DOMINGO DE RESURRECCIÓN y BENDICIÓN UTBI ET ORBI

El Papa pide a todos los gobiernos del mundo que actúe en equipo para frenar la pandemia y curar a los enfermos.


Urbi et Orbi: Pope asks world collaboration to “save lives”

Siria: de la guerra al coronavirus

El Papa también se compromete a ayudar a los refugiados que llegan por el mar

Papa, a ONG que socorre refugiados en mar: “Estoy a disposición siempre. Contad conmigo”

Contact: Ayuda Mediterranea

 

Acogimiento familiar

Una gran ayuda para la sociedad. Un planteamiento que pocos se hacen.

Arancha fue acogida cuando era una adolescente y pensaba que nadie la quería

ACOGIMIENTO FAMILIAR

“La familia de acogida me dio la posibilidad lo que no había tenido: el calor de hogar, personas que no se preocupaban por mí y el aprender esos valores para poder transmitirlos después”, cuenta Guillermo, que estuvo en acogida cuando era adolescente.

Como Arancha, que “sentía que nadie me quería y que algo hacía mal. Y de pronto encontré a alguien que me quería y se interesaba por una adolescente como yo”.

Los padres de acogida se sorprenden por la falta de rencor de los niños y por la manera en que aceptan naturalmente que tienen unos padres de acogida y unos padres biológicos.

Antonio anima a aquellos que quieren construir un mundo mejor que se comprometan con las iniciativas de acogimiento familiar con las que pueden hacer muchísimo bien por personas concretas. Niños que se sentirán queridos para que, con los años, adquieran la fuerza para volar después hacia la felicidad.

Audiencia del Papa Francisco 13/9/2017

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Como ustedes saben en los días pasados he realizado el Viaje Apostólico a Colombia. ¡Están aquí algunos colombianos! Con todo el corazón agradezco al Señor por este gran don; y deseo renovar la expresión de mi reconocimiento al Señor Presidente de la República, que me ha acogido con mucha cortesía, a los Obispos colombianos que han trabajado mucho para preparar esta Visita, como también a las Autoridades de este País, y a todos aquellos que han colaborado en la realización de esta Visita.

¡Y un agradecimiento especial al pueblo colombiano que me ha recibido con mucho afecto y tanta alegría! Un pueblo alegre en medio del sufrimiento, pero gozoso; un pueblo con esperanza.

Una de las cosas que más me ha impresionado en todas las ciudades, entre la gente, los papás y las mamás con los niños, que levantaban a los niños para que el Papa los bendijera, pero también con orgullo hacían ver a sus niños como diciendo: “Esto es nuestro orgullo, esta es nuestra esperanza”. Yo he pensado: un pueblo capaz de hacer niños y capaz de hacerlos ver con orgullo, con esperanza: este pueblo tiene futuro. Y me ha gustado mucho.

De modo particular en este Viaje he sentido la continuidad con los dos Papas que antes de mí han visitado Colombia: el Beato Pablo VI, en 1968, y San Pablo II, en 1986. Una continuidad fuertemente animada por el Espíritu, que guía los pasos del pueblo de Dios por los caminos de la historia.

El lema del Viaje era “Demos el primer paso”, es decir, “realicemos el primer paso”, referido al proceso de reconciliación que Colombia está viviendo para salir de medio siglo – de medio siglo – de conflictos internos, que ha sembrado sufrimiento y enemistad, causando tantas heridas, difíciles de cicatrizar. Pero con la ayuda de Dios el camino está ya iniciado.

Con mi visita he querido bendecir el esfuerzo de este pueblo, confirmarlo en la fe y en la esperanza, y recibir su testimonio, que es una riqueza para mi ministerio y para toda la Iglesia. El testimonio de este pueblo es una riqueza para toda la Iglesia, ¡eh!

Colombia – como la mayor parte de los países latinoamericanos – es un país en el cual son fuertes las raíces cristianas. Y si este hecho hace todavía más agudo el dolor por la tragedia de la guerra que lo ha desgarrado, al mismo tiempo constituye la garantía de la paz, el sólido fundamento de su reconstrucción, la linfa de su invencible esperanza. Es evidente que el Maligno ha querido dividir al pueblo para destruir la obra de Dios, pero es también evidente que el amor de Cristo, su infinita Misericordia es más fuerte que el pecado y que la muerte.

