Catequesis del Papa Francisco 7/9/2016 sobre hacer un Dios a la medida de cada uno

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

Hemos escuchado un pasaje del Evangelio de Mateo (11,2-6). El intento del evangelista es aquel de hacernos entrar más profundamente en el misterio de Jesús, para recibir su bondad y su misericordia. El episodio es el siguiente: Juan Bautista envía a sus discípulos a Jesús –Juan estaba en la cárcel- para hacerles una pregunta muy clara: «¿Eres tú quien debe venir o debemos esperar a otro?» (v. 3). Era justo en el tiempo de la obscuridad…

El Bautista esperaba con ansias el Mesías y en su predicación lo había descrito con colores fuertes como un juez que finalmente habría instaurado el reino de Dios y purificado a su pueblo, premiando a los buenos y castigando a los malos. Él predicaba así: «El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles: por eso el árbol que no produce buen fruto será cortado y arrojado al fuego» (Mt 3,10). Ahora Jesús ha iniciado su misión pública con un estilo distinto; Juan sufre y en la doble obscuridad –en la obscuridad de la cárcel, en la obscuridad de la celda, y en la obscuridad del corazón no comprende este estilo y quiere saber si es Él el Mesías, o si más bien debe esperar a otro.

Y la respuesta de Jesús parece a primera impresión que no corresponde a la solicitud del Bautista. Jesús, de hecho, dice: «Vayan a contar a Juan lo que han visto y oído: los ciegos ven, los paralíticos caminan, los leprosos son purificados y los sordos oyen, los muertos resucitan, la Buena Noticia es anunciada a los pobres. ¡Y feliz aquel para quien yo no sea motivo de escándalo!». (Lc 7, 22-23). Esta es la respuesta de Jesús.

Aquí queda claro el intento del Señor Jesús: Él responde que es el instrumento concreto de la misericordia del Padre, que va al encuentro de todos llevando la consolación y la salvación, y de este modo manifiesta el juicio de Dios. Los ciegos, los paralíticos, los leprosos, los sordos recuperan su dignidad y no son más excluidos por su enfermedad, los muertos vuelven a vivir, mientras que a los pobres le es anunciada la Buena Noticia. Y esta se convierte en la síntesis del actuar de Jesús, que en este modo hace visible y tangible el actuar mismo de Dios.

El mensaje que la Iglesia recibe de esta narración de la vida de Cristo es muy claro. Dios no ha mandado a su Hijo en el mundo para castigar a los pecadores ni para aniquilar a los malvados. A ellos, en cambio, se les dirige la invitación a la conversión de modo que, viendo los signos de la bondad divina, puedan reencontrar el camino de regreso. Como dice el Salmo: «Si tienes en cuenta las culpas, Señor, Señor, ¿quién podrá resistir? Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido» (Salmo 130,3-4).

La justicia que el Bautista colocaba al centro de su predicación, en Jesús se manifiesta en primer lugar como misericordia. Y las dudas del Precursor no hacen más que anticipar el desconcierto que Jesús suscitará a continuación con sus obras y sus palabras. Se comprende, entonces, la conclusión de la respuesta de Jesús. Dice: «Feliz aquel para quien yo no sea motivo de escándalo!». Escándalo significa “obstáculo”. Por eso Jesús advierte sobre un particular peligro: si el obstáculo a creer es sobre todo sus acciones de misericordia, eso significa que si tiene una falsa imagen del Mesías. Bienaventurados en cambio aquellos que, de frente a los gestos y a las palabras de Jesús, dan gloria al Padre que está en los cielos.

La amonestación de Jesús es siempre actual: también hoy el hombre construye imágenes de Dios que le impiden disfrutar su presencia real. Algunos se recortan una fe que “cada uno hace a su medida” y que reduce a Dios en el espacio limitado de los propios deseos y de las propias convicciones. Pero esta fe no es conversión al Señor que se revela, más bien, impide el provocar nuestra vida y nuestra conciencia. Otros reducen a Dios a un falso ídolo; usan su santo nombre para justificar los propios intereses o incluso el odio y la violencia. Para otros todavía Dios es solamente un refugio psicológico para ser tranquilizados en los momentos difíciles: se trata de una fe plegada en sí misma, impermeable a la fuerza del amor misericordioso de Jesús que empuja hacia los hermanos. Otros todavía consideran a Cristo solo un buen maestro de enseñanzas éticas, uno entre tantos de la historia. Finalmente, hay quien sofoca la fe en una relación puramente intimista con Jesús, anulando su impulso misionero capaz de transformar al mundo y la historia. Nosotros cristianos creemos en el Dios de Jesucristo, y su deseo es aquel de crecer en la experiencia viva de su misterio de amor.

Por lo tanto, comprometámonos a no interponer algún obstáculo al actuar misericordioso del Padre, pero pidamos el don de una fe grande para ser también nosotros signos e instrumentos de misericordia. Gracias.

