En las fiestas de Corpus Christi, Sagrado Corazón de Jesús y de María

Recordamos la homilía del Papa Francisco con motivo de Corpus Christi

«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer» (Dt 8,2). Recuerda: la Palabra de Dios comienza hoy con esa invitación de Moisés. Un poco más adelante, Moisés insiste: “No te olvides del Señor, tu Dios” (cf. v. 14). La Sagrada Escritura se nos dio para evitar que nos olvidemos de Dios. ¡Qué importante es acordarnos de esto cuando rezamos! Como nos enseña un salmo, que dice: «Recuerdo las proezas del Señor; sí, recuerdo tus antiguos portentos» (77,12). También las maravillas y prodigios que el Señor ha hecho en nuestras vidas.

Es fundamental recordar el bien recibido: si no hacemos memoria de él nos convertimos en extraños a nosotros mismos, en “transeúntes” de la existencia. Sin memoria nos desarraigamos del terreno que nos sustenta y nos dejamos llevar como hojas por el viento. En cambio, hacer memoria es anudarse con lazos más fuertes, es sentirse parte de una historia, es respirar con un pueblo. La memoria no es algo privado, sino el camino que nos une a Dios y a los demás. Por eso, en la Biblia el recuerdo del Señor se transmite de generación en generación, hay que contarlo de padres a hijos, como dice un hermoso pasaje:«Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: “¿Qué son esos mandatos […] que os mandó el Señor, nuestro Dios?”, responderás a tu hijo: “Éramos esclavos […] ―toda la historia de la esclavitud― y el Señor hizo signos y prodigios grandes […] ante nuestros ojos» (Dt 6,20-22). Tú le darás la memoria a tu hijo.

Pero hay un problema, ¿qué pasa si la cadena de transmisión de los recuerdos se interrumpe? Y luego, ¿cómo se puede recordar aquello que sólo se ha oído decir, sin haberlo experimentado? Dios sabe lo difícil que es, sabe lo frágil que es nuestra memoria, y por eso hizo algo inaudito por nosotros: nos dejó un memorial. No nos dejó sólo palabras, porque es fácil olvidar lo que se escucha. No nos dejó sólo la Escritura, porque es fácil olvidar lo que se lee. No nos dejó sólo símbolos, porque también se puede olvidar lo que se ve. Nos dio, en cambio, un Alimento, pues es difícil olvidar un sabor. Nos dejó un Pan en el que está Él, vivo y verdadero, con todo el sabor de su amor. Cuando lo recibimos podemos decir: “¡Es el Señor, se acuerda de mí!”. Es por eso que Jesús nos pidió: «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11,24). Haced: la Eucaristía no es un simple recuerdo, sino un hecho; es la Pascua del Señor que se renueva por nosotros. En la Misa, la muerte y la resurrección de Jesús están frente a nosotros. Haced esto en memoria mía: reuníos y como comunidad, como pueblo, como familia, celebrad la Eucaristía para que os acordéis de mí. No podemos prescindir de ella, es el memorial de Dios. Y sana nuestra memoria herida.

Ante todo, cura nuestra memoria huérfana. Vivimos en una época de gran orfandad. Cura la memoria huérfana.  Muchos tienen la memoria herida por la falta de afecto y las amargas decepciones recibidas de quien habría tenido que dar amor pero que, en cambio, dejó desolado el corazón. Nos gustaría volver atrás y cambiar el pasado, pero no se puede. Sin embargo, Dios puede curar estas heridas, infundiendo en nuestra memoria un amor más grande: el suyo. La Eucaristía nos trae el amor fiel del Padre, que cura nuestra orfandad. Nos da el amor de Jesús, que transformó una tumba de punto de llegada en punto de partida, y que de la misma manera puede cambiar nuestras vidas. Nos comunica el amor del Espíritu Santo, que consuela, porque nunca deja solo a nadie, y cura las heridas.

