En las fiestas de Corpus Christi, Sagrado Corazón de Jesús y de María

Recordamos la homilía del Papa Francisco con motivo de Corpus Christi

«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer» (Dt 8,2). Recuerda: la Palabra de Dios comienza hoy con esa invitación de Moisés. Un poco más adelante, Moisés insiste: “No te olvides del Señor, tu Dios” (cf. v. 14). La Sagrada Escritura se nos dio para evitar que nos olvidemos de Dios. ¡Qué importante es acordarnos de esto cuando rezamos! Como nos enseña un salmo, que dice: «Recuerdo las proezas del Señor; sí, recuerdo tus antiguos portentos» (77,12). También las maravillas y prodigios que el Señor ha hecho en nuestras vidas.

Es fundamental recordar el bien recibido: si no hacemos memoria de él nos convertimos en extraños a nosotros mismos, en “transeúntes” de la existencia. Sin memoria nos desarraigamos del terreno que nos sustenta y nos dejamos llevar como hojas por el viento. En cambio, hacer memoria es anudarse con lazos más fuertes, es sentirse parte de una historia, es respirar con un pueblo. La memoria no es algo privado, sino el camino que nos une a Dios y a los demás. Por eso, en la Biblia el recuerdo del Señor se transmite de generación en generación, hay que contarlo de padres a hijos, como dice un hermoso pasaje:«Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: “¿Qué son esos mandatos […] que os mandó el Señor, nuestro Dios?”, responderás a tu hijo: “Éramos esclavos […] ―toda la historia de la esclavitud― y el Señor hizo signos y prodigios grandes […] ante nuestros ojos» (Dt 6,20-22). Tú le darás la memoria a tu hijo.

Pero hay un problema, ¿qué pasa si la cadena de transmisión de los recuerdos se interrumpe? Y luego, ¿cómo se puede recordar aquello que sólo se ha oído decir, sin haberlo experimentado? Dios sabe lo difícil que es, sabe lo frágil que es nuestra memoria, y por eso hizo algo inaudito por nosotros: nos dejó un memorial. No nos dejó sólo palabras, porque es fácil olvidar lo que se escucha. No nos dejó sólo la Escritura, porque es fácil olvidar lo que se lee. No nos dejó sólo símbolos, porque también se puede olvidar lo que se ve. Nos dio, en cambio, un Alimento, pues es difícil olvidar un sabor. Nos dejó un Pan en el que está Él, vivo y verdadero, con todo el sabor de su amor. Cuando lo recibimos podemos decir: “¡Es el Señor, se acuerda de mí!”. Es por eso que Jesús nos pidió: «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11,24). Haced: la Eucaristía no es un simple recuerdo, sino un hecho; es la Pascua del Señor que se renueva por nosotros. En la Misa, la muerte y la resurrección de Jesús están frente a nosotros. Haced esto en memoria mía: reuníos y como comunidad, como pueblo, como familia, celebrad la Eucaristía para que os acordéis de mí. No podemos prescindir de ella, es el memorial de Dios. Y sana nuestra memoria herida.

Ante todo, cura nuestra memoria huérfana. Vivimos en una época de gran orfandad. Cura la memoria huérfana.  Muchos tienen la memoria herida por la falta de afecto y las amargas decepciones recibidas de quien habría tenido que dar amor pero que, en cambio, dejó desolado el corazón. Nos gustaría volver atrás y cambiar el pasado, pero no se puede. Sin embargo, Dios puede curar estas heridas, infundiendo en nuestra memoria un amor más grande: el suyo. La Eucaristía nos trae el amor fiel del Padre, que cura nuestra orfandad. Nos da el amor de Jesús, que transformó una tumba de punto de llegada en punto de partida, y que de la misma manera puede cambiar nuestras vidas. Nos comunica el amor del Espíritu Santo, que consuela, porque nunca deja solo a nadie, y cura las heridas.

