8 aspectos aprendidos durante el confinamiento: Viktor Küppers

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1) La vida no siempre es divertida:

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Aunque estemos en un momento especialmente duro, tenemos que conseguir no perder la esperanza. Porque esto también pasará.

»Esto es un túnel, no un pozo. Y de los túneles se sale, aunque no sepamos cuándo ni en qué condiciones», Víktor Küppers.

2) Hay que vivir siendo más consciente:

»A veces necesitamos una bofetada para darnos cuenta de lo frágiles y vulnerables que somos». No somos nada, pero con Dios lo somos todo.

»Lo ordinario es extraordinario», Víktor Küppers.

3) Toca aprender a »estar parado»

Tu agenda ha saltado por los aires, se acabaron las seguridades terrenas, y ahora solo cuenta el hoy y ahora. No dejes de invertirlo en estar más cerca de Dios

4) Es momento de aprender a convivir

A estar bien con uno mismo, para poder darnos a los demás. Reconquistar a nuestra propia familia. Cuidar a los que están más cerca sin olvidarnos de los que están lejos pasándolo peor.

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»Si no vas a decir nada bueno, cállate», Víktor Küppers.

5) Intentar quejarme menos

»Los que estamos en casa no podemos quejarnos». Estos días se leía en redes la frase »A nuestros abuelos les pidieron ir a la guerra, a nosotros solo que nos quedemos en casa». No parece tan complicado, ¿no?

6) Lo más importante son las personas que queremos

Querer mucho a las personas y decírselo.

7) Estamos aquí para ayudarnos unos a otros

Necesitábamos esto para volvernos sensibles con el dolor ajeno.

»Hemos descubierto que ayudar a los demás es gratificante», Víktor Küppers.

8) Todo lo que está pasando lo recordaremos

¿Cómo quieres que te recuerden? Enfadado, sonriendo, ayudando.. ¡Está en tu mano!

Ojalá salgamos:

  • Más humanos
  • Más sensibles al sufrimiento
  • Con las prioridades más claras

El Papa Francisco celebró el día de la Epifanía tras salir del hospital por haber ingresado por una dolorosa ciática

Pope at Mass on Epiphany: Let’s set aside complaints and cast off dictatorship of the self

Homilía del Papa Francisco en el día de la Epifanía:

El evangelista Mateo subraya que los magos, cuando llegaron a Belén, «vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron» (Mt 2,11). Adorar al Señor no es fácil, no es un hecho inmediato: exige una cierta madurez espiritual, y es el punto de llegada de un camino interior, a veces largo. La actitud de adorar a Dios no es espontánea en nosotros. Sí, el ser humano necesita adorar, pero corre el riesgo de equivocar el objetivo. En efecto, si no adora a Dios adorará a los ídolos, no hay un punto intermedio, o Dios o los ídolos, para usar las palabras de un autor francés: ‘quien no adora a Dios, adora al diablo’ y en vez de creyente se volverá idólatra. Y esto es así.

En nuestra época es particularmente necesario que, tanto individual como comunitariamente, dediquemos más tiempo a la adoración, aprendiendo a contemplar al Señor cada vez mejor. Se ha pedido un poco el sentido de la adoración debemos retomarlo, sea comunitariamente que en la propia vida espiritual. 

Hoy, por lo tanto, pongámonos en la escuela de los magos, para aprender de ellos algunas enseñanzas útiles: como ellos, queremos ponernos de rodillas y adorar al Señor en serio.

De la liturgia de la Palabra de hoy entresacamos tres expresiones, que pueden ayudarnos a comprender mejor lo que significa ser adoradores del Señor. Estas expresiones son: “levantar la vista”, “ponerse en camino” y “ver”.

La primera expresión, levantar la vista, nos la ofrece el profeta Isaías. A la comunidad de Jerusalén, que acababa de volver del exilio y estaba abatida a causa de tantas dificultades, el profeta les dirige este fuerte llamado: «Levanta la vista en torno, mira» (60,4). Es una invitación a dejar de lado el cansancio y las quejas, a salir de las limitaciones de una perspectiva estrecha, a liberarse de la dictadura del propio yo, siempre inclinado a replegarse sobre sí mismo y sus propias preocupaciones. 