Con la Eucaristía el Señor también sana nuestra memoria negativa, esa negatividad que aparece muchas veces en nuestro corazón. El Señor sana esta memoria negativa.  que siempre hace aflorar las cosas que están mal y nos deja con la triste idea de que no servimos para nada, que sólo cometemos errores, que estamos “equivocados”. Jesús viene a decirnos que no es así. Él está feliz de tener intimidad con nosotros y cada vez que lo recibimos nos recuerda que somos valiosos: somos los invitados que Él espera a su banquete, los comensales que ansía. Y no sólo porque es generoso, sino porque está realmente enamorado de nosotros: ve y ama lo hermoso y lo bueno que somos. El Señor sabe que el mal y los pecados no son nuestra identidad; son enfermedades, infecciones. Y viene a curarlas con la Eucaristía, que contiene los anticuerpos para nuestra memoria enferma de negatividad. Con Jesús podemos inmunizarnos de la tristeza. Ante nuestros ojos siempre estarán nuestras caídas y dificultades, los problemas en casa y en el trabajo, los sueños incumplidos. Pero su peso no nos podrá aplastar porque en lo más profundo está Jesús, que nos alienta con su amor. Esta es la fuerza de la Eucaristía, que nos transforma en portadores de Dios: portadores de alegría y no de negatividad. Podemos preguntarnos: Y nosotros, que vamos a Misa, ¿qué llevamos al mundo? ¿Nuestra tristeza, nuestra amargura o la alegría del Señor? ¿Recibimos la Comunión y luego seguimos quejándonos, criticando y compadeciéndonos a nosotros mismos? Pero esto no mejora las cosas para nada, mientras que la alegría del Señor cambia la vida.

Además, la Eucaristía sana nuestra memoria cerrada. Las heridas que llevamos dentro no sólo nos crean problemas a nosotros mismos, sino también a los demás. Nos vuelven temerosos y suspicaces; cerrados al principio, pero a la larga cínicos e indiferentes. Nos llevan a reaccionar ante los demás con antipatía y arrogancia, con la ilusión de creer que de este modo podemos controlar las situaciones. Pero es un engaño, pues sólo el amor cura el miedo de raíz y nos libera de las obstinaciones que aprisionan. Esto hace Jesús, que viene a nuestro encuentro con dulzura, en la asombrosa fragilidad de una Hostia. Esto hace Jesús, que es Pan partido para romper las corazas de nuestro egoísmo. Esto hace Jesús, que se da a sí mismo para indicarnos que sólo abriéndonos nos liberamos de los bloqueos interiores, de la parálisis del corazón. El Señor, que se nos ofrece en la sencillez del pan, nos invita también a no malgastar nuestras vidas buscando mil cosas inútiles que crean dependencia y dejan vacío nuestro interior. La Eucaristía quita en nosotros el hambre por las cosas y enciende el deseo de servir. Nos levanta de nuestro cómodo sedentarismo y nos recuerda que no somos solamente bocas que alimentar, sino también sus manos para alimentar a nuestro prójimo. Es urgente que ahora nos hagamos cargo de los que tienen hambre de comida y de dignidad, de los que no tienen trabajo y luchan por salir adelante. Y hacerlo de manera concreta, como concreto es el Pan que Jesús nos da. Hace falta una cercanía verdadera, hacen falta auténticas cadenas de solidaridad. Jesús en la Eucaristía se hace cercano a nosotros, ¡no dejemos solos a quienes están cerca nuestro!

Queridos hermanos y hermanas: Sigamos celebrando el Memorial que sana nuestra memoria, ―recordemos: sanar la memoria; la memoria es la memoria del corazón―, este memorial es la Misa. Es el tesoro al que hay dar prioridad en la Iglesia y en la vida. Y, al mismo tiempo, redescubramos la adoración, que continúa en nosotros la acción de la Misa. Nos hace bien, nos sana dentro. Especialmente ahora, que realmente lo necesitamos.

Francisco: miremos con confianza al Sagrado Corazón de Jesús

Celebramos la Solemnidad del Corazón de Jesús: el Santo Padre nos invita, en un tweet, a “mirar con confianza al Sagrado Corazón de Jesús y a repetir con frecuencia, especialmente durante este mes de junio: Jesús manso y humilde de corazón, transforma nuestro corazón y enséñanos a amar a Dios y al prójimo con generosidad”.