Con la Eucaristía el Señor también sana nuestra memoria negativa, esa negatividad que aparece muchas veces en nuestro corazón. El Señor sana esta memoria negativa.  que siempre hace aflorar las cosas que están mal y nos deja con la triste idea de que no servimos para nada, que sólo cometemos errores, que estamos “equivocados”. Jesús viene a decirnos que no es así. Él está feliz de tener intimidad con nosotros y cada vez que lo recibimos nos recuerda que somos valiosos: somos los invitados que Él espera a su banquete, los comensales que ansía. Y no sólo porque es generoso, sino porque está realmente enamorado de nosotros: ve y ama lo hermoso y lo bueno que somos. El Señor sabe que el mal y los pecados no son nuestra identidad; son enfermedades, infecciones. Y viene a curarlas con la Eucaristía, que contiene los anticuerpos para nuestra memoria enferma de negatividad. Con Jesús podemos inmunizarnos de la tristeza. Ante nuestros ojos siempre estarán nuestras caídas y dificultades, los problemas en casa y en el trabajo, los sueños incumplidos. Pero su peso no nos podrá aplastar porque en lo más profundo está Jesús, que nos alienta con su amor. Esta es la fuerza de la Eucaristía, que nos transforma en portadores de Dios: portadores de alegría y no de negatividad. Podemos preguntarnos: Y nosotros, que vamos a Misa, ¿qué llevamos al mundo? ¿Nuestra tristeza, nuestra amargura o la alegría del Señor? ¿Recibimos la Comunión y luego seguimos quejándonos, criticando y compadeciéndonos a nosotros mismos? Pero esto no mejora las cosas para nada, mientras que la alegría del Señor cambia la vida.

Además, la Eucaristía sana nuestra memoria cerrada. Las heridas que llevamos dentro no sólo nos crean problemas a nosotros mismos, sino también a los demás. Nos vuelven temerosos y suspicaces; cerrados al principio, pero a la larga cínicos e indiferentes. Nos llevan a reaccionar ante los demás con antipatía y arrogancia, con la ilusión de creer que de este modo podemos controlar las situaciones. Pero es un engaño, pues sólo el amor cura el miedo de raíz y nos libera de las obstinaciones que aprisionan. Esto hace Jesús, que viene a nuestro encuentro con dulzura, en la asombrosa fragilidad de una Hostia. Esto hace Jesús, que es Pan partido para romper las corazas de nuestro egoísmo. Esto hace Jesús, que se da a sí mismo para indicarnos que sólo abriéndonos nos liberamos de los bloqueos interiores, de la parálisis del corazón. El Señor, que se nos ofrece en la sencillez del pan, nos invita también a no malgastar nuestras vidas buscando mil cosas inútiles que crean dependencia y dejan vacío nuestro interior. La Eucaristía quita en nosotros el hambre por las cosas y enciende el deseo de servir. Nos levanta de nuestro cómodo sedentarismo y nos recuerda que no somos solamente bocas que alimentar, sino también sus manos para alimentar a nuestro prójimo. Es urgente que ahora nos hagamos cargo de los que tienen hambre de comida y de dignidad, de los que no tienen trabajo y luchan por salir adelante. Y hacerlo de manera concreta, como concreto es el Pan que Jesús nos da. Hace falta una cercanía verdadera, hacen falta auténticas cadenas de solidaridad. Jesús en la Eucaristía se hace cercano a nosotros, ¡no dejemos solos a quienes están cerca nuestro!

Queridos hermanos y hermanas: Sigamos celebrando el Memorial que sana nuestra memoria, ―recordemos: sanar la memoria; la memoria es la memoria del corazón―, este memorial es la Misa. Es el tesoro al que hay dar prioridad en la Iglesia y en la vida. Y, al mismo tiempo, redescubramos la adoración, que continúa en nosotros la acción de la Misa. Nos hace bien, nos sana dentro. Especialmente ahora, que realmente lo necesitamos.

Francisco: miremos con confianza al Sagrado Corazón de Jesús

Celebramos la Solemnidad del Corazón de Jesús: el Santo Padre nos invita, en un tweet, a “mirar con confianza al Sagrado Corazón de Jesús y a repetir con frecuencia, especialmente durante este mes de junio: Jesús manso y humilde de corazón, transforma nuestro corazón y enséñanos a amar a Dios y al prójimo con generosidad”.

Nuevo Capítulo de CONTAGIOSOS, nº 9

La productora INFINITO+1 nos facilita un nuevo capítulo como testimonio para contagiar nuestra fe.

Era PUNK y alérgico a las normas. Con tan solo 16 años, ALEXIS se fue de casa, empezó a delinquir y a traficar con drogas. La adicción a la cocaína y otras sustancias, le hicieron descender a los infiernos durante varios años, hasta que un día no pudo más y, estando al borde del suicidio, pidió auxilo desesperado a sus padres.