Para adorar al Señor es necesario ante todo “levantar la vista”, es decir, no dejarse atrapar por los fantasmas interiores que apagan la esperanza, y no hacer de los problemas y las dificultades el centro de nuestra existencia. Eso no significa que neguemos la realidad, fingiendo o creyendo que todo está bien. Se trata más bien de mirar de un modo nuevo los problemas y las angustias, sabiendo que el Señor conoce nuestras situaciones difíciles, escucha atentamente nuestras súplicas y no es indiferente a las lágrimas que derramamos.

Esta mirada que, a pesar de las vicisitudes de la vida, permanece confiada en el Señor, genera la gratitud filial. Cuando esto sucede, el corazón se abre a la adoración. Por el contrario, cuando fijamos la atención exclusivamente en los problemas, rechazando alzar los ojos a Dios, el miedo invade el corazón y lo desorienta, dando lugar a la rabia, al desconcierto, a la angustia y a la depresión. En estas condiciones es difícil adorar al Señor. Si esto ocurre, es necesario tener la valentía de romper el círculo de nuestras conclusiones obvias, con la conciencia de que la realidad es más grande que nuestros pensamientos. Levanta la vista en torno, mira: el Señor nos invita sobre todo a confiar en Él, porque cuida realmente de todos. Por tanto, si Dios viste tan bien la hierba, que hoy está en el campo y mañana es arrojada al horno, ¿cuánto más hará por nosotros? (cf. Lc 12,28). Si alzamos la mirada hacia el Señor, y contemplamos la realidad a su luz, descubriremos que Él no nos abandona jamás: «el Verbo se hizo carne» (Jn 1,14) y permanece siempre con nosotros, todos los días, siempre (cf. Mt 28,20).

Cuando elevamos los ojos a Dios, los problemas de la vida no desaparecen, pero sentimos que el Señor nos da la fuerza necesaria para afrontarlos. “Levantar la vista”, entonces, es el primer paso que nos dispone a la adoración. Se trata de la adoración del discípulo que ha descubierto en Dios una alegría nueva, distinta. La del mundo se basa en la posesión de bienes, en el éxito y en otras cosas por el estilo. Siempre yo al centro. La alegría del discípulo de Cristo, en cambio, tiene su fundamento en la fidelidad de Dios, cuyas promesas nunca fallan, a pesar de las situaciones de crisis en las que podamos encontrarnos. Y es ahí, entonces, que la gratitud filial y la alegría suscitan el anhelo de adorar al Señor, que es fiel y nunca nos deja solos.

La segunda expresión que nos puede ayudar es ponerse en camino. Antes de poder adorar al Niño nacido en Belén, los magos tuvieron que hacer un largo viaje. Escribe Mateo: «Unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”» (Mt 2,1-2). El viaje implica siempre una trasformación, un cambio. Después del viaje ya no somos como antes. En el que ha realizado un camino siempre hay algo nuevo: sus conocimientos se han ampliado, ha visto personas y cosas nuevas, ha experimentado el fortalecimiento de su voluntad al enfrentar las dificultades y los riesgos del trayecto. No se llega a adorar al Señor sin pasar antes a través de la maduración interior que nos da el ponernos en camino.

Llegamos a ser adoradores del Señor mediante un camino gradual. La experiencia nos enseña, por ejemplo, que una persona con cincuenta años vive la adoración con un espíritu distinto respecto a cuando tenía treinta. Quien se deja modelar por la gracia, normalmente, con el pasar del tiempo, mejora. El hombre exterior se va desmoronando —dice san Pablo—, mientras el hombre interior se renueva día a día (cf. 2 Co 4,16), preparándose para adorar al Señor cada vez mejor. 

Desde este punto de vista, los fracasos, las crisis y los errores pueden ser experiencias instructivas, no es raro que sirvan para hacernos caer en la cuenta de que sólo el Señor es digno de ser adorado, porque solamente Él satisface el deseo de vida y eternidad presente en lo íntimo de cada persona. Además, con el paso del tiempo, las pruebas y las fatigas de la vida —vividas en la fe— contribuyen a purificar el corazón, a hacerlo más humilde y por tanto más dispuesto a abrirse a Dios. También los pecados, la conciencia de ser pecadores… si tú lo recibes con fe, con contricción, te ayudará… en este viaje con el Señor para adorarlo mejor.

Como los magos, también nosotros debemos dejarnos instruir por el camino de la vida, marcado por las inevitables dificultades del viaje. No permitamos que los cansancios, las caídas y los fracasos nos empujen hacia el desaliento. Por el contrario, reconociéndolos con humildad, nos deben servir para avanzar hacia el Señor Jesús. La vida no es una demostración de habilidades, sino un viaje hacia Aquel que nos ama. Nosotros no debemos mostrar en cada paso de la vida la tarjeta de las virtudes que tenemos. Con humildad debemos dirigirnos hacia el Señor. Mirando al Señor, encontraremos la fuerza para seguir adelante con alegría renovada.

