SUGERENCIAS DEL PAPA FRANCISCO FRENTE ESTA NUEVA PRUEBA: EL CORONAVIRUS

1. NO DESESPERARSE, SALIR DE SÍ MISMO

2. REZAR Y SERVIR

3. QUIENES AYUDAN A LOS DEMÁS SON LOS VERDADEROS HÉROES DE ESTA PANDEMIA

4. NO PENSEMOS EN NUESTROS INTERESES

5. VEAMOS ESTA PRUEBA PARA LABRAR UN FUTURO MEJOR, SIN DESCARTAR A NADIE

¿Qué hace el Papa Francisco en este tiempo de confinamiento? Reza más, pide por la conversión de las personas.

Según entrevistador Francisco vive este momento con discernimiento: Se pregunta cómo estamos llamados a vivir ahora este momento: llamados a la conversión y al sacrificio

ENTRE TODOS LO CONSEGUIREMOS: Cuentan contigo

Al principio parecía una película. Luego vimos que iba en serio. Y te sumaste a los aplausos. Pero pasan las semanas y se está haciendo largo. Has pasado todos los niveles. No hay más temporadas. Ya no quiere salir. Oye. Despierta. Recomienza. Un paso al frente. Tu tiempo es oro. Inviértelo en servir. En levantarles el ánimo. En aprender cosas nuevas. Y, sobre todo, estudia. Estudia mucho y bien. Y ofrécelo por ellos. Que tus horas de estudio sean horas de oración, consuelo y fortaleza para que resistan. Cuentan contigo. El Credo lo denomina “comunión de los santos”

¿Es posible mantener la calma ante la pandemia? – Teresa de Jesús tiene la clave

Situaciones como las que enfrenta hoy el mundo ante la pandemia del Covid-19 pueden generar muchos sentimientos de angustia y de miedo con diversas preguntas: ¿qué pasará con mis seres queridos?, ¿qué hago si caen enfermos o si yo me enfermo?, ¿Podré perder mi trabajo?, etc

Ante ello, ¿Cómo mantener la calma, tener paz?… Santa Teresa de Jesús, la mística, doctora de la Iglesia y reformadora del Carmelo tiene la clave; y la tiene en su famoso poema “Nada te turbe”, que incluso han convertido en canción y ha sido interpretado en muy variadas melodías.

El poema de la carmelita:

“Es un salmo sapiencial, hay que leerlo dejándole flecharnos el alma con el dardo de cada verso, cargado de resonancias, que desde cada sentencia nos devuelve a las sendas de la propia vida, sendas a veces tortuosas, a veces encrespadas o espinadas (…) Es un salmo íntimo, nos introduce en el alma de la autora, que se va diciendo a sí misma: ‘Teresa, que nada te turbe (…)’”.

 

Asimismo, en el poema permanecen tres absolutos que son: “nada, nada,nada; todo, todo, ¡sólo Dios!”, es decir, sólo Dios colma y calma todo. Tres veces nada, nada, nada. Dos veces el todo, todo: ‘todo se pasa / todo lo alcanza’, y una vez sola, pero cerrando el poema en el verso final: ‘¡sólo Dios!’ y punto. O ‘sólo Dios’ y basta.

A continuación el poema de Santa Teresa de Ávila … para leer y meditar con pausa:

Nada te turbe,

Nada te espante,

Todo se pasa,

Dios no se muda,

La paciencia

Todo lo alcanza;

Quien a Dios tiene

Nada le falta:

Sólo Dios basta.

Eleva el pensamiento,

al cielo sube,

por nada te acongojes,

Nada te turbe.

A Jesucristo sigue

con pecho grande,

y, venga lo que venga,

Nada te espante.

¿Ves la gloria del mundo?

Es gloria vana;

nada tiene de estable,

Todo se pasa.

Aspira a lo celeste,

que siempre dura;

fiel y rico en promesas,

Dios no se muda.

Ámala cual merece

Bondad inmensa;

pero no hay amor fino

Sin la paciencia.

Confianza y fe viva

mantenga el alma,

que quien cree y espera

Todo lo alcanza.

Del infierno acosado

aunque se viere,

burlará sus furores

Quien a Dios tiene.

Vénganle desamparos,

cruces, desgracias;

siendo Dios su tesoro,

Nada le falta.