Con la ayuda de su familia pudo conocer la Comunidad Cenáculo. Allí, encontró la medicina que necesitaba: el amor de Dios y de sus hermanos en la Comunidad.

Hoy, Alexis, es padre de 3 hijos, está felizmente casado y es un maravilloso ejemplo de superación y de esperanza.

Partida de los hijos. El deber de crear su propia vida, dejando a los padres…

LIDIAR CON LA PARTIDA DE LOS HIJOS DEL HOGAR NO ES FÁCIL, ES POR ESO TE INVITAMOS A LEER: MAMÁ, ME TENGO QUE IR. ¡NO OLVIDES COMPARTIR!

No importa lo que haga, no importa donde esté, tú siempre serás la base de todo. Pero necesito crecer, mamá, es hora de que me vaya. Tal vez tardes en entender, tal vez llores incontables noches al ver el nido vacío; tal vez me llames con esa voz quebrada, dolida, de quien guarda un mundo de nostalgia en un nudo en la garganta. Pero mamá, me tengo que ir.

MAMÁ 1

¿Por qué dejar a mamá?

Tengo que aprender a separar la ropa por colores para lavarla bien. Debo descubrir que los platos se quedan en el fregadero al día siguiente, que el agradable olor del baño limpia después de haberlo limpiado. Tengo que aprender a cocinar más allá de los macarrones con salchicha, cuento con que internet me ayudará con eso. Debo aprender que mi sueldo necesita durarme 30 días y que bailar y tomar cerveza no son las necesidades más básicas. Tengo que sentirme solo. Tengo que decirle a los demás: «Mi mamá siempre dice que…» y sentir orgullo de los innumerables consejos que me has dado en la vida y que no siempre valoré como toca. Tengo que identificar las malas amistades, algo que hacías antes tú por mí. Tengo que ser fuerte y aguantarme ese insulto que mi jefe se merecía. Tú me enseñaste que un profesional serio no se descontrola tan fácilmente. Tengo que crear mis propios rituales de sábado por la tarde, que antes eran hacer pasteles y bailar contigo en la cocina. También tengo que quitarme el pijama los domingos, hacer la comida, hacer la cena y no simplemente leer un libro mientras espero que tú lo hagas todo por mí. Tengo que ver esa película increíble sin compañía y no tener a nadie con quién llorar tímidamente conmigo. Además tengo que sentir la falta del abrazo que era la fortaleza que necesitaba en un mal día y la sinceridad que me enseñaba a ser un ser humano mejor todos los días.

MAMÁ 2

Nunca es fácil

No pienses que es fácil para mí. Me va a doler todos los días de mi vida no regresar a casa y ver tu sonrisa tranquila, poder contarte cada detalle del día y no sentir una mínima señal de aburrimiento en tu rostro. Voy a sentir añoranza incluso cuando tenga dos hijos, incluso cuando tenga ochenta años, incluso si escribiera el mejor libro de la historia. Necesito irme, mamá, pero te llevo siempre conmigo…

MAMÁ 5

https://es.aleteia.org/2020/06/29/mama-me-tengo-que-ir/

https://es.aleteia.org/2015/04/09/los-hijos-se-van-y-ahora-que/

Un sacerdote se acerca al metro para dar la absolución en el accidente de México

El accidente en el metro de México, la noche del lunes 3 de mayo, causó la muerte por lo menos a 24 personas y dejó 79 heridos. Alrededor de las 22:20 hora local, dos vagones cayeron de un puente del metro que se derrumbó en las cercanías de la estación Olivos, en la zona este de la capital mexicana.

El sacerdote Juan Ortiz, párroco en la localidad de Zapotitlán, logró acercarse al lugar para conceder una absolución colectiva, una posibilidad prevista por la Iglesia en casos de peligro de muerte, cuando no hay un tiempo razonable para una confesión individual de cada penitente.

En una declaración a la página Desde la Fe, de la arquidiócesis de la Ciudad de México, el sacerdote contó que llegó hasta la menor distancia segura posible, rezó por los muertos y heridos y dio la absolución general.

Él recuerda que, poco antes, estaba realizando unas compras en un supermercado cercano cuando se fue la luz dos veces. Al salir del súper vio la calle ya cerrada y la policía presente en el lugar del colapso. La escena era fuerte.

“Vi que sacaban a los muertos en camillas (…) Todos estaban desesperados, con el desamparo de saber que allí había gente atrapada… Fue muy impactante ”.