Este Viaje ha sido para llevar la bendición de Cristo, la bendición de la Iglesia sobre el deseo de vida y de paz que rebosa del corazón de esta Nación: lo he podido ver en los ojos de los miles y miles de niños, jóvenes y muchachos que han llenado la Plaza de Bogotá y que he encontrado por todas partes; esa fuerza de vida que también la naturaleza misma proclama con su exuberancia y su biodiversidad.

Colombia es el segundo país en el mundo por biodiversidad. En Bogotá he podido encontrar a todos los Obispos del país y también al Comité Directivo del Consejo Episcopal Latinoamericano. Agradezco a Dios por haberlos podido abrazar y por haberles dado mi aliento pastoral, por su misión al servicio de la Iglesia sacramento de Cristo nuestra paz y nuestra esperanza.

La jornada dedicada de modo particular al tema de la reconciliación, momento culminante de todo el Viaje, se ha desarrollado en Villavicencio. En la mañana se realizó la gran celebración eucarística, con la beatificación de los mártires Jesús Jaramillo Monsalve, Obispo, y Pedro María Ramírez Ramos, sacerdote; por la tarde, la especial Liturgia de Reconciliación, simbólicamente orientada hacia el Cristo de Bojayá, sin brazos y sin piernas, mutilado como su pueblo.

La beatificación de los dos Mártires ha recordado plásticamente que la paz se funda también, y sobre todo, en la sangre de tantos testigos del amor, de la verdad, de la justicia, y también de mártires verdaderos, asesinados por la fe, como los dos apenas citados.

Escuchar sus biografías ha sido conmovedor hasta las lágrimas: lágrimas de dolor y de alegría juntas. Ante sus Reliquias y sus rostros, el santo pueblo fiel de Dios ha sentido fuerte su propia identidad, con dolor, pensando a las tantas, muchas víctimas, y con alegría, por la misericordia de Dios que se extiende sobre quienes lo temen (Cfr. Lc 1,50).

«Misericordia y verdad se encontraran, justicia y paz se besaran» (Sal 85,11), que hemos escuchado al inicio. Este versículo del salmo contiene la profecía de lo que ha sucedido el viernes pasado en Colombia; la profecía y la gracia de Dios para este pueblo herido, para que pueda resurgir y caminar en una vida nueva.

Estas palabras proféticas llenas de gracia las hemos visto encarnadas en la historia de los testimonios, que han hablado en nombre de tantos y tantos que, a partir de sus heridas, con la gracia de Cristo han salido de sí mismos y se han abierto al encuentro, al perdón, a la reconciliación.

En Medellín la perspectiva ha sido la de la vida cristiana como discipulado: la vocación y la misión. Cuando los cristianos se comprometen completamente en el camino del seguimiento de Jesucristo, se hacen verdaderamente sal, luz y levadura en el mundo, y los frutos son abundantes.

Uno de estos frutos son los Hogares, es decir, las Casas donde los niños y los jóvenes heridos por la vida pueden encontrar una nueva familia donde son amados, acogidos, protegidos y acompañados. Y otros frutos, abundantes como racimos, son las vocaciones para la vida sacerdotal y consagrada, que he podido bendecir y animar con alegría en un inolvidable encuentro con los consagrados y sus familiares.

Y finalmente, en Cartagena, la ciudad de San Pedro Claver, apóstol de los esclavos, el “focus” ha ido a la promoción de la persona humana y de sus derechos fundamentales. San Pedro Claver, como también recientemente Santa María Bernarda Bütler, han dado la vida por los más pobres y marginados, y así han mostrado la vía de la verdadera revolución, aquella evangélica, no ideológica, que libera verdaderamente a las personas y las sociedades de las esclavitudes de ayer y, lamentablemente, también de hoy.

En este sentido, “dar el primer paso” – el lema del Viaje – significa acercarse, inclinarse, tocar la carne del hermano herido y abandonado. Y hacerlo con Cristo, el Señor hecho esclavo por nosotros. Gracias a Él hay esperanza, porque Él es la misericordia y la paz.

Encomiendo nuevamente a Colombia y a su amado pueblo a la Madre, Nuestra Señora de Chiquinquirá, que he podido venerar en la catedral de Bogotá. Con la ayuda de María, todo colombiano pueda dar cada día el primer paso hacia el hermano y la hermana, y así construir juntos, día a día, la paz en el amor, en la justicia y en la verdad. Gracias.

Youth movement striving to bring joy to the peripheries’ youngest and oldest

“Jóvenes por la paz”: sembrando sonrisas en las periferias del mundo

10 consejos del Papa Francisco para cuidar el medioambiente

Con ocasión de la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación (1 de septiembre), compartimos algunos consejos que el Papa Francisco nos regala en su encíclica Laudato si´.