Id, pues, bienes del mundo;

id, dichas vanas,

aunque todo lo pierda,

Sólo Dios basta.

Con información de Revista “Teresa de Jesús”.

DOMINGO DE RESURRECCIÓN y BENDICIÓN UTBI ET ORBI

El Papa pide a todos los gobiernos del mundo que actúe en equipo para frenar la pandemia y curar a los enfermos.


Urbi et Orbi: Pope asks world collaboration to “save lives”

Siria: de la guerra al coronavirus

El Papa también se compromete a ayudar a los refugiados que llegan por el mar

Papa, a ONG que socorre refugiados en mar: “Estoy a disposición siempre. Contad conmigo”

Contact: Ayuda Mediterranea

 

Corona: Use it, don’t lose it. Úsalo, no lo pierdas

Opus Dei - Corona: Úselo, no lo pierda

Es fácil concentrarse en la desventaja de la disrupción social masiva causada por la propagación de COVID-19. Pero hay una ventaja en todo esto. Como Marie Oates, presentadora del nuevo podcast de Corona , dice: “Puede que nunca volvamos a experimentar un momento en nuestras vidas como este. Estos eventos ofrecen oportunidades únicas para el crecimiento”.

Escuche historias directamente de los jóvenes, descubra lo que están experimentando durante este tiempo excepcional y cómo se las arreglan para darle la vuelta.

Episodio 7: Encontrando belleza en una cuarentena

Brookfield, WI: John Paul es un estudiante de tercer año en la Universidad de Dallas con especialización en literatura inglesa. Él comparte cómo las pequeñas cosas y el arte han adquirido más significado.

Episodio 6: Estudiante de doctorado de Columbia avanza hacia el plato

SEATTLE, WA: Marjorie, una estudiante de doctorado en neurociencia computacional, se reutiliza mientras está en cuarentena en casa y termina ayudando a todo su laboratorio en Nueva York a hacer lo mismo.

Episodio 5: Una nueva locura de marzo

MEDFIELD, MA: John, un estudiante de segundo año en la Catholic Memorial High School, comparte cómo se ha adaptado a la vida sin la escuela secundaria, el béisbol o cualquier otra actividad extracurricular.

Episodio 4: Hermanas comienzan el blog “Insta-Baking”

DETROIT: Mónica y su hermana menor, Rosie, muestran cómo la familia que hornea unida, permanece unida y encuentra la felicidad. Explican cómo hornear puede ser muy divertido, una forma de reenfocar su mente y una manera fácil de alegrar a los demás en el proceso. Sígalos en Instagram en @ cook_vid19.

Episodio 3: Mantente positivo y motivado

SOUTH BEND: Kate, estudiante de último año en la Universidad de Notre Dame, explica cómo se mantiene positiva y motivada en las circunstancias inesperadas en las que ahora se encuentra, es decir, lejos de la universidad y de vuelta en la costa oeste con su familia.

Episodio 2: Ve a una cita virtual de café

WASH, DC: Elizabeth, estudiante de tercer año en la Universidad Católica, habla sobre adaptarse a su nuevo estilo de vida fuera de las aulas y clubes.

Episodio 1: Lectura profunda, enfoque y amigos

BOSTON: Alice, una postdoc en el MIT, comparte cómo está encontrando guarniciones de plata durante la crisis del coronavirus.

El Papa en Domingo de Ramos: ¡Ánimo! Abre el corazón a Dios y sentirás su consuelo

Pope on Palm Sunday: Don’t think about what you lack, but of the good you can do

En la Misa celebrada en la Basílica de San Pedro del Vaticano en este Domingo de Ramos, el Papa Francisco reconoció que ante el drama de la pandemia del coronavirus, COVID19, Jesús dice a cada uno: “Ánimo, abre el corazón a mi amor. Sentirás el consuelo de Dios, que te sostiene”.

“Hoy, en el drama de la pandemia, ante tantas certezas que se desmoronan, frente a tantas expectativas traicionadas, con el sentimiento de abandono que nos oprime el corazón, Jesús nos dice a cada uno: ‘Ánimo, abre el corazón a mi amor. Sentirás el consuelo de Dios, que te sostiene’”, alentó el Papa.