Accidente en el metro de México: evitable

El sacerdote destacó que la tragedia se pudo haber evitado, ya que se habían reportado daños estructurales en este puente del metro desde el terremoto que sufrió la ciudad en 2017.

La región del accidente pertenece a la diócesis de Xochimilco, Tláhuac y Milpa Alta. El obispo, don Andrés Vargas Peña, ofreció su solidaridad y oraciones por las personas que murieron, por los heridos y sus familiares, además de celebrar la misa el día 4 por su intención. La arquidiócesis primada de México también ofreció la celebración de la Santa Misa por las víctimas del accidente.

Fuente: https://es.aleteia.org/2021/05/06/accidente-en-el-metro-de-mexico-sacerdote-da-absolucion-colectiva-a-las-victimas/

Dominique Dawes buscaba la felicidad en el deporte y la encontró en Cristo

Dominique Dawes, fue la primera mujer afroamericana en ganar una medalla en su disciplina, y con 24 años ya tenía tres medallas olímpicas.

Dominique Dawes nació en 1976 en Maryland.Desde su niñez entregó su vida a la gimnasia artística, sufriendo la soledad en medio de la “cultura tóxica” del deporte. La madre de Dominique era maestra en una escuela dominical bautista. La gimnasta detalla la importancia “de esa semilla que plantó mi madre en mí. El Espíritu Santo me ha protegido a lo largo de mi vida y me ha mantenido lejos de personas y situaciones que no eran las más recomendables”.

Cuando tenía 9 años, Dominique se fue a vivir con su entrenador para dedicarse a la gimnasia, donde permaneció aferrada a la fe. Mientras compaginaba su entrenamiento con sus estudios, se despertaba a las 5 de la mañana para entrenar dos horas antes de la escuela, y después seguía durante cinco horas más.  

A jornada completa, desde niña Dominique comenzó a cosechar sus primeros éxitos nacionales en un mundo que para ella era exigente, solitario, y sobre todo, tóxico.

En ese nivel “sacrificas toda tu infancia, especialmente si entrenas para los Juegos Olímpicos”, explica. “En mi caso, entrenaba más de treinta horas a la semana. Eso es un trabajo a tiempo completo, con la rutina física, emocional, social y psicológica de cada día que esto conlleva”.

“Mi madre hizo lo mejor que pudo conmigo y mi entrenador fue etiquetado muchas veces como una figura materna para mí, pero ninguno de ellos era verdaderamente feliz”, añade.

Dawes recuerda que pese a que entrenaba con sus compañeros de equipo, ninguno de ellos entrenaba a su nivel y se encontraba sola. “Sentía que necesitaba encontrar una madre que fuese feliz, con esos brazos amorosos en los que puedes encontrar ese consuelo y amor que nunca sentí cuando era niña. Hablaba mucho con Cristo, y le pedía y suplicaba ayuda”, explica.

“Me despertaba en medio de la noche y me arrodillaba, porque aunque amaba el deporte, tenía pasión por Cristo, me identificaba con Él y percibía que el deporte estaba infestado de una cultura tóxica. Era normal que te criticaran, ridiculizaran y te dijeran que no eras lo suficientemente bueno”. Conforme creció, Dawes comenzó a asistir a una Iglesia Interdenominacional Cristiana, donde participó en estudios bíblicos y conferencias religiosas, “en busca de la paz, alegría y felicidad”.

Con 20 años compitió con el equipo estadounidense de Las siete magníficas en los Juegos Olímpicos de Atlanta. “50.000 personas mirando en la `Cúpula de Georgia´, 3.400 millones de personas observando… me rompí emocionalmente. Era demasiado para mí”.  

Entonces la capitana de su equipo, Amanda Borden, se arrodilló a su lado y rezaron juntas. Dominique supo que no estaba sola “porque Él es quien me fortalece. Cuando me levanté, me sentí libre, ligera y salimos juntas. Hicimos historia”. Aquel día, `Las siete Magníficas´ ganaron el oro en Atlanta, quedando Rusia y Rumanía en segundo y tercer puesto.

La trayectoria de Dominique fue imparable. Obtuvo una medalla de bronce individual en suelo, y un nuevo bronce con su equipo en Sídney el año 2000. En los campeonatos mundiales fue tres veces plata y una vez bronce, y en los campeonatos estadounidenses sumó 15 medallas de oro individuales, 2 de plata y 2 de bronce entre 1991 (con quince años) y 1996. Sin embargo, cuenta que nunca sintió “que eso me completara”. Desde sus primeros años de éxito siempre estuvo “en búsqueda de la plenitud” hasta que, tras su retirada en el año 2000, comenzó a sentirse atraída por visitar una iglesia católica de Rockville, en Washington.