El Papa Francisco, tras la promulgación de la encíclica Laudato si´ en la que nos invitó a una “conversión ecológica”, estableció el 1 de septiembre como Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación. La fecha ya se celebra en la Iglesia Ortodoxa, y el Papa decidió incluirla en la Iglesia Católica para concienciar y rezar por el cuidado del planeta.

En su encíclica, el Papa nos recordó que “merecen una gratitud especial quienes luchan con vigor para resolver las consecuencias dramáticas de la degradación ambiental en las vidas de los más pobres del mundo” y, continuaba diciendo, “los jóvenes nos reclaman un cambio. Ellos se preguntan cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos”.

La Jornada se celebra anualmente desde el año pasado, y Francisco busca que todos podamos “renovar la adhesión personal a la propia vocación de custodios de la creación”. Con la elección de la fecha, también refuerza la “creciente comunión” con la Iglesia Ortodoxa.

Compartimos algunos consejos concretos con los que el Santo Padre nos alienta a colaborar para proteger y construir nuestra casa común, pequeñas acciones que derraman un bien en la sociedad “más allá de lo que se pueda constatar, porque provocan en el seno de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces invisiblemente”.

  1. Calefacción: nos aconsejó abrigarse más y evitar prenderla.
  2. Evitar el uso de material plástico y de papel.
  3. Reducir el consumo de agua.
  4. Separar los residuos.
  5. Cocinar sólo lo que razonablemente se podrá comer.
  6. Tratar con cuidado a los demás seres vivos.
  7. Utilizar transporte público o compartir un mismo vehículo entre varias personas.
  8. Plantar árboles.
  9. Apagar las luces innecesarias.
  10. Dar gracias a Dios antes y después de las comidas.
10 consejos del Papa Francisco para cuidar el medioambiente10 consejos del Papa Francisco para cuidar el medioambiente

Al finalizar la Encíclica, el Papa Francisco propuso dos oraciones, “dos oraciones, una que podamos compartir todos los que creemos en un Dios creador omnipotente, y otra para que los cristianos sepamos asumir los compromisos con la creación que nos plantea el Evangelio de Jesús”:

Descarga la Oración por nuestra tierra (Formato JPG) y la Oración cristiana con la creación (Formato JPG).

Algunas reflexiones sobre el cuidado del Medio Ambiente que el Papa Francisco nos propone en la Laudato si´

1.San Francisco de Asís “manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. (…) En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior”. (10)

2.“Todos podemos colaborar como instrumentos de Dios para el cuidado de la creación, cada uno desde su cultura, su experiencia, sus iniciativas y sus capacidades.” (14)

3.“Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radicado en su dignidad inalienable. Esa deuda se salda en parte con más aportes económicos para proveer de agua limpia y saneamiento a los pueblos más pobres.” (30)

4.“Pero hoy no podemos dejar de reconocer que un verdadero planteo ecológico se convierte siempre en un planteo social, que debe integrar la justicia en las discusiones sobre el ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres.” (49)

5.“Necesitamos fortalecer la conciencia de que somos una sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia.” (52)

6.“Los jóvenes tienen una nueva sensibilidad ecológica y un espíritu generoso, y algunos de ellos luchan admirablemente por la defensa del ambiente, pero han crecido en un contexto de altísimo consumo y bienestar que vuelve difícil el desarrollo de otros hábitos. Por eso estamos ante un desafío educativo.” (209)

7.“Es muy noble asumir el deber de cuidar la creación con pequeñas acciones cotidianas, y es maravilloso que la educación sea capaz de motivarlas hasta conformar un estilo de vida.” (211)

8.“En la familia se cultivan los primeros hábitos de amor y cuidado de la vida, como por ejemplo el uso correcto de las cosas, el orden y la limpieza, el respeto al ecosistema local y la protección de todos los seres creados.” (213)

9.“Esta misma gratuidad nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes, aunque no se sometan a nuestro control. Por eso podemos hablar de una fraternidad universal.” (228)

10. “Hace falta volver a sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos.” (229)

Catequesis del Papa Francisco: “Toda vocacion comienza con un encuentro personal con Jesús”

30 agosto 2017 – Plaza San Pedro

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera regresar sobre un tema importante: la relación entre la esperanza y la memoria, con particular referencia a la memoria de la vocación. Y tomo como ícono la llamada de los primeros discípulos de Jesús. En sus memorias se quedó tan marcada esta experiencia, que alguno registró incluso la hora: «Era alrededor de las cuatro de la tarde» (Jn 1,39). El evangelista Juan narra el episodio como un nítido recuerdo de juventud, que se quedó intacto en su memoria de anciano: porque Juan escribió estas cosas cuando era anciano.