Peyo un caballo muy peculiar: médico y enfermero

Peyo es un caballo francés con el extraordinario poder de detectar enfermedades como el cáncer o el Alzheimer. En el hospital, visita y cuida a los pacientes

Peyo, es un caballo de 14 años que su propietario, Hassen Bouchakour, empleaba en espectáculos de doma. Era distante y reacio al contacto de seres humanos. Sin embargo, Bouchakour descubrió algo sorprendente: Peyo tiene la capacidad para acercarse y detectar a personas enfermas de cáncer, Alzheimer y otras patologías. Este año, además, Peyo es noticia por ser protagonista de una foto excepcional.

La asombrosa habilidad de Peyo no solo sirve para diagnosticar enfermedades que aún no han dado la cara. También se ha comprobado que puede ayudar a mejorar la calidad de vida de los enfermos de un hospital. Incluso, en algunos casos, se ha podido reducir la medicación a los enfermos.

Entra en la habitación del enfermo

Peyo está en Francia. Ya se le conoce como «el doctor Peyo». Concretamente «trabaja» en el hospital de Calais y otros cuatro centros hospitalarios en Dijon, El Havre, Niza, Antibes. El personal conoce al caballo, que entra en el edificio, sube al ascensor y decide en qué habitación entra.

Así como en la doma era reticente al contacto con humanos, ahora todo es diferente. Se muestra cercano y cariñoso con los enfermos, y les lame las zonas donde el paciente tiene la lesión. «Es un caballo que tiene un comportamiento diferente ante personas frágiles«, explica Bouchakour.

Los pacientes mejoran con él

La equinoterapia se viene utilizando desde hace muchos años como terapia. Pero el don de Peyo (pronunciado «peyó») para detectar enfermedades y su capacidad para ser parte del tratamiento en enfermos hospitalizados hacen que esté siendo estudiado científicamente por expertos en cuidados paliativos, geriatría y pediatría. En Calais participa en sesiones de terapia asistida de la Unidad de Cuidados Paliativos Séléne.

La visita de Peyo es un punto positivo en el día a día de los enfermos de estos hospitales franceses, mientras que abre horizontes esperanzadores para la medicina.

Hassen Bouchakour está extremadamente satisfecho con el cambio de tareas que le propició su caballo. Él tiene 31 años y lleva 7 años adiestrando a este semental. Peyo está adiestrado de forma que nunca hace sus necesidades en el hospital y se provee de tratamiento antiparasitario cada vez que acude a una visita.

Para los enfermos, Peyo procura compañía, rebaja la sensación de soledad y alivia el dolor psíquico y físico.

Peyo en el World Press Photo

Una imagen de Peyo tomada por el fotógrafo Jeremy Lempin y titulada “Doctor Peyo and Mister Hassen” fue nominada este año para el World Press Photoen la categoría de Asuntos Contemporáneos. Es la que encabeza este artículo.

Hace tiempo que Peyo trabaja:

HORSE HOSPITAL
Desde hace varios meses, la residencia médica para ancianos Les Vergers de la Chartreuse (en Dijon) vive un proyecto bastante especial. Peyo, un semental de 500 kilos, visita regularmente a los pacientes en el establecimiento. Una singular experiencia terapéutica.

En el año 2014, acompañado por su adiestrador Hassen Bouchakour, Peyo estaba acostumbrado a cruzar el umbral de la residencia médica para ancianos dependientes Les Vergers de la Chartreuse. Pasea por los pasillos y visita a los residentes, a veces incluso en las mismas habitaciones si se trata de visitar a una persona postrada en cama. Según su maestro, Peyo está “dotado de una sensibilidad increíble”. En un reportaje emitido en France 3 Bourgogne, un miembro del personal del establecimiento explica que el equino aporta un gran bienestar a las personas mayores. Lejos de asustarse por su cuerpo robusto, los ancianos parecen encantados y recuperan la sonrisa. Peyo quizás hace resurgir recuerdos muy íntimos de los que el propio personal no tenía conocimiento. Pierre, un residente, parece muy contento por la aparición del caballo, al que llama cariñosamente “el semental sublime”. “Pienso en él todo el tiempo”, confiesa al adiestrador, mientras le dedica caricias al caballo.