 “Fui y me senté en esa iglesia sabiendo muy poco sobre la fe católica, pero me sentía llamada a estar allí. Me encantó la sensación de paz y silencio”. Dominique se inscribió en el programa de Iniciación Cristiana para Adultos (RICA) y se enamoró profundamente de la fe católica, especialmente de la Virgen María.

En 2013 Dominique se convirtió a la fe católica y se casó con Jeff Thompson, un profesor católico a quien había conocido un año antes. Tuvieron cuatro hijos: Dakota, Quinn, Kateri y Lincoln Thompson. Tras su conversión, Dominique descubrió que sus entre sus familiares lejanos, no solo tenía una antepasada católica, sino que de hecho, esta era la primera santa nativa americana, Kateri Tekakwitha. Nació en el actual Nueva York en 1656, y fue canonizada con el nombre católico de Catalina Tekakwitha el 21 de octubre de 2012 por Benedicto XVI.

Dominique Dawes, dando clases en su propia academia de gimnasia. 

Enseña gimnasia de forma positiva.

Actualmente, la campeona del mundo dirige su propia academia de gimnasia en Washington (https://www.dominiquedawesgymnasticsacademy.com/), donde quiere transmitir una cultura del deporte “marcadamente distinta” a la que ella recibió. Allí, Dominique pretende “que todas las niñas que crucen estas puertas se den cuenta de que tienen todo lo que necesitan en su interior para tener éxito y que son más que aptos de lo que les enseña el actual deporte”.  “La gimnasia no es un deporte tóxico o corrupto. Es la cultura, y la cultura determina a la gente”, explicó tras recordar la presión y las críticas recibidas en sus

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” menciona Dawes citando su versículo favorito. “Tengo que recordármelo frecuentemente, necesito recordarme que no estoy sola, que no hice gimnasia sola, ni me forme sola en el vientre de mi madre. Siempre que tengo miedo o ansiedad, me recuerdo que Él está a mi lado”.

De ‘niño soldado’ a sacerdote: «Había perdido la esperanza»

Charles Mbikoyo Andrew es un sacerdote de 46 años de la diócesis de Tombura-Yambio, Sudán del Sur.

En Roma donde estudia

En 1989, durante la guerra, el grupo rebelde Liberación Popular de Sudán (SPLA) secuestró a 40 seminaristas y al difunto rector, el padre Matthew Samusa. Charles Mbikoyo Andrew estaba en ese grupo de niños y adolescentes llevados lejos para convertirlos en niños rebeldes o ‘Nyony’, contó a Aleteia.

«Estaba en mi segundo año de seminario menor en Rimenze, diócesis de Tombura-Yambio, Sudán del Sur, cuando fuimos secuestrados. Tenía 13 años y mis padres me hicieron un funeral porque pensaban que ya estaba muerto. Fuimos los primeros chicos secuestrados en Yambio (capital del estado de Ecuatoria Occidental, cerca de la frontera con la República Democrática del Congo)».

“¡Donde lleven a estos niños, me llevarán a mí!”, argumentó padre Matthew Samusa a los hombres armados y no quiso separarse de los 40 muchachos.

“Nos internaron en el bosque para hacernos soldados. Caminábamos por la foresta todo el día, desde las 6 de la mañana hasta las 6 de la tarde, durante 3 meses, haciendo ejercicio militar, adiestramiento, hasta el agotamiento”.

Moriré en la guerra

El fenómeno de los niños-soldado siempre ha existido, pero desde el año 2000 se considera un crimen de guerra.

Charles pensó que era el final: “Moriré en la guerra”. La esperanza era una palabra distante como las caricias de su madre y los momentos familiares. “No imaginaba que amigos, parientes y personas de la comunidad rezaban, hacían la adoración al Santísimo y misas por nuestras almas”.

“A veces no teníamos comida, sino sólo miel y frutas en el bosque. Caminábamos desde Rimenze, Yambio, por la selva hasta Yei (Se encuentra cerca de las fronteras de Uganda y la República Democrática del Congo). Antes de ir a luchar, 5 de nosotros escapamos esa mañana y llegamos a la ciudad de Yei por la noche”.