El encuentro había sucedió cerca del río Jordán, donde Juan Bautista bautizaba; y aquellos jóvenes galileos habían escogido al Bautista como guía espiritual. Un día llega Jesús, y se hizo bautizar en el río. Al día siguiente pasó de nuevo, y entonces el que bautizaba – es decir, Juan Bautista – dijo a dos de sus discípulos: «Este es el Cordero de Dios» (v. 36).

Y para estos dos fue la “centella”. Dejaron a su primer maestro y se pusieron en el seguimiento de Jesús. Por el camino, Él se gira hacia ellos y les plantea la pregunta decisiva:  «¿Qué quieren?» (v. 38). Jesús aparece en los Evangelio como un experto del corazón humano. En ese momento había encontrado a dos jóvenes en búsqueda, sanamente inquietos.

De hecho, ¿qué juventud es una juventud satisfecha, sin una pregunta de sentido? Los jóvenes que no buscan nada, no son jóvenes, son jubilados, han envejecido antes de tiempo. Es triste ver jóvenes jubilados. Y Jesús, a través de todo el Evangelio, en todos los encuentros que le suceden a lo largo del camino, se presenta como un “incendiario” de corazones.

De ahí ésta pregunta que busca hacer emerger el deseo de vida y de felicidad que cada joven se lleva dentro: “¿Qué cosa buscas?”. Hoy quisiera preguntarles a los jóvenes que están aquí en la Plaza y a aquellos que nos escuchan a través de los medios de comunicación: “¿Tú, que eres joven, qué cosa buscas? ¿Qué cosa buscas en tu corazón?”.

La vocación de Juan y de Andrés comienza así: es el inicio de una amistad con Jesús tan fuerte que impone una comunión de vida y de pasiones con Él. Los dos discípulos comienzan a estar con Jesús y enseguida se transforman en misioneros, porque cuando termina el encuentro no regresan a casa tranquilos: tanto es así que sus respectivos hermanos – Simón y Santiago – son enseguida incluidos en el seguimiento. Fueron donde estaban ellos y les han dicho: “¡Hemos encontrado al Mesías, hemos encontrado a un gran profeta!”, dan la noticia. Son misioneros de ese encuentro. Fue un encuentro tan conmovedor, tan feliz que los discípulos recordaran por siempre ese día que iluminó y orientó su juventud.

¿Cómo se descubre la propia vocación en este mundo? Se puede descubrir de varios modos, pero esta página del Evangelio nos dice que el primer indicador es la alegría del encuentro con Jesús. Matrimonio, vida consagrada, sacerdocio: cada vocación verdadera inicia con un encuentro con Jesús que nos dona una alegría y una esperanza nueva; y nos conduce, incluso a través de pruebas y dificultades, a un encuentro siempre más pleno, crece, ese encuentro, más grande, ese encuentro con Él y a la plenitud de la alegría.

El Señor no quiere hombres y mujeres que caminan detrás de Él de mala gana, sin tener en el corazón el viento de la felicidad. Ustedes, que están aquí en la Plaza, les pregunto – cada uno responda a sí mismo – ustedes, ¿tienen en el corazón el viento de la felicidad? Cada uno se pregunte: ¿Yo tengo dentro de mí, en el corazón, el viento de la felicidad? Jesús quiere personas que han experimentado que estar con Él nos da una felicidad inmensa, que se puede renovar cada día de la vida.

Un discípulo del Reino de Dios que no sea gozoso no evangeliza este mundo, es uno triste. Se convierte en predicador de Jesús no afinando las armas de la retórica: tú puedes hablar, hablar, hablar pero si no hay otra cosa. ¿Cómo se convierte en predicador de Jesús? Custodiando en los ojos el brillo de la verdadera felicidad. Vemos a tantos cristianos, incluso entre nosotros, que con los ojos te transmiten la alegría de la fe: con los ojos.

Por este motivo el cristiano – como la Virgen María – custodia la llama de su enamoramiento: enamorados de Jesús. Cierto, hay pruebas en la vida, existen momentos en los cuales se necesita ir adelante no obstante el frío y el viento contrario, no obstante tantas amarguras. Pero los cristianos conocen el camino que conduce a aquel sagrado fuego que los ha encendido una vez por siempre.