Homilía del Papa Francisco en la Misa de clausura de la JMJ Cracovia 2016

 

Queridos jóvenes: habéis venido a Cracovia para encontraros con Jesús. Y el Evangelio de hoy nos habla precisamente del encuentro entre Jesús y un hombre, Zaqueo, en Jericó (cf. Lc 19,1-10). Allí Jesús no se limita a predicar, o a saludar a alguien, sino que quiere —nos dice el Evangelista— cruzar la ciudad (cf. v. 1). Con otras palabras, Jesús desea acercarse a la vida de cada uno, recorrer nuestro camino hasta el final, para que su vida y la nuestra se encuentren realmente.

Tiene lugar así el encuentro más sorprendente, el encuentro con Zaqueo, jefe de los «publicanos», es decir, de los recaudadores de impuestos. Así que Zaqueo era un rico colaborador de los odiados ocupantes romanos; era un explotador de su pueblo, uno que debido a su mala fama no podía ni siquiera acercarse al Maestro. Sin embargo, el encuentro con Jesús cambió su vida, como sucedió, y cada día puede suceder, con cada uno de nosotros. Pero Zaqueo tuvo que superar algunos obstáculos para encontrarse con Jesús: al menos tres, que también pueden enseñarnos algo a nosotros.
El primero es la baja estatura: Zaqueo no conseguía ver al Maestro, porque era bajo. También nosotros podemos hoy caer en el peligro de quedarnos lejos de Jesús porque no nos sentimos a la altura, porque tenemos una baja consideración de nosotros mismos. Esta es una gran tentación, que no sólo tiene que ver con la autoestima, sino que afecta también la fe. Porque la fe nos dice que somos «hijos de Dios, pues ¡lo somos!» (1 Jn 3,1): hemos sido creados a su imagen; Jesús hizo suya nuestra humanidad y su corazón nunca se separará de nosotros; el Espíritu Santo quiere habitar en nosotros; estamos llamados a la alegría eterna con Dios. Esta es nuestra «estatura», esta es nuestra identidad espiritual: somos los hijos amados de Dios, siempre. Entendéis entonces que no aceptarse, vivir infelices y pensar en negativo significa no reconocer nuestra identidad más auténtica: es como darse la vuelta cuando Dios quiere fijar sus ojos en mí; significa querer impedir que se cumpla su sueño en mí. Dios nos ama tal como somos, y no hay pecado, defecto o error que lo haga cambiar de idea. Para Jesús —nos lo muestra el Evangelio—, nadie es inferior y distante, nadie es insignificante, sino que todos somos predilectos e importantes: ¡Tú eres importante! Y Dios cuenta contigo por lo que eres, no por lo que tienes: ante él, nada vale la ropa que llevas o el teléfono móvil que utilizas; no le importa si vas a la moda, le importas tú. A sus ojos, vales, y lo que vales no tiene precio.

Cuando en la vida sucede que apuntamos bajo en vez de a lo alto, nos puede ser de ayuda esta gran verdad: Dios es fiel en su amor, y hasta obstinado. Nos ayudará pensar que nos ama más de lo que nosotros nos amamos, que cree en nosotros más que nosotros mismos, que está siempre de nuestra parte, como el más acérrimo de los «hinchas». Siempre nos espera con esperanza, incluso cuando nos encerramos en nuestras tristezas, rumiando continuamente los males sufridos y el pasado. Pero complacerse en la tristeza no es digno de nuestra estatura espiritual. Es más, es un virus que infecta y paraliza todo, que cierra cualquier puerta, que impide que la vida se reavive, que recomience. Dios, sin embargo, es obstinadamente esperanzado: siempre cree que podemos levantarnos y no se resigna a vernos apagados y sin alegría. Porque somos siempre sus hijos amados. Recordemos esto al comienzo de cada día. Nos hará bien decir todas las mañanas en la oración: «Señor, te doy gracias porque me amas; haz que me enamore de mi vida». No de mis defectos, que hay que corregir, sino de la vida, que es un gran regalo: es el tiempo para amar y ser amado.

Zaqueo tenía un segundo obstáculo en el camino del encuentro con Jesús: la vergüenza paralizante. Podemos imaginar lo que sucedió en el corazón de Zaqueo antes de subir a aquella higuera, habrá tenido una lucha afanosa: por un lado, la curiosidad buena de conocer a Jesús; por otro, el riesgo de hacer una figura bochornosa. Zaqueo era un personaje público; sabía que, al intentar subir al árbol, haría el ridículo delante de todos, él, un jefe, un hombre de poder. Pero superó la vergüenza, porque la atracción de Jesús era más fuerte. Habréis experimentado lo que sucede cuando una persona se siente tan atraída por otra que se enamora: entonces sucede que se hacen de buena gana cosas que nunca se habrían hecho. Algo similar ocurrió en el corazón de Zaqueo, cuando sintió que Jesús era de tal manera importante que habría hecho cualquier cosa por él, porque él era el único que podía sacarlo de las arenas movedizas del pecado y de la infelicidad. Y así, la vergüenza paralizante no triunfó: Zaqueo —nos dice el Evangelio— «corrió más adelante», «subió» y luego, cuando Jesús lo llamó, «se dio prisa en bajar» (vv. 4.6.). Se arriesgó y actuó. Esto es también para nosotros el secreto de la alegría: no apagar la buena curiosidad, sino participar, porque la vida no hay que encerrarla en un cajón. Ante Jesús no podemos quedarnos sentados esperando con los brazos cruzados; a él, que nos da la vida, no podemos responderle con un pensamiento o un simple «mensajito».