El Santo Padre presidió este 5 de abril la Eucaristía en el interior de la Basílica de San Pedro del Vaticano, y no en la Plaza como es tradicionalmente, debido a las medidas adoptadas por las autoridades italianas ante la pandemia del coronavirus, COVID19.

En esta ceremonia que dio inicio a la Semana Santa, el Papa Francisco caminó de la sacristía hasta el altar de la cátedra en donde se llevó a cabo el tradicional rito del Domingo de Ramos, allí, el Papa bendijo simbólicamente unos olivos en macetas que estaban colocados frente al altar, pero no se realizó ninguna procesión con ramos, ni hubo tampoco procesión en el ofertorio.

Además, el Santo Padre bendijo con el incienso las dos imágenes que estuvieron presentes en el momento extraordinario de la Bendición Urbi et Orbi del pasado 27 de marzo: el ícono bizantino de la Salus Populi Romani y el Crucifijo de San Marcelo.

Imitar ejemplo de servicio de Jesús

En su homilía, el Pontífice recordó que “el Señor nos sirvió hasta el punto de experimentar las situaciones más dolorosas de quien ama: la traición y el abandono” y añadió que “Jesús sufrió la traición del discípulo que lo vendió y del discípulo que lo negó”.

Por ello, el Santo Padre señaló que “cuando nos sintamos entre la espada y la pared, cuando nos encontremos en un callejón sin salida, sin luz y sin escapatoria, cuando parezca que ni siquiera Dios responde, recordemos que no estamos solos. Jesús experimentó el abandono total, la situación más ajena a Él, para ser solidario con nosotros en todo. Lo hizo por mí, por ti, para decirte: ‘No temas, no estás solo. Experimenté toda tu desolación para estar siempre a tu lado’, indicó.

Verdaderos héroes que salen a la luz en estos días

Además, el Papa dirigió un mensaje especial a los jóvenes con ocasión de la 35º Jornada Mundial de la Juventud a nivel diocesano con el tema “¡Joven, a ti te digo, levántate!” (Lc 7,14) en que los animó a mirar “a los verdaderos héroes que salen a la luz en estos días” porque “no son los que tienen fama, dinero y éxito, sino son los que se dan a sí mismos para servir a los demás”.

“Siéntanse llamados a jugarse la vida. No tengan miedo de gastarla por Dios y por los demás: ¡La ganarán! Porque la vida es un don que se recibe entregándose. Y porque la alegría más grande es decir, sin condiciones, sí al amor. Como lo hizo Jesús por nosotros”, expresó el Papa.

En esta línea, el Santo Padre invitó a reflexionar en “¿cómo nos sirvió el Señor?” ya que “dando su vida por nosotros. Él nos ama, puesto que pagó por nosotros un gran precio” y agregó que “su amor lo llevó a sacrificarse por nosotros, a cargar sobre sí todo nuestro mal”.

“Esto nos deja con la boca abierta: Dios nos salvó dejando que nuestro mal se ensañase con Él. Sin defenderse, sólo con la humildad, la paciencia y la obediencia del siervo, simplemente con la fuerza del amor. Y el Padre sostuvo el servicio de Jesús, no destruyó el mal que se abatía sobre Él, sino que lo sostuvo en su sufrimiento, para que sólo el bien venciera nuestro mal, para que fuese superado completamente por el amor. Hasta el final”, afirmó.

Traición y abandono

Al referirse al relato del Evangelio de la pasión de Jesucristo, el Pontífice explicó que “el Señor nos sirvió hasta el punto de experimentar las situaciones más dolorosas de quien ama: la traición y el abandono”.

Pensemos en las traiciones pequeñas o grandes que hemos sufrido en la vida. Es terrible cuando se descubre que la confianza depositada ha sido defraudada. Nace tal desilusión en lo profundo del corazón que parece que la vida ya no tuviera sentido. Esto sucede porque nacimos para amar y ser amados, y lo más doloroso es la traición de quién nos prometió ser fiel y estar a nuestro lado. No podemos ni siquiera imaginar cuán doloroso haya sido para Dios, que es amor”.

Por ello, animó a examinarnos interiormente porque “si somos sinceros con nosotros mismos, nos daremos cuenta de nuestra infidelidad. Cuánta falsedad, hipocresía y doblez. Cuántas buenas intenciones traicionadas. Cuántas promesas no mantenidas. Cuántos propósitos desvanecidos”.