Y llegamos a la tercera expresión: ver. El evangelista escribe: «Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron» (Mt 2,11). La adoración era el homenaje reservado a los soberanos, a los grandes dignatarios. Los magos, en efecto, adoraron a Aquel que sabían que era el rey de los judíos (cf. Mt 2,2). Pero, de hecho, ¿qué fue lo que vieron? Vieron a un niño pobre con su madre. Y sin embargo estos sabios, llegados desde países lejanos, supieron trascender aquella escena tan humilde y corriente, reconociendo en aquel Niño la presencia de un soberano. Es decir, fueron capaces de “ver” más allá de la apariencia. Arrodillándose ante el Niño nacido en Belén, expresaron una adoración que era sobre todo interior: abrir los cofres que llevaban como regalo fue signo del ofrecimiento de sus corazones.

Para adorar al Señor es necesario “ver” más allá del velo de lo visible, que frecuentemente se revela engañoso. Herodes y los notables de Jerusalén representan la mundanidad, perennemente esclava de la apariencia, ven y no saben ver, no digo ven y no creen, es demasiado, no, no saben ver, porque su capacidad es exclava de la apariencia, están en busca de entretenimiento. La mundanidad sólo da valor a las cosas sensacionales, a las cosas que llaman la atención de la masa. En cambio, en los magos vemos una actitud distinta, que podríamos definir como realismo teologal. Una palabra demasiado alta, pero podemos decirlo así, realismo teologal. Este percibe con objetividad la realidad de las cosas, llegando finalmente a la comprensión de que Dios se aparta de cualquier ostentación. El Señor está en la humildad. El Señor es como aquel niño que huye de la ostentación, producto de la mundanidad. 

Este modo de “ver” que trasciende lo visible, hace que nosotros adoremos al Señor, a menudo escondido en las situaciones sencillas, en las personas humildes y marginales. Se trata pues de una mirada que, sin dejarse deslumbrar por los fuegos artificiales del exhibicionismo, busca en cada ocasión lo que no es fugaz, busca el Señor. Nosotros, por eso, como escribe el apóstol Pablo, «no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto, lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno» (2 Co 4,18).

Que el Señor Jesús nos haga verdaderos adoradores suyos, capaces de manifestar con la vida su designio de amor, que abraza a toda la humanidad. Pidamos la gracia para cada uno de nosotros y para toda la Iglesia de aprender a adorar, de continuar a adorar, la oración de adoración, que solo Dios es adorado.

Un proyecto muy especial: Fundación WILL

Hemos tenido conocimiento de esta Fundación a través del libro MUJERES BRÚJULA de Isabel Sánchez, que anteriormente colgamos en esta web.

En China invierten para ayudar a los niños a convertirse en jóvenes que puedan tener éxito no solo allí, sino también en el extranjero. Sin embargo, las escuelas convencionales, aunque académicamente rigurosas, no se pueden acomodar a estudiantes que necesitan una atención especial, y las escuelas con necesidades especiales solo atienden a niños con discapacidades graves de aprendizaje, como el síndrome de Down o la parálisis cerebral.  

Así surgió la Fundación Will, que ofrece a niños con necesidades especiales un entorno educativo que les permita progresar y ganar en autonomía. https://www.willfound.org/

De la página web Found Will

Misa de Navidad: Homilía del Papa Francisco y mensaje en la bendición ‘Urbi et Orbi’

Misa Navidad Papa homilía

Homilía del Santo Padre

En esta noche se cumple la gran profecía de Isaías: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado” (Is 9,5).

Misa Navidad Papa homilía

Un hijo se nos ha dado. A menudo se oye decir que la mayor alegría de la vida es el nacimiento de un hijo. Es algo extraordinario, que lo cambia todo, que pone en movimiento energías impensables y nos hace superar la fatiga, la incomodidad y las noches de insomnio, porque trae una felicidad indescriptible, ante la cual ya nada pesa. La Navidad es así: el nacimiento de Jesús es la novedad que cada año nos permite nacer interiormente de nuevo y encontrar en Él la fuerza para afrontar cada prueba. Sí, porque su nacimiento es para nosotros: para mí, para ti, para todos. Para cada uno. Nace para mí, nace para nosotros. Para es la palabra que se repite en esta noche santa: “Un hijo se nos ha dado para nosotros”, ha profetizado Isaías; “hoy ha nacido para nosotros el Salvador”, hemos repetido en el Salmo; Jesús “se entregó por y para nosotros” (cf. Tt 2,14), ha proclamado san Pablo; y el ángel en el Evangelio ha anunciado: “Ha nacido para vosotros un Salvador” (cf. Lc 2,11), para nosotros.