Queridos jóvenes, no os avergoncéis de llevarle todo, especialmente las debilidades, las dificultades y los pecados, en la confesión: Él sabrá sorprenderos con su perdón y su paz. No tengáis miedo de decirle «sí» con toda la fuerza del corazón, de responder con generosidad, de seguirlo. No os dejéis anestesiar el alma, sino aspirad a la meta del amor hermoso, que exige también renuncia, y un «no» fuerte al doping del éxito a cualquier precio y a la droga de pensar sólo en sí mismo y en la propia comodidad.

Después de la baja estatura y la vergüenza paralizante, hay un tercer obstáculo que Zaqueo tuvo que enfrentar, ya no en su interior sino a su alrededor. Es la multitud que murmura, que primero lo bloqueó y luego lo criticó: Jesús no tenía que entrar en su casa, en la casa de un pecador. ¿Qué difícil es acoger realmente a Jesús, qué duro es aceptar a un «Dios, rico en misericordia» (Ef 2,4). Puede que os bloqueen, tratando de haceros creer que Dios es distante, rígido y poco sensible, bueno con los buenos y malo con los malos. En cambio, nuestro Padre «hace salir su sol sobre malos y buenos» (Mt 5,45), y nos invita al valor verdadero: ser más fuertes que el mal amando a todos, incluso a los enemigos. Puede que se rían de vosotros, porque creéis en la fuerza mansa y humilde de la misericordia. No tengáis miedo, pensad en cambio en las palabras de estos días: «Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia» (Mt 5,7). Puede que os juzguen como unos soñadores, porque creéis en una nueva humanidad, que no acepta el odio entre los pueblos, ni ve las fronteras de los países como una barrera y custodia las propias tradiciones sin egoísmo y resentimiento. No os desaniméis: con vuestra sonrisa y vuestros brazos abiertos predicáis la esperanza y sois una bendición para la única familia humana, tan bien representada por vosotros aquí.

Aquel día, la multitud juzgó a Zaqueo, lo miró con desprecio; Jesús, en cambio, hizo lo contrario: levantó los ojos hacia él (v. 5). La mirada de Jesús va más allá de los defectos para ver a la persona; no se detiene en el mal del pasado, sino que divisa el bien en el futuro; no se resigna frente a la cerrazón, sino que busca el camino de la unidad y de la comunión; en medio de todos, no se detiene en las apariencias, sino que mira al corazón. Jesús mira nuestro corazón, tu corazón, mi corazón. Con esta mirada de Jesús, podéis hacer surgir una humanidad diferente, sin esperar a que os digan «qué buenos sois», sino buscando el bien por sí mismo, felices de conservar el corazón limpio y de luchar pacíficamente por la honestidad y la justicia. No os detengáis en la superficie de las cosas y desconfiad de las liturgias mundanas de la apariencia, del maquillaje del alma para aparentar ser mejores. Por el contrario, instalad bien la conexión más estable, la de un corazón que ve y transmite el bien sin cansarse. Y esa alegría que habéis recibido gratis de Dios, dadla gratis (cf. Mt 10,8), porque son muchos los que la esperan.

Escuchamos por último las palabras de Jesús a Zaqueo, que parecen dichas a propósito para nosotros en este momento: «Date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa» (v. 5). Date prisa, porque hoy es necesario que me quede en tu casa. Ábrele la puerta de tu corazón.

Jesús te dirige la misma invitación: «Hoy tengo que alojarme en tu casa». La Jornada Mundial de la Juventud, podríamos decir, comienza hoy y continúa mañana, en casa, porque es allí donde Jesús quiere encontrarnos a partir de ahora. El Señor no quiere quedarse solamente en esta hermosa ciudad o en los recuerdos entrañables, sino que quiere venir a tu casa, vivir tu vida cotidiana: el estudio y los primeros años de trabajo, las amistades y los afectos, los proyectos y los sueños. Cómo le gusta que todo esto se lo llevemos en la oración. Él espera que, entre tantos contactos y chats de cada día, el primer puesto lo ocupe el hilo de oro de la oración. Cuánto desea que su Palabra hable a cada una de tus jornadas, que su Evangelio sea tuyo, y se convierta en tu «navegador» en el camino de la vida.

Jesús, a la vez que te pide de ir a tu casa, como hizo con Zaqueo, te llama por tu nombre. Tu nombre es precioso para él. El nombre de Zaqueo evocaba, en la lengua de la época, el recuerdo de Dios.