“El Señor conoce nuestro corazón mejor que nosotros mismos, sabe que somos muy débiles e inconstantes, que caemos muchas veces, que nos cuesta levantarnos de nuevo y que nos resulta muy difícil curar ciertas heridas”.

En este sentido, el Papa animó a mirar el Crucifjo para meditar en que Jesús “nos curó cargando sobre sí nuestra infidelidad, borrando nuestra traición. Para que nosotros, en vez de desanimarnos por el miedo al fracaso, seamos capaces de levantar la mirada hacia el Crucificado, recibir su abrazo y decir: ‘Mira, mi infidelidad está ahí, Tú la cargaste, Jesús. Me abres tus brazos, me sirves con tu amor, continúas sosteniéndome… Por eso, ¡sigo adelante!’”.

“Queridos hermanos y hermanas: ¿Qué podemos hacer ante Dios que nos sirvió hasta experimentar la traición y el abandono? Podemos no traicionar aquello para lo que hemos sido creados, no abandonar lo que de verdad importa. Estamos en el mundo para amarlo a Él y a los demás. El resto pasa, el amor permanece”, recordó Francisco.

Pedir la gracia de vivir para servir

Luego, el Santo Padre explicó -refiriéndose a la pandemia del coronavirus- que “el drama que estamos atravesando nos obliga a tomar en serio lo que cuenta, a no perdernos en cosas insignificantes, a redescubrir que la vida no sirve, si no se sirve. Porque la vida se mide desde el amor.”

“De este modo, en casa, en estos días santos pongámonos ante el Crucificado, que es la medida del amor que Dios nos tiene. Y, ante Dios que nos sirve hasta dar la vida, pidamos la gracia de vivir para servir. Procuremos contactar al que sufre, al que está solo y necesitado. No pensemos tanto en lo que nos falta, sino en el bien que podemos hacer”, animó.

Por último, el Papa Francisco destacó que “el Padre, que sostuvo a Jesús en la Pasión, también a nosotros nos anima en el servicio. Es cierto que puede costarnos amar, rezar, perdonar, cuidar a los demás, tanto en la familia como en la sociedad; puede parecer un vía crucis. Pero el camino del servicio es el que triunfa, el que nos salvó y nos salva la vida”, concluyó.

Regala comida a los camioneros pese al cierre del restaurante

EL HACHO

Termos de café y leche, bebidas, bocadillos y dulces son el oasis de los transportistas después de miles de kilómetros sin encontrar un local abierto. Un bar de carretera decidió que, pese al confinamiento, seguiría sirviendo a quienes evitan que España se quede sin alimentos.

El Hacho es un hostal bar restaurante de carretera situado a la altura del kilómetro 110 en la A-2, en Lora de Estepa (Sevilla). Lo conocen bien los camioneros que hacen la ruta de norte a sur cruzando España. Lo fundó Jesús, el abuelo de la familia, hace unos 35 años.

El sábado día 14 el Gobierno español decretó el estado de emergencia y ordenó el cierre de todos los establecimientos de restauración como medida para frenar el contagio del coronavirus. A la familia que regenta El Hacho no le quedó más remedio que cumplir la ley.

“No los íbamos a dejar tirados ahora”

Pero no se conformaron con eso: “Son muchos años de atender a los camioneros, así que ahora no los íbamos a dejar tirados”, explica Jessica, miembro de la familia que regenta el negocio. Ella es parte del equipo que ha quedado al pie del cañón.

Autoservicio gratuito

Se les ocurrió colocar una camioneta tipo “food truck” frente al bar restaurante y llenarla de termos de café y leche caliente, dulces y bebidas en un refrigerador, agua para infusiones, patatas fritas… lo indispensable para dar comida a los camioneros. El servicio es gratuito.

EL HACHO
Los camioneros pueden servirse café caliente, leche o agua caliente para infusiones que el bar repone las 24 horas del día.

Saben que ahora los transportistas, en sus largas rutas, no encuentran ni un bar donde tomar un café o ir al baño. “Algunos vienen del norte de España o incluso del sur de Francia. Llevan muchas horas sin probar bocado y al menos aquí les servimos un tentempié. Cada uno puede servirse lo que quiere”. Un cartel lo dice claro: “No admitimos dinero. Gracias”.