Hassen Bouchakour, jinete y adiestrador profesional, apasionado de los animales y los espectáculos, conoció a Peyo mientras buscaba un caballo para recorrer el mundo con él para su trabajo. Su relación comenzó de forma caótica y fue solo después de un año y medio que empezó a haber química entre ellos. Cuando el entrenador se dio cuenta de la inusual aptitud del caballo para acercarse a los más frágiles, quiso ir más lejos. Hoy en día, la pareja continúa con espectáculos y competiciones recorriendo Francia y el mundo. Y gracias a la asociación ‘Les sabots du cœur’, los dos compañeros también estan en contacto con ancianos y enfermos a través de visitas a varios establecimientos en Francia.

Un sacerdote se acerca al metro para dar la absolución en el accidente de México

El accidente en el metro de México, la noche del lunes 3 de mayo, causó la muerte por lo menos a 24 personas y dejó 79 heridos. Alrededor de las 22:20 hora local, dos vagones cayeron de un puente del metro que se derrumbó en las cercanías de la estación Olivos, en la zona este de la capital mexicana.

El sacerdote Juan Ortiz, párroco en la localidad de Zapotitlán, logró acercarse al lugar para conceder una absolución colectiva, una posibilidad prevista por la Iglesia en casos de peligro de muerte, cuando no hay un tiempo razonable para una confesión individual de cada penitente.

En una declaración a la página Desde la Fe, de la arquidiócesis de la Ciudad de México, el sacerdote contó que llegó hasta la menor distancia segura posible, rezó por los muertos y heridos y dio la absolución general.

Él recuerda que, poco antes, estaba realizando unas compras en un supermercado cercano cuando se fue la luz dos veces. Al salir del súper vio la calle ya cerrada y la policía presente en el lugar del colapso. La escena era fuerte.

“Vi que sacaban a los muertos en camillas (…) Todos estaban desesperados, con el desamparo de saber que allí había gente atrapada… Fue muy impactante ”.

Accidente en el metro de México: evitable

El sacerdote destacó que la tragedia se pudo haber evitado, ya que se habían reportado daños estructurales en este puente del metro desde el terremoto que sufrió la ciudad en 2017.

La región del accidente pertenece a la diócesis de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta. El obispo, don Andrés Vargas Peña, ofreció su solidaridad y oraciones por las personas que murieron, por los heridos y sus familiares, además de celebrar la misa el día 4 por su intención. La arquidiócesis primada de México también ofreció la celebración de la Santa Misa por las víctimas del accidente.

Fuente: https://es.aleteia.org/2021/05/06/accidente-en-el-metro-de-mexico-sacerdote-da-absolucion-colectiva-a-las-victimas/

Domingo de la Divina Misericordia

El Papa celebra la Misa en el Santuario de la Divina Misericordia en Roma.

Homilía:

Jesús resucitado se aparece a los discípulos varias veces. Consuela con paciencia sus corazones desanimados. De este modo realiza, después de su resurrección, la “resurrección de los discípulos”. Y ellos, reanimados por Jesús, cambian de vida. Antes, tantas palabras y tantos ejemplos del Señor no habían logrado transformarlos. Ahora, en Pascua, sucede algo nuevo. Y se lleva a cabo en el signo de la misericordia. Jesús los vuelve a levantar con la misericordia ―los vuelve a levantar con la misericordia― y ellos, misericordiados, se vuelven misericordiosos. Es muy difícil ser misericordioso si uno de se da cuenta de ser miseridocordiado.