Fiaros del recuerdo de Dios: su memoria no es un «disco duro» que registra y almacena todos nuestros datos, sino un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal. Procuremos también nosotros ahora imitar la memoria fiel de Dios y custodiar el bien que hemos recibido en estos días. En silencio hagamos memoria de este encuentro, custodiemos el recuerdo de la presencia de Dios y de su Palabra, reavivemos en nosotros la voz de Jesús que nos llama por nuestro nombre. Así pues, recemos en silencio, recordando, dando gracias al Señor que nos ha traído aquí y ha querido encontrarnos.

8 momentos imperdibles de la Vigilia JMJ Cracovia con el Papa Francisco

1. El Papa atraviesa la Puerta Santa, de la mano con 6 jóvenes

La vigilia inició con el recorrido del Papa a través de la Puerta Santa de la Misericordia, construida para la ocasión, hasta llegar al altar del Campus Misericordiae. Fue acompañado por representantes de los 5 continentes, quienes después se sentaron alrededor de su silla.

2. “El camino hacia Jesús”  

Se da inicio a la Vigilia acompañada por 5 escenas de la vida Santa Faustina Kowalska y su camino para seguir a Cristo, así como 3 fuertes testimonios de jóvenes de diferentes nacionalidades que recuperaron su esperanza por la gracia de Dios.

Card. Dziwisz: Jóvenes son esperanza de la Iglesia y del mundo src=twsrc%5Etfw

3. Primera escena: “Fe para los que dudan”

La primera escena presentó el baile de un grupo de jóvenes al interior de una discoteca moderna en la que una de las jóvenes, Elena Kowalska (la futura Santa Faustina Kowalska), se detiene, se aleja del grupo y se vuelve hacia ellos mirándolos con tristeza. La joven queda pensativa y se coloca un velo negro.

Aquí aparece la primera “testigo de la misericordia”, Natalia Wrzesien (Polonia), quien compartió su testimonio de vida. Ella llevaba una vida de supuesto éxito, diversiones, pero no encontraba paz.  Acudir al Sacramento de la Reconciliación cambió su vida.

4. Segunda escena: “La esperanza para los que se resignan”

En una pantalla gigante se reprodujeron videos sobre los ataques terroristas del 11 de septiembre, Nueva York y París en 2015, así como escenas de la guerra de Irak y Siria.

La escenificación presenta a siete bailarines que buscan expresar el dolor y la tragedia de perder a sus seres queridos en la guerra. Durante el baile, la joven que representa a Santa Faustina acepta partes de su hábito religioso y la cruz.

Esta joven conmovió a todos en JMJ con su testimonio del perdón de Dios

5. Tercera escena: “El amor a los que están tibios”

Aquí se presenta el problema de la civilización moderna: los jóvenes que se encierran en sí mismos ante la tecnología. En la escenificación una bailarina recorrió unas paredes transparentes que simbolizan el aislamiento. Detrás de cada una había jóvenes inmóviles utilizando dispositivos electrónicos.

Por último, un joven se da cuenta de la bailarina, sale del cristal y baila con ella. En este punto, la escena se detiene y Santa Faustina canta con lamento.

6. Cuarta escena: “El perdón de los que son culpables”

El tema de la escena es el perdón de los vecinos, el rechazo del mal y la reconciliación. En la pantalla gigante se reproducen imágenes del día en que el Papa San Juan Pablo II fue herido gravemente de bala por los disparos del turco Alí Agca.

En la escenificación Sor Faustina observa la figura del querido Papa Wojtyla sentado junto a su agresor, simulando el día en que el Santo lo visitó y perdonó.

7. Quinta escena: “Alegría a los que están tristes”

El tema de la escena es el dolor que resulta de las adicciones y la monotonía de la vida en el mundo de hoy; así como la alegría ante las dificultades.

Faustina llega a la escena mientras un grupo de jóvenes de prendas desgarbadas bailan hip hop y break dance.

8. La adoración eucarística

Tras finalizar las escenificaciones, el Papa Francisco pronunció un emocionante y extenso discurso, y luego se realizó la adoración al Santísimo Sacramento con meditaciones, cantos que prepararon los peregrinos, acompañados de una orquesta.

Luego la oración en silencio, de rodillas y la Coronilla de la Misericordia cantada por el coro

 

Desde Cracovia, el Papa Francisco ofrece 3 consejos para cuidar el matrimonio

Me dicen que hay muchos de ustedes que entienden el castellano, así que voy a hablar en castellano. También me dicen que hoy hay un buen grupo acá en esta plaza de recién casados y jóvenes esposos.

Yo cuando encuentro a uno que se casa, a un joven que se casa, a una chica que se casa, les digo estos son los que tienen coraje porque no es fácil formar una familia, no es fácil comprometer la vida para siempre, hay que tener coraje y los felicito porque ustedes tienen coraje.

A veces me preguntan cómo hacer para que la familia vaya siempre adelante y supere las dificultades. Yo les sugiero que practique siempre tres palabras, tres palabras que expresan tres actitudes: tres palabras que los pueden ayudar a vivir la vida del matrimonio porque en la vida del matrimonio hay dificultades.
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Kraków @krakow_pl
Dziś atmosfera pod «oknem papieskim» nieco mniej refleksyjna! @Pontifex_pl podejmował dialog z młodymi. fot.B. Ś.
20:57 – 28 jul 2016
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El matrimonio es algo tan lindo, tan hermoso, que tenemos que cuidarlo porque es para siempre y las tres palabras son: permiso, gracias y perdón.