EL HACHO
En la camioneta han instalado refrigerador y microondas.

Agradecimiento por parte de los camioneros

Los camioneros que se han encontrado este regalo, lo agradecen infinitamente. “Nos han dejado notas dando las gracias. Uno, por ejemplo, decía ‘Gracias, Jesús y familia’. Jesús era mi abuelo y fue el que fundó el bar. Emociona ver que esto es un servicio que les sostiene y les da un poquillo de descanso para seguir trabajando”.

“No puedo abrirles el baño -añade David Borrego, uno de los hermanos- porque está prohibido, pero al menos saben que estamos con ellos también en esta época tan difícil”. El primer día del estado de emergencia David veía a los camioneros que paraban y llamaban a los cristales pidiendo entrar. Se le rompió el corazón. Decidió entonces inventar el autoservicio desde la camioneta y en los cristales colocó carteles. Uno dice: «Estamos con los camioneros. Esta lucha es de todos. No podemos abrir, pero sí apoyar». En el otro se lee: «Autoservicio gratis. Coja lo que necesite. Estamos aquí las 24 horas».

EL HACHO
Carteles en los cristales: todo está preparado para servir desinteresadamente a los camioneros.

De 15 trabajadores a 4

“Nosotros éramos 15 personas trabajando en el restaurante y al tener que cerrar el restaurante ahora hemos quedado 4, pero nos turnamos para reponer la camioneta y que no falte nada la 24 horas del día”.

“Lo seguiremos haciendo el tiempo que haga falta“, afirma Jessica.

Entre las notas de agradecimiento, una estampa de la Virgen

Cuenta que “hace unos días, al reponer la camioneta, encontramos entre las notas también una estampita de la Virgen. Lee el pie de foto: ‘Hermandad Salesiana de Nuestro Padre Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén La Borriquita de La Palma del Río‘. Si una borriquita fue el transporte de Jesús el Domingo de Ramos y este año el paso no podrá salir en la procesión, viaja por las carreteras del país aportando lo que se necesita. “Aquí paran camiones de fruta, carne, verdura, medicamentos…”, dice Jessica. Y apostilla: “Estamos muy contentos de seguir haciéndolo cada día”.

HERMANDAD LA BORRIQUITA
Estampa de la Virgen de la Hermandad de La Borriquita, de la Palma del Río.

Al conocer la iniciativa de este restaurante, varias empresas de la zona han querido sumarse a esta ayuda y contribuyen con sus productos: Goloestepa les aporta patatas fritas, la confitería Camacho Romero los dulces, Aguas Danone sirve botellines y una pizzería también colabora.

Aunque el tráfico ha descendido, no paran de llegar camiones. Mucho de ellos tocan el claxon en señal de agradecimiento y al equipo de 4 eso le confirma que lo que están haciendo tiene todo el sentido del mundo.

Articulo de Dolors Massot; https://es.aleteia.org/2020/03/26/regala-comida-a-los-camioneros-pese-al-cierre-de-su-restaurante/

Un capellán: «No salgo del hospital, decidí quedarme y cuando caiga, si caigo, otro me sustituirá»

Benito Rodríguez ha decidido no salir del hospital y permanecer en él todo el tiempo para lo que se le necesite

Benito Rodríguez ha decidido no salir del hospital y permanecer en él todo el tiempo para lo que se le necesite

El sacerdote Benito Rodríguez Regueiro es uno de los muchos religiosos que se está dejando la vida para atender espiritualmente a la avalancha de enfermos de coronavirus que están desbordando los hospitales españoles.

Él es capellán del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo y ante esta pandemia ha decidido quedarse en el centro hospitalario las 24 horas y así evitar el riesgo de contagio a otros sacerdotes. En una entrevista con Atlántico afirma seguir trabajando todo el tiempo. “No he salido del hospital. Para que no se contaminaran todos los capellanes, decidí quedarme y cuando yo caiga, si es que caigo, otro me sustituirá, pero de momento estoy aquí”.

El padre Rodríguez afirma vivir esta situación de excepcionalidad “con bastante serenidad” ùes como asegura que no cree que esté infectado “lo llevo con una actitud de disponibilidad, de dedicar mi tiempo a la gente que me necesite”.