1. Ante todo, son misericordiados por medio de tres dones: primero Jesús les ofrece la paz, después el Espíritu, y finalmente las llagas. En primer lugar, les da la paz. Los discípulos estaban angustiados. Se habían encerrado en casa por temor, por miedo a ser arrestados y correr la misma suerte del Maestro. Pero no sólo estaban encerrados en casa, también estaban encerrados en sus remordimientos. Habían abandonado y negado a Jesús. Se sentían incapaces, buenos para nada, inadecuados. Jesús llega y les repite dos veces: «¡La paz esté con ustedes!». No da una paz que quita los problemas del medio, sino una paz que infunde confianza dentro. No es una paz exterior, sino la paz del corazón. Dice: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes» (Jn 20,21). Es como si dijera: “Los mando porque creo en ustedes”. Aquellos discípulos desalentados son reconciliados consigo mismos. La paz de Jesús los hace pasar del remordimiento a la misión. En efecto, la paz de Jesús suscita la misión. No es tranquilidad, no es comodidad, es salir de sí mismo. La paz de Jesús libera de las cerrazones que paralizan, rompe las cadenas que aprisionan el corazón. Y los discípulos se sienten misericordiados: sienten que Dios no los condena, no los humilla, sino que cree en ellos. Sí, cree en nosotros más de lo que nosotros creemos en nosotros mismos. “Nos ama más de lo que nosotros mismos nos amamos” (cf. S. J.H. Newman, Meditaciones y devociones, III,12,2). Para Dios ninguno es un incompetente, ninguno es inútil, ninguno está excluido. Jesús hoy repite una vez más: “Paz a ti, que eres valioso a mis ojos. Paz a ti, que tienes una misión. Nadie puede realizarla en tu lugar. Eres insustituible. Y Yo creo en ti”.

En segundo lugar, Jesús misericordia a los discípulos dándoles el Espíritu Santo. Lo otorga para la remisión de los pecados (cf. vv.22-23). Los discípulos eran culpables, habían huido abandonando al Maestro. Y el pecado atormenta, el mal tiene su precio. Siempre tenemos presente nuestro pecado, dice el Salmo (cf. 51,5). Solos no podemos borrarlo. Sólo Dios lo quita, sólo Él con su misericordia nos hace salir de nuestras miserias más profundas. Como aquellos discípulos, necesitamos dejarnos perdonar, decir desde lo profundo del corazón: “Perdón Señor”. Abrir el corazón para dejarse perdonar. El perdón en el Espíritu Santo es el don pascual para resurgir interiormente. Pidamos la gracia de acogerlo, de abrazar el Sacramento del perdón. Y de comprender que en el centro de la Confesión no estamos nosotros con nuestros pecados, sino Dios con su misericordia. No nos confesamos para hundirnos, sino para dejarnos levantar. Lo necesitamos mucho, todos. Lo necesitamos, así como los niños pequeños, todas las veces que caen, necesitan que el papá los vuelva a levantar. También nosotros caemos con frecuencia. Y la mano del Padre está lista para volver a ponernos en pie y hacer que sigamos adelante. Esta mano segura y confiable es la Confesión. Es el Sacramento que vuelve a levantarnos, que no nos deja tirados, llorando contra el duro suelo de nuestras caídas. Es el Sacramento de la resurrección, es misericordia pura. Y el que recibe las confesiones debe hacer sentir la dulzura de la misericordia. Este es el camino de los sacerdotes que reciben las confesiones de la gente: hacerles sentir la dulzura de la misericordia de Jesús que perdona todo. Dios perdona todo.

Después de la paz que rehabilita y el perdón que realza, el tercer don con el que Jesús misericordia a los discípulos es ofrecerles sus llagas. Esas llagas nos han curado (cf. 1 P 2,24; Is 53,5). Pero, ¿cómo puede curarnos una herida? Con la misericordia. En esas llagas, como Tomás, experimentamos que Dios nos ama hasta el extremo, que ha hecho suyas nuestras heridas, que ha cargado en su cuerpo nuestras fragilidades. Las llagas son canales abiertos entre Él y nosotros, que derraman misericordia sobre nuestras miserias. Las llagas son los caminos que Dios ha abierto completamente para que entremos en su ternura y experimentemos quién es Él, y no dudemos más de su misericordia. Adorando, besando sus llagas descubrimos que cada una de nuestras debilidades es acogida en su ternura. Esto sucede en cada Misa, donde Jesús nos ofrece su cuerpo llagado y resucitado; lo tocamos y Él toca nuestra vida. Y hace descender el Cielo en nosotros. El resplandor de sus llagas disipa la oscuridad que nosotros llevamos dentro. Y nosotros, como Tomás, encontramos a Dios, lo descubrimos íntimo y cercano, y conmovidos le decimos: «¡Señor mío y Dios mío!» (Jn 20,28). Y todo nace aquí, en la gracia de ser misericordiados. Aquí comienza el camino cristiano. En cambio, si nos apoyamos en nuestras capacidades, en la eficacia de nuestras estructuras y proyectos, no iremos lejos. Sólo si acogemos el amor de Dios podremos dar algo nuevo al mundo.