Mensaje Urbi et Orbi del Pontífice.

Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz Navidad!

Deseo hacer llegar a todos el mensaje que la Iglesia anuncia en esta fiesta, con las palabras del profeta Isaías: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado” (Is 9,5).

Ha nacido un niño: el nacimiento es siempre una fuente de esperanza, es la vida que florece, es una promesa de futuro. Y este Niño, Jesús, “ha nacido para nosotros”: un nosotros sin fronteras, sin privilegios ni exclusiones. El Niño que la Virgen María dio a luz en Belén nació para todos: es el “hijo” que Dios ha dado a toda la familia humana.

navidad urbi et orbi papa

Gracias a este Niño, todos podemos dirigirnos a Dios llamándolo “Padre”, “Papá”. Jesús es el Unigénito; nadie más conoce al Padre sino Él. Pero Él vino al mundo precisamente para revelarnos el rostro del Padre. Y así, gracias a este Niño, todos podemos llamarnos y ser verdaderamente hermanos: de todos los continentes, de todas las lenguas y culturas, con nuestras identidades y diferencias, sin embargo, todos hermanos y hermanas.

En este momento de la historia, marcado por la crisis ecológica y por los graves desequilibrios económicos y sociales, agravados por la pandemia del coronavirus, necesitamos más que nunca la fraternidad.

Embarazo y Covid-19: «¡Yo sé que la oración nos salvó!»

Opus Dei - Embarazo y Covid-19: «¡Yo sé que la oración nos salvó!»
Gisela y su familia

El quinto embarazo, lejos de ser el más relajado, fue el más complicado de todos. Tengo 34 años, tres bebés y tres ángeles en el cielo. Mi sueño siempre fue ser mamá, pero mi último embarazo, que vino a los cuatro meses de mi segunda nena, fue especial. Me enteré de que estaba embarazada dos semanas antes de que comenzase el confinamiento en Ecuador por la pandemia, así que lo viví en casa, con miedo, sin ver a nadie porque no queríamos correr ningún riesgo. Lamentablemente, a las 32 semanas de embarazo, me contagié de Covid-19.

Resultados inesperados y distanciamiento obligatorio

Eran las once de la noche, veíamos una serie con mi marido cuando llegaron los resultados. Al revisarlos se me heló la sangre, ¿qué debíamos hacer?, ¿cómo debíamos organizarnos en casa?, ¿mis hijos también estarían contagiados? Surgieron en mi mente muchas preguntas difíciles de responder. Nunca imaginamos que podía dar positivo; incluso mi esposo, Rober, dio negativo. Llamé a mi ginecólogo y su reacción me sorprendió más: era su primer caso de mujer embarazada con Covid-19. A pesar de esto, pudo tranquilizarme y me dio las directrices que debía seguir.

En ese instante Rober agarró su almohada, nos despedimos y se fue al cuarto de nuestro hijo mayor. Yo cerré la puerta del cuarto y comenzó mi cuarentena.

La cuñada de Gisela ayudaba a cuidar a los niños durante su hospitalización
La cuñada de Gisela ayudaba a cuidar a los niños durante su hospitalización

Comienzan las complicaciones

El sexto día me puse mal. Estaba débil y me costaba un poco hablar. Al siguiente día empeoré, así que me pusieron oxígeno en la casa. Al no haber mejoría, al noveno día fuimos a Urgencias. Tenía mucho miedo, pero desde ese momento llegaron una serie de personas, para mí, los ángeles de la guarda, que me cuidaron durante el tiempo que estuve hospitalizada.