Su trabajo es complicado estos días y en buena parte lo que ve es que en el paciente “no es que esté enfermo, sino cómo vive el enfermo la enfermedad, porque tratar de calmar o aliviar es una lucha de toda la familia, pero también es una gran oportunidad para que el paciente analice cómo está viviendo esta soledad. Es un momento, incluso, para preparar la despedida de este mundo. Cada vez que uno cae enfermo grave tiene que agradecer mucho, perdonar mucho y confiar mucho”.

alvaro-cunqueiro

Al igual que relatan otros capellanes estos días uno de los aspectos más “dolorosos” es “no poder abrazar, no poder tocar, no poder llorar juntos”. Pero también advierte el padre Benito Rodríguez es que “lo que no puedes hacer es enterrarte vivo, tienes que vivir, buscar los medios para relajarse, sosegarse, y un gran medio es la oración, otro la amistad…

“Lo peor de la enfermedad es que el corazón no cambie, seguir siendo el mismo egoísta o cínico, el mismo de siempre. No se puede morir sin hacer el testamento, material y espiritual”, agrega.

Lo que asusta a este religioso ante esta crisis generada por el coronavirus es que “aún hay mucha soberbia, mucha prepotencia en la fuerza humana y en la soledad humana. Una enfermera me decía el otro día que yo tendría mucho trabajo con tantos entierros. Le respondí: ojalá lo tuviera con más confesionarios. Quiero decir que hay que empezar a pedir perdón, a desear lo que estamos viviendo ahora, que es que los vecinos se hablen, a desear que no sea sólo una cosa del momento, y que cuando rezamos no rezamos a un desconocido, sino que tiene rostro y tiene experiencia. Hay mucha gente que está buscando en el yoga una salida, que es fenomenal como ejercicio físico y mental, pero esas experiencias no te ayudan a servir más. Es el Evangelio, que vive cuando das, no cuando recibes”.

Momento extraordinario de oración en tiempos de epidemia presidido por el Santo Padre Francisco

Opus Dei - Papa Francisco: «Nadie se salva solo»
El Papa predicó unas palabras de oración y luego presidió la Adoración Eucaristica; a continuación impartió excepcionalmente la bendición Urbi et orbi, a Roma y al mundo.

Lo hizo desde el exterior de la basílica de san Pedro, donde habitualmente tiene las audiencias generales, con la Plaza vacía.

«Al atardecer» (Mc 4,35). Así comienza el Evangelio que hemos escuchado. Desde hace algunas semanas parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa. Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos, todos necesitados de confortarnos mutuamente. En esta barca, estamos todos. Como esos discípulos, que hablan con una única voz y con angustia dicen: “perecemos” (cf. v. 38), también nosotros descubrimos que no podemos seguir cada uno por nuestra cuenta, sino sólo juntos.

Es fácil identificarnos con esta historia, lo difícil es entender la actitud de Jesús. Mientras los discípulos, lógicamente, estaban alarmados y desesperados, Él permanecía en popa, en la parte de la barca que primero se hunde. Y, ¿qué hace? A pesar del ajetreo y el bullicio, dormía tranquilo, confiado en el Padre —es la única vez en el Evangelio que Jesús aparece durmiendo—. Después de que lo despertaran y que calmara el viento y las aguas, se dirigió a los discípulos con un tono de reproche: «¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?» (v. 40).

Tratemos de entenderlo. ¿En qué consiste la falta de fe de los discípulos que se contrapone a la confianza de Jesús? Ellos no habían dejado de creer en Él; de hecho, lo invocaron. Pero veamos cómo lo invocan: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?» (v. 38). No te importa: pensaron que Jesús se desinteresaba de ellos, que no les prestaba atención. Entre nosotros, en nuestras familias, lo que más duele es cuando escuchamos decir: “¿Es que no te importo?”. Es una frase que lastima y desata tormentas en el corazón. También habrá sacudido a Jesús, porque a Él le importamos más que a nadie. De hecho, una vez invocado, salva a sus discípulos desconfiados.

La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, nuestros proyectos, rutinas y prioridades. Nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad. La tempestad pone al descubierto todos los intentos de encajonar y olvidar lo que nutrió el alma de nuestros pueblos; todas esas tentativas de anestesiar con aparentes rutinas “salvadoras”, incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad.