2. Así, misericordiados, los discípulos se volvieron misericordiosos. Lo vemos en la primera Lectura. Los Hechos de los Apóstoles relatan que «nadie consideraba sus bienes como propios, sino que todo lo tenían en común» (4,32). No es comunismo, es cristianismo en estado puro. Y es mucho más sorprendente si pensamos que esos mismos discípulos poco tiempo antes habían discutido sobre recompensas y honores, sobre quién era el más grande entre ellos (cf. Mc 10,37; Lc 22,24). Ahora comparten todo, tienen «un solo corazón y una sola alma» (Hch 4,32). ¿Cómo cambiaron tanto? Vieron en los demás la misma misericordia que había transformado sus vidas. Descubrieron que tenían en común la misión, que tenían en común el perdón y el Cuerpo de Jesús; compartir los bienes terrenos resultó una consecuencia natural. El texto dice después que «no había ningún necesitado entre ellos» (v. 34). Sus temores se habían desvanecido tocando las llagas del Señor, ahora no tienen miedo de curar las llagas de los necesitados. Porque allí ven a Jesús. Porque allí está Jesús, en las llagas de los necesitados.

Hermana, hermano, ¿quieres una prueba de que Dios ha tocado tu vida? Comprueba si te inclinas ante las heridas de los demás. Hoy es el día para preguntarnos: “Yo, que tantas veces recibí la paz de Dios, que tantas veces recibí su perdón y su misericordia, ¿soy misericordioso con los demás? Yo, que tantas veces me he alimentado con el Cuerpo de Jesús, ¿qué hago para dar de comer al pobre?”. No permanezcamos indiferentes. No vivamos una fe a medias, que recibe pero no da, que acoge el don pero no se hace don. Hemos sido misericordiados, seamos misericordiosos. Porque si el amor termina en nosotros mismos, la fe se seca en un intimismo estéril. Sin los otros se vuelve desencarnada. Sin las obras de misericordia muere (cf. St 2,17). Hermanos, hermanas, dejémonos resucitar por la paz, el perdón y las llagas de Jesús misericordioso. Y pidamos la gracia de convertirnos en testigos de misericordia. Sólo así la fe estará viva. Y la vida será unificada. Sólo así anunciaremos el Evangelio de Dios, que es Evangelio de misericordia.

Ocho años desde la elección del Papa Francisco

El Papa Francisco y los jóvenes. Jornada Mundial de la Juventud en Panamá 2019

El 13 de marzo de 2013, Jorge Mario Bergoglio fue elegido como Sucesor de Pedro, primer Papa jesuita y americano y el primero con el nombre de Francisco. Estos ocho años de Pontificado se han caracterizado por iniciativas y reformas para implicar a todos los cristianos en un nuevo impulso misionero con el objetivo de llevar el amor de Jesús a toda la humanidad

Sexto Domingo de San José

1. SEXTO domingo de san José: La vida de san José no estuvo libre de dificultades, grandes y pequeñas. Cuando el ángel le dice: «Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te diga, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo» (Mt 2,13), sufre, se asusta y más siendo entre sueños en medio de la oscuridad de la noche. ¿Por qué un varón tan justo tenía que pasar por estos y otros momentos difíciles? ¿Por qué alguien que procura hacer las cosas con tanta delicadeza y honradez a veces puede parecer que experimenta incluso más dificultades que los demás? Al contemplar los problemas por los que pasó san José, como encontrar techo para Jesús o tener que vivir como forastero, muchas veces «nos preguntamos por qué Dios no intervino directa y claramente. Pero Dios actúa a través de eventos y personas. José era el hombre por medio del cual Dios se ocupó de los comienzos de la historia de la redención. Él era el verdadero “milagro” con el que Dios salvó al Niño y a su madre. El cielo intervino confiando en la valentía creadora de este hombre»

Sexto dolor y gozo de san José
Sextos dolores y gozos de san José – Torreciudad

2. SEXTOS Dolores y Gozos : Sexto dolor: El se levantó, tomó al niño y a su madre y regresó a la tierra de Israel. Pero al oír que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, temió ir allá (Mt 2, 21-22). Sexto gozo: Y fue a vivir a una ciudad llamada Nazaret, para que se cumpliera lo dicho por los profetas: será llamado Nazareno (Mt 2,23).