“Nuestro rector, el padre Matthew Samusa, siempre nos dirigía palabras de esperanza y a veces rezábamos juntos. Gracias a Dios no fuimos torturados físicamente y ninguno de nosotros murió”.

Una fuerza me protege

Padre Matthew Samusa les decía en el secreto y a espaldas de los carceleros: “El Señor los ha escogido para ser sacerdotes y les liberará”.

Charles hacía un esfuerzo enorme, las plegarias parecían en vano, pero estrechaba las manos de sus compañeros al decirlas. Padre Samusa les recordaba esos días felices en el seminario. Era una luz tenue, muda, lejana quizá, pero que gritaba dentro: “Sé que hay una fuerza por encima de mí, sé que me protege”, recuerda.

“Al final todos consiguieron escapar y volver a casa: 3 de nosotros nos convertimos en sacerdotes, entre los 40 seminaristas que fueron secuestrados. En África y otras partes del mundo siempre hay reclutamiento de niños y adolescentes cuando explota la guerra por parte de los militares y de los rebeldes para obligarlos a pelear por ellos”. (I)

Con información de aleteia.org

Perdonar es imprescindible para tener paz

Immaculée Ilibagiza, una de las víctimas del Genocidio de Ruanda, al que sobrevivió encerrada 91 días en un lavabo y protegida por un pastor hutu.

Actualmente a través de conferencias y del libro MI VIAJE HACIA EL PERDÓN, explica cómo perdonar a quienes mataron a su familia y a muchos de sus amigos y queridos.

Procedente de una familia católica que le enseñó a rezar desde pequeña. Encerrada en aquél diminuto lavabo, con otras 7 mujeres más, no encontraba la paz y a través del Rosario, entendió que hasta que no perdonara, no podría rezar bien el Padre Nuestro.

La alegría de las familias numerosas

NO EXCLUYE QUE LAS DEMÁS FAMILIAS NO TENGAN ALEGRíA. ES UN BENEFICIO CUANDO SON NUMEROSAS.

Ejemplo es Rosa Pich-Aguilera viuda con 15 hijos. Rosa tuvo en realidad 18 hijos, pero 3 de ellos fallecieron por una malformación congénita en el corazón. Su marido murió hace pocos años de un cáncer fulminante y ha dejado 15 hijos. Todos los encargos de la casa se los reparten, los mayores ayudan a los más pequeños. Todo se comparte.

17 abril a las 10 am. hora española. La familia luz en la oscuridad del mundo XI Congreso de Familias y Docentes Católicos

XI Congreso de Familias y Docentes Católicos

Para que su luz no se apague, para que brille con más fuerza en este año de la familia, Educatio Servanda ha organizado un CONGRESO DE FAMILIAS Y DOCENTES que podrás seguir online desde tu casa o, desde donde lo desees, gratuitamente.

El congreso está dirigido a familias, a educadores en el sentido más amplio y, por supuesto, a quienes, como tú, estáis interesados en conocer el alcance de unas leyes que agreden, no solo los derechos y libertades básicas de la familia, sino también los de una sociedad que se resiste a aceptar que el Estado interfiera incluso en los ámbitos más íntimos del ser humano. Leyes que parecen querer imponernos cómo hemos de vivir, e incluso cuándo y cómo hemos de morir.

Es el momento de decirle a nuestros gobernantes y a toda la sociedad lo que es verdaderamente la familia:

“La familia, luz en la oscuridad del mundo”

Emilio Calatayud, Monseñor Argüello, Alicia Delibes, Manuel Martínez-Sellés, Gregorio Luri, Monseñor Reig Plá, entre otros, forman parte de las ponencias y mesas donde se combinarán fundamentos con enfoques prácticos para conocer cómo nos afectan a nosotros como padres y a nuestros hijos el conjunto de leyes y proyectos de ley que, de manera directa o indirecta inciden ya en la vida cotidiana de las familias.

Nos hemos esforzado mucho, así que esperamos que lo disfrutes y te resulte del máximo interés, también para saber abordar situaciones concretas que te afectarán a ti y a tu familia.

Puedes informarte e inscribirte ya pinchando en este link:

http://educadorescatolicos.org/?utm_content=Educaci%C3%B3n%2C%20Eutanasia%2C%20Genero%2C%20Infancia%2C%20las%20leyes%20que%20apagan%20la%20luz%20de%20la%20familia&utm_campaign