudan con su testimonio a parejas de novios que se preparan para el matrimonio. O sea… cómo surfear en la misma tabla.

Una vez más, os pedimos ayuda para su difusión, compartiendo el link con vuestros conocidos. ¡Hagamos que esta ola de alegría llegue a todos los rincones!

También confiamos en que los primeros capítulos estimulen a más personas a colaborar con el proyecto, mediante donaciones a la Fundación.

Así podremos producir más capítulos y traducirlos y doblarlos a otros idiomas.

En este link encontraréis más información: https://www.infinitomasuno.org/donacion/

¡INFINITAS GRACIAS por sostener y empujar esta preciosa misión!Fundación INFINITO + 1 
Nunca, nadie, solo.