El doctor internista, a quien no podía reconocer por todo el traje, mascarillas y visor, se me acercó y me dijo: “Gise, tranquila, soy el Gordo Jarrín. Todo va a estar bien, voy a estar a cargo de ti”. Lo primero que le pedí es que no me internase, ya que me aterraban todas las historias que había escuchado: “Si te internan, no sales”, había oído. Sin embargo, por seguridad mía y de mi bebé, decidieron internarme. El 3 de septiembre, tras una transfusión de plasma, pensé que me estaba levantando bien, pues había descansado y creí que estaba mejorando. En realidad era todo lo contrario… mi cuerpo no reaccionaba. Iba a desayunar y desde afuera las enfermeras dijeron: “Retiren el desayuno a la paciente”. Comenzó el movimiento, entraban y salían enfermeras, hasta que llegó el doctor y me dijo: “Gise, no has mejorado. Acabamos de salir de junta médica con tu ginecólogo y vamos a practicarte una cesárea de emergencia y te llevamos ahora a cuidados intensivos”.

Solo tenía 34 semanas de embarazo, ¿cómo le contaba lo que estaba sucediendo a Rober o a mis papás? ¿Qué pasaría si las cosas salían mal? Pensaba en mis hijos y nuevamente me llenaba de incertidumbres y miedos. Le rogué al personal médico que me dejaran ingresar a cuidados intensivos con mi celular, necesitaba ver a mis bebés. Ellos aceptaron y además me entregaron una estampa del beato Álvaro del Portillo que me había enviado mi esposo, que tuve conmigo todo el tiempo.

Los hermanos de Gisela recibieron a Sebastián el día del alta
Los hermanos de Gisela cuidaron del pequeño

El milagro de la vida

Luego de siete horas, sola en un cuarto lleno de máquinas y sonidos, con más de 15 personas que no podía reconocer por el equipo de protección que llevaban, me practicaron una cesárea. Estos maravillosos seres humanos recibieron a mi bebé. Yo solo le pedía a Dios que no me llevara, no podía ni quería dejar a mis hijos solos, no quería morirme. ¿Cómo le hacía eso a mi marido? Esa no podía ser una opción.

Sebastián nació como el guerrero que es, gritándole al mundo. Esta es la alegría y tranquilidad más grande que cualquier mamá puede tener. Nos abrazamos, y sin saber cuándo nos podríamos volver a ver, por su seguridad, se lo llevaron. Mi familia estaba afuera esperándolo, aunque tampoco podían recibirlo porque Rober y mis dos hijos acababan de dar positivo también. Pudieron verlo desde la ventana de neonatología, todos distanciados, pero sabíamos que estábamos bien.

¡Yo sé que la oración nos salvó!

Mucha gente nos escribía y llamaba. Teníamos miles de personas rezando por nosotros y yo podía sentirlo: ¡lo necesitaba! Nuestra familia y amigos no dejaron de mimarnos y cuidarnos. A mi casa llegaban golosinas, comida, regalos para mis hijos. No nos dejaron solos ni un minuto. Estuve tres días más en cuidados intensivos y cuatro adicionales en cuidados intermedios. Sebas, el bebé, salió un día antes que yo del hospital y como Rober seguía positivo en Covid-19, mi familia lo recibió y lo llevaron a la casa de mi hermano. Gracias a Dios, al siguiente día me dieron el alta y nos pudimos encontrar. Vivimos una semana más con mi hermano, cuidados y muy mimados, aunque mi familia seguía separada. Finalmente, luego de 18 días, llegó lo que tanto esperábamos. El virus se había ido y nos pudimos encontrar y comenzar la locura y magia de una familia de cinco miembros.

Reencuentro esperado

El reencuentro de la familia: Gisela junto a Rober y sus tres hijos

Ha sido la experiencia más dura para todos. El miedo trató de ser el protagonista de nuestros días, pero logramos que la fe y esperanza le ganaran. No nos dejamos vencer y sabemos que lo logramos porque hubo mucha gente rezando y pidiendo por nosotros. No nos cabe el agradecimiento que tenemos por todos los que estuvieron cerca de nuestra familia. Hoy nos sentimos muy queridos.

Esta pandemia no tiene excepciones, ni límites. Todos estamos expuestos y esa es una de las lecciones más importantes que nos ha dado. Por eso hay que seguir cuidándonos y cuidando a quienes queremos. Gracias a Dios, hoy nosotros podemos contar esta historia y agradecer, siempre agradecer.

Link: https://opusdei.org/es-es/article/embarazo-covid-oracion-ecuador/

Intenciones de oración del Papa Francisco para finalzar este año

«Orar puede cambiar la realidad y los corazones»: el Santo Padre habla sobre el poder de la oración que puede cambiar la realidad y los corazones, y pide que a través de una vida de oración podamos alimentar la relación con Jesucristo.