COMENTARIOS  punto 6 de Patris corde:  Padre en la sombra: José es considerado para Jesús , la sombra del Padre celestial en la tierra: lo auxilia, lo protege, no se aparta de su lado para seguir sus pasos. Ser padre significa introducir al niño en la experiencia de la vida, en la realidad, para hacerlo capaz de elegir, de ser libre. San José también es calificado como castísimo: en razón de ser libre del afán de poseer, en un amor verdadero. “La lógica del amor es siempre una lógica de libertad y José fue capaz de amar de una manera extraordinariamente libre. Nunca se puso en el centro. Supo descentrarse para poner a María y Jesús en el centro de su vida. La felicidad de José no está en la lógica del auto sacrificio, sino en el don de sí mismo. Nunca se percibe él la frustración, sino sólo la confianza. Su silencio persistente no contempla quejas, sino gestos concretos de confianza. “El mundo rechaza a quienes quieren usar la posesión del otro para llenar su propio vacío, rehúsa a los que confunden autoridad con autoritarismo,… caridad con asistencialismo. Toda vocación verdadera nace del don de sí mismo, que es la maduración del simple sacrificio y si no alcanza esa madurez de la entrega de sí, deteniéndose sólo en la lógica del sacrificio se convierte en infelicidad, tristeza y frustración.  Siempre que nos encontremos en la condición de ejercer la paternidad, debemos recordar que nunca es un ejercicio de posesión sino como en José, la confianza de su cuidado.

Aspectos a meditar: – ¿Me doy a los demás con generosidad, sin quejas? – ¿Es mi sacrificio silencioso? O por el contrario ¿cuando hago algún sacrificio se han de enterar los de mi alrededor? ¿Exijo que me den las gracias? -Considero a mis hijos o familiares como posesión mía? ¿Incluso a personas amigas? ¿la ayuda  que presto a mis amistades es posesiva? ¿Quiero que hagan las cosas según m i criterio o por el contrario por su propio bien?

El Papa Francisco, en su Carta Apostólica Patris corde, para conmemorar el 150 aniversario de la declaración de San José como Patrono de la Iglesia Universal, propone una oración para rezar a San José. La oración, está especialmente dirigida para pedir a San José por la conversión. En ella se pide al “bienaventurado José”: “Muéstrate padre también a nosotros y guíanos en el camino de la vida”.

Ángelus del Papa Francisco, 2 Domingo Cuaresma, Transfiguración

Queridos hermanos y hermanas, buenos días:

Hoy, el Evangelio nos presenta el evento de la Transfiguración. Es la segunda etapa del camino cuaresmal: la primera, las tentaciones en el desierto, y la segunda: la Transfiguración. Jesús «tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17, 1).

La montaña representa el lugar de la cercanía con Dios y del encuentro íntimo con Él; el lugar de la oración, donde estar ante la presencia del Señor. Allá arriba en la montaña, Jesús se presenta a los tres discípulos transfigurado, luminoso; y luego aparecen Moisés y Elías, conversando con Él. Su rostro es tan resplandeciente y sus vestiduras tan blancas, que Pedro queda deslumbrado hasta querer quedarse allí, casi como para detener ese momento. Pero enseguida resuena desde lo alto la voz del Padre que proclama a Jesús como su Hijo muy querido, diciendo: «Escúchenlo» (v. 5).