1.- Permiso: Siempre preguntar al cónyuge, la mujer al marido y el marido a la mujer: ¿Qué te parece, te parece que hagamos esto? Nunca atropellar, permiso.

2- Segunda palabra: ser agradecidos: Cuántas veces el marido le tiene que decir a la mujer, gracias; y cuántas veces la esposa le tienen que decir al marido, gracias. Agradecerse mutuamente porque el sacramento del matrimonio se lo confieren los esposos, el uno al otro. Y esta relación sacramental se mantiene con este sentimiento de gratitud, gracias.

3.- La tercera palabra es perdón: Es una palabra muy difícil de pronunciar. En el matrimonio siempre, o el marido o la mujer siempre tienen alguna equivocación. Saber reconocerla y pedir disculpas, pedir perdón, hace mucho bien.

Hay jóvenes familias, recién casados, muchos están casados, otros están por casarse. Recuerden estas tres palabras que ayudarán tanto a la vida matrimonial: permiso, gracias, perdón. Repitámoslas juntos: permiso, gracias, perdón. Más fuerte, todos: permiso, gracias, perdón.

Bueno, todo esto es muy lindo, es muy lindo decirlo en la vida matrimonial, pero siempre hay en la vida matrimonial problemas o discusiones. Es habitual y sucede que el esposo y la esposa discuten, alcen la voz, se peleen.

Y que a veces vuelen los platos (risas), pero no se asusten cuando sucede esto, les doy un consejo, nunca terminen el día sin hacer la paz.

¿Y saben por qué? Porque la guerra fría al día siguiente es muy peligrosa. ‘¿Y como tengo que hacer Padre, para hacer la paz?’ Puede preguntar alguno de ustedes. No hace falta un discurso, basta un gesto (El Papa se toca la cara dos veces y lo repite), y se acabó, ya está hecha la paz. Cuando hay amor un gesto arregla todo.

Los invito antes de recibir la bendición, a rezar por todas las familias aquí presentes, por los recién casados, por los casados de hace tiempo y que conocen todo esto que ya les dije, y por los que se van a casar.

Recemos juntos un Ave Maria, cada uno en su lengua.

(Ave Maria)

Que los bendiga Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y recen por mí, de verdad recen por mí.

¡Buenas noches y buen reposo!

Historias de la Jornada Mundial de la Juventud

Cracovia. 2016. Decenas de miles de jóvenes venidos de los cuatro puntos cardinales han llegado a la capital polaca para participar, junto al Papa Francisco, en la 31ª Jornada Mundial de la Juventud. Cada uno con su historia, sus ilusiones y preocupaciones.

Opus Dei - Historias de la Jornada Mundial de la Juventud

 

Guillermo Mijancos, 28 años (España)Guillermo y Bea, su novia. Vive en Múnich. Fotografía: Ismael Martínez Sánchez.

«Tocaba la batería en un grupo de música con unos amigos piratas. Eso era para mí ser joven. Vivía para los conciertos de amigos y los disfrutábamos cada fin de semana, enganchado a vivir cada segundo en el escenario… aunque tocar ‘los palos‘ implicaba ser paciente. Terminé arquitectura en Sevilla y emigré a Múnich buscando trabajo. No pude traerme la batería… pero apliqué la táctica de la paciencia y Dios me premió con un trabajo y una novia. Ambos me han ayudado a conocerme: Bea, mi novia, conoce mis defectos y me ayuda a ser paciente, y el jefe me anima a dar lo mejor.

TERMINÉ ARQUITECTURA EN SEVILLA Y EMIGRÉ A MÚNICH BUSCANDO TRABAJO. NO PUDE TRAERME LA BATERÍA… PERO APLIQUÉ LA TÁCTICA DE LA PACIENCIA Y DIOS ME PREMIÓ CON UN TRABAJO Y UNA NOVIA

»Curiosamente esta “paciencia” ante los problemas del mundo es lo que admiro de Francisco. No sé si esto es muy teológico pero me gusta “su paciencia” ante la imperfección de la vida. Me explico: supongo que el Papa podría cansarse antes las faltas ajenas -o de lo que ve de otras personas en la Iglesia- pero es realista con sentido positivo, sin ser agorero o tremendista y me desafía a vivir una vida sencilla, sin caretas. Ademas se juzga primero a sí mismo reconociendo sus errores y luego pide misericordia hacia los demás. Es muy auténtico.

»Admiro esa autenticidad y paciencia del Papa ante la imperfección humana -como mi novia, que me sorprende cada día-… Sí, en un mundo imperfecto me gusta la gente imperfecta con paciencia ante lo imperfecto.