El video del Papa para este mes de diciembre, el último del 2020, acaba de salir a la luz con la intención de oración que Francisco confía a toda la Iglesia Católica a través de la Red Mundial de Oración del Papa (que incluye el Movimiento Eucarístico Juvenil – MEJ). En un año marcado por la pandemia mundial del COVID-19, el Santo Padre nos comparte el secreto de la vida de Jesús, “la llave para que podamos entrar en un diálogo personal con el Padre”: la oración.

A través de una vida de oración es posible vivir una relación personal y profunda con Jesucristo y cambiar nuestros corazones. La oración, escuchando a Jesús, contemplando a Jesús, hablando con él como a un amigo, transforma nuestras vidas. Es el camino para acercarnos al Padre. Para el Papa Francisco, la oración no se reduce únicamente a un espacio o momento de contemplación interior. “Orando cambiamos la realidad. Y cambiamos nuestros corazones”, dice en El Video del Papa.

La oración siempre produce un cambio. “Podemos hacer muchas cosas, pero sin oración no funciona”,añade el Pontífice. En la audiencia general del 4 de noviembre, el Santo Padre aprovechó además para explicar la vida de oración que siempre tuvo Jesús: “Durante su vida pública, Jesús recurre constantemente a la fuerza de la oración. Los Evangelios nos muestran esto cuando se retira a lugares apartados para orar. Son observaciones sobrias y discretas, que solo nos permiten imaginar esos diálogos orantes. Sin embargo, testifican claramente que, incluso en los momentos de mayor dedicación a los pobres y enfermos, Jesús nunca descuidó su diálogo íntimo con el Padre”.

Pope’s December prayer intention: For a life of prayer

Nuevas iniciativas para crear puentes

WCT is an inner-city social and cultural project for young women. Projects started in 2018 with the Fonteneige University Centre.FCL est un projet social et culturel pour jeunes femmes à Montréal.


Un grand merci à l’organisme Women Creating Ties – WCT pour ce don de nourriture et de pâtisseries réconfortantes! Avec l’arrivée des premières neiges, c’était le moment idéal pour les recevoir

CONTAGIOSOS. Segundo capítulo de la serie creada por Infinito +1

Si en el primer episodio conocíamos al rapero Grilex, ahora conocemos a Kati y Pancho, surferos y aventureros.

Dios les fue siguiendo mientras surfeaban por separado, en aguas turbulentas. En medio de un festival de música techno, se encontraron y descubrieron su destino. Ambos se sumergieron en la Fe y ahora ayudan con su testimonio a parejas de novios que se preparan para el matrimonio. O sea… cómo surfear en la misma tabla.

Una vez más, os pedimos ayuda para su difusión, compartiendo el link con vuestros conocidos. ¡Hagamos que esta ola de alegría llegue a todos los rincones!

También confiamos en que los primeros capítulos estimulen a más personas a colaborar con el proyecto, mediante donaciones a la Fundación.

Así podremos producir más capítulos y traducirlos y doblarlos a otros idiomas.

En este link encontraréis más información: https://www.infinitomasuno.org/donacion/

¡INFINITAS GRACIAS por sostener y empujar esta preciosa misión!Fundación INFINITO + 1 
Nunca, nadie, solo.

Miguel Feliu, un testimonio de amor a Dios y sentido del dolor. Su vida ha cambiado desde que le detectaron el Sarcoma de Ewing

Miquel, 18 años y con cáncer: «Pedí a Jesús ser una herramienta para acercar a la gente al Cielo»

https://www.religionenlibertad.com/personajes/479854438/miquel-cancer-pedi-jesus-herramienta-acercar-gente-cielo.html

Desde la cama del hospital, adonde acude continuamente desde hace un año para su tratamiento, Miquel es feliz porque ha asociado su vida a la Cruz para que acerque a otros al Cielo: lo que le había pedido al Señor.

La firma Miquel, 18 años, en su cuenta de Instagram. Dice así:

«La verdad es que hace unos meses mi amistad y amor hacía el Señor habían crecido a lo bestia.

»Rezaba mucho, le trataba más e intentaba darme a los demás. Estaba en un momento bastante bueno de mi vida. Ya tenía mis planes montados, mi fútbol, mi oración, mi Misa, mis estudios, mis amigos, las puestas a las que iría, el viaje de fin de curso…

»Literalmente todo.