Es muy importante esta invitación del Padre. Nosotros, los discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y se toman en serio sus palabras. Para escuchar a Jesús, tenemos que seguirlo, tal como hacían las multitudes en el Evangelio, que lo reconocían por las calles de Palestina. Jesús no tenía una cátedra o un púlpito fijos, sino que era un maestro itinerante, que proponía sus enseñanzas a lo largo de las calles, recorriendo distancias no siempre previsibles y, a veces algo incómodas.

De este episodio de la Transfiguración, quisiera señalar dos elementos significativos, que sintetizo en dos palabras: subida y bajada. Tenemos necesidad de apartarnos en un espacio de silencio – de subir a la montaña – para reencontrarnos con nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor.

¡Pero no podemos quedarnos ahí! El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a «bajar de la montaña» y a volver hacia abajo, a la llanura, donde nos encontramos con muchos hermanos abrumados por fatigas, injusticias, pobreza material y espiritual. A estos hermanos nuestros que están en dificultad, estamos llamados a brindarles los frutos de la experiencia que hemos vivido con Dios, compartiendo con ellos los tesoros de la gracia recibida. Pero, si no hemos estado con Dios, si nuestro corazón no ha sido consolado ¿cómo podremos consolar a otros?

Esta misión concierne a toda la Iglesia y es responsabilidad en primer lugar de los Pastores – obispos y sacerdotes – llamados a sumergirse en medio de las necesidades del Pueblo de Dios, acercándose con afecto y ternura, especialmente a los más débiles y pequeños, a los últimos. Pero para cumplir con alegría y disponibilidad esta obra pastoral, los Obispos y los sacerdotes necesitan las oraciones de toda la comunidad cristiana.

Dirijámonos ahora a nuestra Madre María, y encomendémonos a su guía para proseguir con fe y generosidad el itinerario de la Cuaresma, aprendiendo un poco más a «subir» con la oración y a «bajar» con la caridad fraterna.

Cuaresma: intervenciones del Papa Francisco

Miércoles de ceniza 2021: https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2021-02/papa-miercoles-cenizas-volvamos-al-padre-hijo-y-espiritu-santo.html

Mensaje para Cuaresma 2021: https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2021/02/12/mens.html

https://press.vatican.va/content/salastampa/en/bollettino/pubblico/2021/02/12/210212a.html

8 aspectos aprendidos durante el confinamiento: Viktor Küppers

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1) La vida no siempre es divertida:

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Aunque estemos en un momento especialmente duro, tenemos que conseguir no perder la esperanza. Porque esto también pasará.

»Esto es un túnel, no un pozo. Y de los túneles se sale, aunque no sepamos cuándo ni en qué condiciones», Víktor Küppers.

2) Hay que vivir siendo más consciente:

»A veces necesitamos una bofetada para darnos cuenta de lo frágiles y vulnerables que somos». No somos nada, pero con Dios lo somos todo.

»Lo ordinario es extraordinario», Víktor Küppers.

3) Toca aprender a »estar parado»

Tu agenda ha saltado por los aires, se acabaron las seguridades terrenas, y ahora solo cuenta el hoy y ahora. No dejes de invertirlo en estar más cerca de Dios

4) Es momento de aprender a convivir

A estar bien con uno mismo, para poder darnos a los demás. Reconquistar a nuestra propia familia. Cuidar a los que están más cerca sin olvidarnos de los que están lejos pasándolo peor.

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»Si no vas a decir nada bueno, cállate», Víktor Küppers.

5) Intentar quejarme menos

»Los que estamos en casa no podemos quejarnos». Estos días se leía en redes la frase »A nuestros abuelos les pidieron ir a la guerra, a nosotros solo que nos quedemos en casa». No parece tan complicado, ¿no?

6) Lo más importante son las personas que queremos

Querer mucho a las personas y decírselo.

7) Estamos aquí para ayudarnos unos a otros

Necesitábamos esto para volvernos sensibles con el dolor ajeno.

»Hemos descubierto que ayudar a los demás es gratificante», Víktor Küppers.

8) Todo lo que está pasando lo recordaremos

¿Cómo quieres que te recuerden? Enfadado, sonriendo, ayudando.. ¡Está en tu mano!

Ojalá salgamos:

  • Más humanos
  • Más sensibles al sufrimiento
  • Con las prioridades más claras