CURIOSAMENTE ESTA “PACIENCIA” ANTE LOS PROBLEMAS DEL MUNDO ES LO QUE ADMIRO DE FRANCISCO. NO SÉ SI ESTO ES MUY TEOLÓGICO PERO ME GUSTA “SU PACIENCIA” ANTE LA IMPERFECCIÓN DE LA VIDA

»Esto me atrae de Francisco y por eso voy a verle a Cracovia. Llegaré en coche el ultimo día para unirme a otros católicos de la calle que buscan un trato auténtico con Dios sin creerse perfectos ni sobradamente preparados. Ahora no tengo mucho dinero guardado –estoy ahorrando para una batería– pero este sábado estaré en Polonia con el Papa. Es tiempo de tener también otras nuevas melodías».

Hilda, 27 años. Hong Kong

Hilda, de Hong Kong, espera encontrar en la JMJ la fuerza mental y espiritual para su trabajo con personas desfavorecidas. Fotografía: Ismael Martínez Sánchez.

«Trabajo en una compañía como contable en Hong Kong, donde han trascurrido los últimos años de mi vida. Nunca he tenido realmente un sueño salvo el vivir el día a día con sentido pragmático para tener futuro.

»En mi ambiente profesional, los jóvenes pasamos mucho tiempo comparando nuestro “estatus económico”, por eso me entristecía la situación cuando cada mañana veía en la calle a jóvenes sin estudios pidiendo dinero.

ASÍ QUE, ANTES DE LA JMJ DE CRACOVIA, TOMÉ LA DECISIÓN HACER UN BREAK EN MI VIDA PARA DEDICARME A LA EDUCACIÓN Y ALMENTORING CON JÓVENES DE LA CALLE, COMO VOLUNTARIA EN BARRIADAS HUMILDES DE HONG KONG

»Así que, antes de la JMJ de Cracovia, tomé la decisión hacer un break en mi vida para dedicarme a la educación y almentoring con jóvenes de la calle, como voluntaria en barriadas humildes de Hong Kong. Me encantará dedicarme a la educación, aunque sé que -siendo realista- veré mucho sufrimiento…

»Espero en Cracovia encontrar la fuerza mental y espiritual para llevarlo a cabo. Sólo tengo una hermana, pero tengo diez tíos maternos y, supongo que -gracias a esta influencia familiar- se ha despertado en mí el sentido de ayudar a otros».

Patricia Tevaga, 20 años. Nueva Zelanda

Patricia estudia Criminología en Auckland. Recibe formación cristiana en la Legión de María, fundada por San Vicente de Paúl. Fotografía: Ismael Martínez Sánchez.

«Me apasiona la Criminología. El ultimo año y medio estudié materias relacionada con mi futuro para ser detective. Curiosamente -por mis estudios- he visto varios cadáveres y siempre pienso que -lo importante al final- es poder irse al cielo… Bueno, también es cierto que los cadáveres no son lo único que veo… También veo y leo el Evangelio. Hago lo que puedo gracias a la formación que recibo en la Legión de María, fundada por San Vicente de Paúl.

BUENO, TAMBIÉN ES CIERTO QUE LOS CADÁVERES NO SON LO ÚNICO QUE VEO… TAMBIÉN VEO Y LEO EL EVANGELIO. HAGO LO QUE PUEDO GRACIAS A LA FORMACIÓN QUE RECIBO EN LA INSTITUCIÓN EN LA LEGIÓN DE MARÍA

»Vivo en Auclland, capital de Nueva Zelanda, país del rugby y de veleros. Allí, mis padres me han trasmitido la fe en una familia numerosa de ocho hermanos. Es cierto que cuando eres joven no siempre te gusta hacer lo que dicen otros, pero con el tiempo piensas que los consejos familiares no son para cortarte la cabeza, sino para llenarla de abono. Para que germinen buenas ideas. Ideas con buenas obras. Para tener la mejor cosecha de tu vida.

COMO VOLUNTARIA EN LA JMJ SIENTO QUE LAS IDEAS DE MI CABEZA SE ACRISOLAN EN MI CORAZÓN VIENDO AL PAPA TAN CERCA

»Ahora con 20 años ayudo más y acudo mensualmente a visitar enfermos junto a los sacerdotes de mi parroquia. Como voluntaria en la JMJ -y aunque he tardado 35 horas en llegara en avión hasta Cracovia en tres vuelos- siento que las ideas de mi cabeza se acrisolan en mi corazón viendo al Papa tan cerca».

Damian Kosecki, 23 años. PolacoDamian junto a Paulina, su novia. Pide oraciones por su padre, que tiene un cáncer con metástasis. Fotografía: Ismael Martínez Sánchez.

«Me llamo Damian y junto un amigo español he montado un grupo de músicareggae en Szczezin, donde toco instrumentos de percusión. La verdad es que pensaba estudiar Musicología tras el Gimnasium y el Liceo, pero finalmente decidí comenzar Teología. Y en ello estoy: estudio quinto año de estudios teológicos para ser profesor de religión.