»Solo me faltó una cosa. Preguntar a Dios qué le parecían mis planes. Quizás esto de ‘mis’ planes tenía que cambiar para convertirse en los planes del Señor. Pero yo no me daba cuenta.

»El fin de semana antes de ingresar en el hospital me fui de retiro. Allí me di cuenta de una cosa y se lo pedí a Jesús, le pedí que me convirtiera en una herramienta para acercar a la gente al Cielo, que me ayudara a dejar las cosas de la tierra y subir con Él a la cruz.

»Y Dios escuchó mi petición, sonrió y me la regaló. Solo una semana después me diagnosticaban tres tumores en el pulmón«.

«Nunca en mi vida he sido más feliz»

La historia sobrecoge, pero aún más el giro que imprime su autor al relato:

«Desde entonces todo ha sido felicidad, he visto más claro que nunca que en una familia las alegrías se multiplican y las penas se dividen.

»Jesús me ha pedido que me convierta en un Cirineo, que le ayude a cargar con la Cruz y que con esto haga que la gente se acerque un poco más al Cielo. Hay muchísima gente que reza para que ocurra un milagro.

»Desde mi punto de vista, el milagro ya ha ocurrido. Jesús está tocando el corazón de muchísimas personas y les está acercando a su Padre. Y cuando veo eso desde el hospital todo mi dolor y sufrimiento cobra sentido y me hace ser feliz.

»Cada día estoy un poco más enamorado de Jesús y de esta Cruz que me ha dado. También noto todo el apoyo de mi familia, de mis amigos, conocidos, del colegio o hasta de gente que ni me conoce. Así que no tengo ningún miedo en afirmar que sí, nunca en mi vida he sido más feliz«.

El camino al hospital y al Calvario

Miquel Feliu Wennberg vive en Sant Cugat del Vallés (Barcelona) y estudia un doble grado de Derecho y Global Governance. Antes de la enfermedad, rebosaba salud y ganas de ejercicio: «Disfrutaba practicando casi cualquier deporte que alguien me propusiera. Jugaba en un equipo de fútbol, ya que el fútbol es mi gran pasión desde pequeño», explica a ReL.

De hecho, en algunas de las fotos que ha subido a su perfil le vemos retomando los entrenamientos a mediados de septiembre, pensando en el momento «mágico» de volver a salir al terreno de juego a competir, tras el tiempo que el tratamiento le ha mantenido alejado del balón.

Todo empezó en diciembre de 2018 con un tumor benigno en el pie que «se quedó en nada, un pequeño aviso del cielo».

Al cabo de unos meses, un dolor en el pecho, muy intenso y acompañado de tos, que sentía de vez en cuando le llevó al hospital de nuevo. Era el mes de julio y no le encontraron nada, pero una crisis mayor con fiebre alta y asfixia provocó su ingreso el 29 de septiembre («día del Arcángel San Miquel, mi santo… bonita coincidencia»): «Un pulmón lleno de líquido que no me deja respirar, y tres masas tumorales de grandes dimensiones. Unos días después me diagnostican un sarcoma de Ewing y toca empezar una quimio de urgencia debido a que mi estado de salud cae en picado. Consiguen salvarme, pero el pronóstico es muy malo. Pasa un año, y 15 ciclos de quimio y 40 tandas de radio después, aquí seguimos, con un pronóstico igual de malo, pero con las mismas ganas de luchar que el primer día», comenta con ánimo.

«Si aquel día me hubiera ido al Cielo…»

En otro de sus posts, Miquel expresa cómo cambió su vida aquel 11 de octubre en el que recibió el diagnóstico:

«Dejé de vivir siguiendo los estándares de la sociedad, y empecé a disfrutar de las cosas pequeñas, de cada pequeño momento que me regalaba la vida. Asimilé que cada día que viviera de más, era un regalo, y que no lo podía malgastar. Me empecé a dar cuenta de las cosas que realmente importan en esta vida, aprendí a hacer las cosas que quería porque quería y a decir que no cuando había que decirlo.

»Si ese 29 de septiembre, o unos días después, me hubiera ido al Cielo, mi paso por esta tierra hubiera sido testimonial. Ahora lucho cada día para hacer de mi una mejor persona, para hacer más feliz la vida de los que me rodean y para intentar hacer de este mundo, aunque sea desde la cama de un hospital, una mesa en un bar, un campo de fútbol, un aula o una capilla, un sitio mejor para vivir.