Con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos; esa pertenencia de hermanos.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado rápidamente, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: “Despierta, Señor”.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti. En esta Cuaresma resuena tu llamada urgente: “Convertíos”, «volved a mí de todo corazón» (Jl 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuenta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás. Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo. Frente al sufrimiento, donde se mide el verdadero desarrollo de nuestros pueblos, descubrimos y experimentamos la oración sacerdotal de Jesús: «Que todos sean uno» (Jn 17,21). Cuánta gente cada día demuestra paciencia e infunde esperanza, cuidándose de no sembrar pánico sino corresponsabilidad. Cuántos padres, madres, abuelos y abuelas, docentes muestran a nuestros niños, con gestos pequeños y cotidianos, cómo enfrentar y transitar una crisis readaptando rutinas, levantando miradas e impulsando la oración. Cuántas personas rezan, ofrecen e interceden por el bien de todos. La oración y el servicio silencioso son nuestras armas vencedoras.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». El comienzo de la fe es saber que necesitamos la salvación. No somos autosuficientes; solos nos hundimos. Necesitamos al Señor como los antiguos marineros las estrellas. Invitemos a Jesús a la barca de nuestra vida. Entreguémosle nuestros temores, para que los venza. Al igual que los discípulos, experimentaremos que, con Él a bordo, no se naufraga. Porque esta es la fuerza de Dios: convertir en algo bueno todo lo que nos sucede, incluso lo malo. Él trae serenidad en nuestras tormentas, porque con Dios la vida nunca muere.

El Señor nos interpela y, en medio de nuestra tormenta, nos invita a despertar y a activar esa solidaridad y esperanza capaz de dar solidez, contención y sentido a estas horas donde todo parece naufragar. El Señor se despierta para despertar y avivar nuestra fe pascual. Tenemos un ancla: en su Cruz hemos sido salvados. Tenemos un timón: en su Cruz hemos sido rescatados. Tenemos una esperanza: en su Cruz hemos sido sanados y abrazados para que nadie ni nada nos separe de su amor redentor. En medio del aislamiento donde estamos sufriendo la falta de los afectos y de los encuentros, experimentando la carencia de tantas cosas, escuchemos una vez más el anuncio que nos salva: ha resucitado y vive a nuestro lado. El Señor nos interpela desde su Cruz a reencontrar la vida que nos espera, a mirar a aquellos que nos reclaman, a potenciar, reconocer e incentivar la gracia que nos habita. No apaguemos la llama humeante (cf. Is 42,3), que nunca enferma, y dejemos que reavive la esperanza.

Papa Francisco: «Nadie se salva solo»

“Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás”, ha dicho el Papa Francisco

Abrazar su Cruz es animarse a abrazar todas las contrariedades del tiempo presente, abandonando por un instante nuestro afán de omnipotencia y posesión para darle espacio a la creatividad que sólo el Espíritu es capaz de suscitar. Es animarse a motivar espacios donde todos puedan sentirse convocados y permitir nuevas formas de hospitalidad, de fraternidad y de solidaridad. En su Cruz hemos sido salvados para hospedar la esperanza y dejar que sea ella quien fortalezca y sostenga todas las medidas y caminos posibles que nos ayuden a cuidarnos y a cuidar. Abrazar al Señor para abrazar la esperanza. Esta es la fuerza de la fe, que libera del miedo y da esperanza.

«¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Queridos hermanos y hermanas: Desde este lugar, que narra la fe pétrea de Pedro, esta tarde me gustaría confiarlos a todos al Señor, a través de la intercesión de la Virgen, salud de su pueblo, estrella del mar tempestuoso. Desde esta columnata que abraza a Roma y al mundo, descienda sobre vosotros, como un abrazo consolador, la bendición de Dios. Señor, bendice al mundo, da salud a los cuerpos y consuela los corazones. Nos pides que no sintamos temor. Pero nuestra fe es débil y tenemos miedo. Mas tú, Señor, no nos abandones a merced de la tormenta. Repites de nuevo: «No tengáis miedo» (Mt 28,5). Y nosotros, junto con Pedro, “descargamos en ti todo nuestro agobio, porque Tú nos cuidas” (cf. 1 P 5,7).