LA VERDAD ES QUE PENSABA ESTUDIAR MUSICOLOGÍA TRAS EL GIMNASIUM Y EL LICEO, PERO FINALMENTE DECIDÍ COMENZAR TEOLOGÍA

»El motivo de mi elección es que Dios siempre ha estado presente en mi vida. Cuando mi madre estaba embarazada, la placenta se desgarró y clínicamente estaba condenado a morir. Sin embargo mi madre dio a luz sin problemas y según el test de Apgar tenía un diez sobre diez. Estaba en perfectas condiciones. Salvo quizá, hoy, por la timidez.

»No estaba seguro si debía venir a Cracovia pero mi novia Paulina me convenció y me ha dado la segunda mayor alegría del último mes. La primera fue aceptar mi petición de matrimonio hace unas semanas para casarnos en mayo de 2017.

SIN EMBARGO, HOY, TAMBIÉN ES UN DÍA TRISTE EN CASA. HOY HE RECIBIDO LA CONFIRMACIÓN TELEFÓNICA DE QUE MI PADRE TIENE UN CÁNCER CON METÁSTASIS Y, AUNQUE NO DEJO DE TENER ESPERANZA, TAMBIÉN YO NECESITO DE ORACIONES

Sin embargo, hoy, también es un día triste en casa. Hoy he recibido la confirmación telefónica de que mi padre tiene un cáncer con metástasis y, aunque no dejo de tener esperanza, también yo necesito de oraciones para el día en que llegue a Szczecin. Me gustaría sentir la comunión de los santos… Gracias por tus oraciones».

Thomas Umiunu, sacerdote, 31 años

Thomas, nigeriano, agradece a san Juan Pablo II su vocación sacerdotal. Fotografía: Ismael Martínez Sánchez.

«Vivo en Abuja, la capital de Nigeria, y soñé con visitar el país del papa polaco desde que Juan Pablo II visito Nigeria a comienzos de los años 80. Para entonces mis padres católicos pusieron un cuadro del Papa en casa. Yo lo miraba en la esquina de la habitación y gracias a su ejemplo decidí ir al seminario.

QUIERO ENTREGARME A TI Y TÚ ME MANDAS ESTA PRUEBA…, PENSABA. ASÍ QUE FUERON MOMENTO DUROS PORQUE MI PADRE FALLECIÓ Y YO SENTÍA LAS DUDAS DE LA VOCACIÓN

»Por aquellos años mi padre enfermó en el primer año de mis estudios. Yo volví a casa cuando él estaba enfermo. Mis padres, buenos cristianos, me replantearon que regresara en casa. ‘¿Cómo me haces esto, Dios? -Quiero entregarme a ti y tú me mandas esta prueba…, pensaba.

AQUELLA PRUEBA SE SUPERÓ GRACIAS A DIOS Y A MIS COMPAÑEROS SEMINARISTAS. HOY SOY SACERDOTE Y MI MADRE ESTÁ MUY CONTENTA DE MI CAMINO SACERDOTAL QUE YO AGRADEZCO AL PAPA POLACO

Así que fueron momento duros porque mi padre falleció y yo sentía las dudas de la vocación. Aquella prueba se superó gracias a Dios y a mis compañeros seminaristas. Hoy soy sacerdote y mi madre está muy contenta de mi camino sacerdotal que yo agradezco al Papa polaco».
Fuente http://www.opusdei.es/es-es/article/historias-de-la-jornada-mundial-de-la-juventud-cracovia/

 

Adoptan un niño con Síndrome de Down y logran que el Papa Francisco lo bendiga

Este niño se llama Juan Pablo, como el Papa Wojtyla. Tiene sólo 2 años y 6 meses y es el orgullo de esta familia de Barcelona. Tiene Síndrome de Down y vivía en un orfanato hasta que sus nuevos padres, Pili y Toni lo adoptaron con pocos meses. Hace unas semanas recibieron la confirmación definitiva de su adopción. Para celebrarlo viajaron a Roma, y cuando el Papa los vio, subió al pequeño a su Papamóvil durante una audiencia.

«Para nosotros ha sido como el final del proceso de adopción, la santificación por el Santo Padre de la adopción de nuestro hijo. Lo hemos celebrado aquí y ha sido un día muy especial”.

«Se lo contamos al resto de nuestros hijos, que tienen 16, 14 y 12, y tardaron dos minutos en decir que sí. Les dijimos que pensaran que tenía Sindrome de Down, pero que no importaba, que no pasaba nada y que se tenían que hacer responsables cuando nosotros fuéramos mayores. Y dijeron que sí, que totalmente de acuerdo. Y ahora están muy contentos todos”.

Esta familia no ha venido sola a Roma. Les han acompañado sus amigos Felipe y Cynthia, que desde hace cuatro años tienen a Bruno. Ellos conocieron la historia de Juan Pablo y propusieron a sus amigos que lo adoptaran.

«Cuando lo planteamos, ellos enseguida respondieron y dijeron, bueno, lo vamos a pensar, a meditar…y, sí, se animaron y la verdad es que es una experiencia fantástica”

«Son unos niños que se hacen querer y se vuelven los protagonistas y los reyes de todas las familias. El nuestro, ya lo veis, no para, es pura alegría y pura bondad”.