»Hoy pido especialmente para que todos aprendamos a ser más reales, más nosotros, sin importarnos con quién estemos. Sin olvidar que la meta es el Cielo, y que allí nos esperan con muchísimas ganas a todos«.

El ejemplo paterno

Le preguntamos por el origen de esta serenidad que impresiona: «Desde pequeño mis padres me han educado en la fe y en los valores cristianos, me han enseñado a querer, a ser generoso, a escuchar, a pedir perdón, a rezar… Primero con las palabras y más adelante con el ejemplo. Al principio uno reza y va a misa por inercia, porque es lo que toca, después le toca decidir si realmente quiere seguir por este camino. Y allí es donde mis padres entran de lleno. Al ver su fe, su amor y confianza en Jesús, yo pensaba: ‘Algún día quiero ser como ellos, algún día quiero sentir lo que ellos sienten y creer como ellos creen’. Por eso le pedía Dios que aumentara mi fe, y le trataba todo lo bien que yo sabía, y todo lo bien que mis padres me habían enseñado».

Y a raíz de su problema ha aprendido mucho más: «Después de la enfermedad ya es otra historia, Dios me ha enseñado más en un año de enfermedad que en 17 perfectamente sano. Me faltaba abrir de par en par las puertas a Dios. Fui a un cole de la labor del Opus Dei, y desde hace muchos años recibo formación en un centro del Opus Dei, que también ha sido relevante en el desarrollo de mi fe«.

La paradoja

Tuvo que ser duro, en los albores de la juventud y cuando todo le sonreía, recibir un mazazo así. Miquel lo confirma: «Nunca te imaginas que eso de lo que tantas veces has oído hablar te pueda pasar. Los humanos, y los jóvenes especialmente, cometemos el error de creernos inmortales e inmunes a todo. Y humanamente hablando, somos tan poca cosa… Un coche no frena a tiempo y no hace falta nada más para no contarlo. Hoy una pandemia mundial, mañana ve a saber… podría ser casi cualquier cosa».

Lo que más llama la atención de su relato, que acumula miles de likes, es que sitúe en ese instante dramático el origen de su felicidad. ¿No es paradójico? Sí, dice, pero «justamente esta es la gracia, que si no lo explicas con la fe de por medio, no tiene una explicación lógica. Ahora miro atrás, y son tantas cosas que encajan a la perfección… Y te das cuenta de lo grandes y exageradamente perfectos que son los planes de Dios. Ahora veo la enfermedad como un medio de santificación, y como un medio para acercar a la gente a Dios y acercar a la gente al cielo, empezando por mí«. 

«Me siento feliz«, anuncia, «me siento querido, porque he aprendido a amar, no solo a Dios, a todo el mundo, amar sin excepciones, amar sin medida. He aprendido a vivir de verdad, no a medio gas, sino con la máxima intensidad que la vida nos permite, con la marcha 6ª siempre puesta. Pero la clave de todo, esta claramente en el amor, sin ninguna duda. El hombre esta hecho para amar y ser amado. Cuando consigue esto de verdad, ya tiene casi todo hecho».

Miquel encuentra su fuerza en el Evangelio, que lee con asiduidad, pero también cuando reza, o en misa, o en los consejos que recibe… «O en una canción que suena en un momento determinado, en las palabras de tu madre, en una película…. Dios está entre nosotros, y creo que se expresa por cosas cotidianas de la vida, y obviamente en la oración».

La certeza de Dios y del cielo es su gran fortaleza: «Sin eso, mi enfermedad pierde todo el sentido. La fe es el motor que empuja a seguir viviendo, y a seguir viviendo con alegría».

Dar gracias y ser generosos

Le pedimos a Miquel, desde la madurez que ha ganado en estos doce meses de lucha, un mensaje para la gente de su edad, y lo que nos devuelve es una reflexión válida para cualquier etapa de la vida: «La vida puede cambiar de un día a otro, lo hace cuando menos te lo esperas, y hay que estar preparado para todo lo que pueda llegar.

»Les pediría que aprendan a valorar las pequeñas cosas del día a día, la comida, una ducha caliente, el poder hacer deporte, el dormir en su cama, una charla con un amigo, el tener la libertad de hacer lo que les guste, porque un día todo esto se puede perder, y la frase de que ‘no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes’ cobra todo el sentido del mundo. Probablemente hay alguna persona en el mundo pidiéndole a Dios por todo lo que nosotros tenemos. Demos gracias, valorémoslo, y seamos generosos».