Y así se quieren el pequeño Juan Pablo y el pequeño Bruno. Su alegría ha contagiado a las dos familias, que se llevan de vuelta a España el recuerdo imborrable de haber visto cómo el Papa bendecía a sus dos hijos más queridos.

¿Te justificas para no dar limosna? Estas son las duras palabras del Papa Francisco

Catequesis del Papa Francisco sobre Año Misericordia

AUDIENCIA GENERAL MIÉRCOLES 3 de FEBRERO de 2016

El Papa en la Audiencia General. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La Sagrada Escritura nos presenta a Dios como misericordia infinita, pero también como justicia perfecta. ¿Cómo conciliar las dos cosas? ¿Cómo se articula la realidad de la misericordia con las exigencias de la justicia? Podría parecer que sean dos realidades que se contradicen; en realidad no es así, porque es justamente la misericordia de Dios que lleva a cumplimiento la verdadera justicia. Es propio la misericordia de Dios que lleva a cumplimiento la verdadera justicia. ¿Pero, de qué justicia se trata?

Si pensamos en la administración legal de la justicia, vemos que quien se considera víctima de una injusticia se dirige al juez en un tribunal y pide que se haga justicia. Se trata de una justicia retributiva, que aplica una pena al culpable, según el principio que a cada uno debe ser dado lo que le corresponde. Como recita el libro de los Proverbios: «Así como la justicia conduce a la vida, el que va detrás del mal camina hacia la muerte» (11,19). También Jesús lo dice en la parábola de la viuda que iba repetidas veces al juez y le pedía: «Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario» (Lc 18,3).

Pero este camino no lleva todavía a la verdadera justicia porque en realidad no vence el mal, sino simplemente lo circunscribe. En cambio, es solo respondiendo a esto con el bien que el mal puede ser verdaderamente vencido.

Entonces hay aquí otro modo de hacer justicia que la Biblia nos presenta como camino maestro a seguir. Se trata de un procedimiento que evita recurrir a un tribunal y prevé que la víctima se dirija directamente al culpable para invitarlo a la conversión, ayudándolo a entender que está haciendo el mal, apelándose a su conciencia. En este modo, finalmente arrepentido y reconociendo su proprio error, él puede abrirse al perdón que la parte agraviada le está ofreciendo. Y esto es bello: la persuasión; esto está mal, esto es así… El corazón se abre al perdón que le es ofrecido. Es este el modo de resolver los contrastes al interno de las familias, en las relaciones entre esposos o entre padres e hijos, donde el ofendido ama al culpable y desea salvar la relación que lo une al otro. No corten esta relación, este vínculo.

Cierto, este es un camino difícil. Requiere que quien ha sufrido el mal esté listo a perdonar y desear la salvación y el bien de quien lo ha ofendido. Pero solo así la justicia puede triunfar, porque, si el culpable reconoce el mal hecho y deja de hacerlo, es ahí que el mal no existe más, y aquel que era injusto se hace justo, porque es perdonado y ayudado a encontrar la camino del bien. Y aquí está justamente el perdón, la misericordia.

Es así que Dios actúa en relación a nosotros pecadores. El Señor continuamente nos ofrece su perdón y nos ayuda a acogerlo y a tomar conciencia de nuestro mal para poder liberarnos. Porque Dios no quiere nuestra condena, sino nuestra salvación. ¡Dios no quiere la condena de ninguno, de ninguno! Alguno de ustedes podrá hacerme la pregunta: ¿Pero padre, la condena de Pilatos se la merecía? ¿Dios la quería? ¡No! ¡Dios quería salvar a Pilatos y también a Judas, a todos! ¡Él, el Señor de la misericordia quiere salvar a todos! El problema es dejar que Él entre en el corazón. Todas las palabras de los profetas son un llamado apasionado y lleno de amor que busca nuestra conversión. Es esto lo que el Señor dice por medio del profeta Ezequiel: «¿Acaso deseo yo la muerte del pecador … y no que se convierta de su mala conducta y viva?» (18,23; Cfr. 33,11), ¡aquello que le gusta a Dios!

Y este es el corazón de Dios, un corazón de Padre que ama y quiere que sus hijos vivan en el bien y en la justicia, y por ello vivan en plenitud y sean felices. Un corazón de Padre que va más allá de nuestro pequeño concepto de justicia para abrirnos a los horizontes ilimitados de su misericordia. Un corazón de Padre que nos trata según nuestros pecados y nos paga según nuestras culpas. Y precisamente es un corazón de Padre el que queremos encontrar cuando vamos al confesionario. Tal vez nos dirá alguna cosa para hacernos entender mejor el mal, pero en el confesionario todos vamos a encontrar un padre; un padre que nos ayude a cambiar de vida; un padre que nos de la fuerza para ir adelante; un padre que nos perdone en nombre de Dios. Y por esto ser confesores es una responsabilidad muy grande, muy grande, porque aquel hijo, aquella hija que se acerca a ti busca solamente encontrar un padre. Y tú, sacerdote, que estás ahí en el confesionario, tú estás ahí en el lugar del Padre que hace justicia con su misericordia. Gracias.