Y por favor, le pido: no escuchemos a personas desilusionadas e infelices; no escuchemos a quien recomienda cínicamente no cultivar la esperanza en la vida; no confiemos en quien apaga desde el inicio todo entusiasmo diciendo que ningún proyecto vale el sacrificio de toda una vida; no escuchemos a los “viejos” de corazón que sofocan la euforia juvenil. Vayamos donde los viejos que tienen los ojos brillantes de esperanza.

Cultivemos en cambio, sanas utopías: Dios nos quiere capaces de soñar como Él y con Él, mientras caminamos bien atentos a la realidad. Soñar en un mundo diferente. Y si un sueño se apaga, volver a soñarlo de nuevo, recurriendo con esperanza a la memoria de los orígenes, a esas brazas que, tal vez después de una vida no tan buena, están escondidas bajo las cenizas del primer encuentro con Jesús.

Es esta pues, una dinámica fundamental de la vida cristiana: recordarse de Jesús. Pablo decía a su discípulo: “Recuérdate de Jesucristo” (2 Tim 2,8); este es el consejo del gran San Pablo: “Recuérdate de Jesucristo”. Recordarse de Jesús, del fuego de amor con el cual un día hemos concebido nuestra vida como un proyecto de bien, y a vivificar con esta llama nuestra esperanza. Gracias.

Audiencia general del Papa Francisco: sobre el Padre Nuestro

Texto completo:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Había algo de atractivo en la oración de Jesús, era tan fascinante que un día sus discípulos le pidieron que les enseñara. El episodio se encuentra en el Evangelio de Lucas, que entre los Evangelistas es quien ha documentado mayormente el misterio del Cristo “orante”: el Señor oraba. Los discípulos de Jesús están impresionados por el hecho de que Él, especialmente en la mañana y en la tarde, se retira en la soledad y se “inmerge” en la oración. Y por esto, un día, le piden de enseñarles también a ellos a orar. (Cfr. Lc 11,1).

Es entonces que Jesús transmite aquello que se ha convertido en la oración cristiana por excelencia: el “Padre Nuestro”. En verdad, Lucas, en relación a Mateo, nos transmite la oración de Jesús en una forma un poco abreviada, que inicia con una simple invocación: «Padre» (v. 2).

Todo el misterio de la oración cristiana se resume aquí, en esta palabra: tener el coraje de llamar a Dios con el nombre de Padre. Lo afirma también la liturgia cuando, invitándonos a recitar comunitariamente la oración de Jesús, utiliza la expresión «nos atrevemos a decir».

De hecho, llamar a Dios con el nombre de “Padre” no es para nada un hecho sobre entendido. Somos conducidos a usar los títulos más elevados, que nos parecen más respetuosos de su trascendencia. En cambio, invocarlo como “Padre” nos pone en una relación de confianza con Él, como un niño que se dirige a su papá, sabiendo que es amado y cuidado por él. Esta es la gran revolución que el cristianismo imprime en la psicología religiosa del hombre. El misterio de Dios, que siempre nos fascina y nos hace sentir pequeños, pero no nos da más miedo, no nos aplasta, no nos angustia. Esta es una revolución difícil de acoger en nuestro ánimo humano; tanto es así que incluso en las narraciones de la Resurrección se dice que las mujeres, después de haber visto la tumba vacía y al ángel, «salieron corriendo del sepulcro, porque estaban temblando y fuera de sí» (Mc 16,8). Pero Jesús nos revela que Dios es Padre bueno, y nos dice: “No tengan miedo”.

Pensemos en la parábola del padre misericordioso (Cfr. Lc 15,11-32). Jesús narra de un padre que sabe ser sólo amor para sus hijos. Un padre que no castiga al hijo por su arrogancia y que es capaz incluso de entregarle su parte de herencia y dejarlo ir fuera de casa. Dios es Padre, dice Jesús, pero no a la manera humana, porque no existe ningún padre en este mundo que se comportaría como el protagonista de esta parábola. Dios es Padre a su manera: bueno, indefenso ante el libre albedrio del hombre, capaz sólo de conjugar el verbo “amar”. Cuando el hijo rebelde, después de haber derrochado todo, regresa finalmente a su casa natal, ese padre no aplica criterios de justicia humana, sino siente sobre todo la necesidad de perdonar, y con su brazo hace entender al hijo que en todo ese largo tiempo de ausencia le ha hecho falta, ha dolorosamente faltado a su amor de padre.

¡Qué misterio insondable es un Dios que nutre este tipo de amor en relación con sus hijos!

Tal vez es por esta razón que, evocando el centro del misterio cristiano, el Apóstol Pablo no se siente seguro de traducir en griego una palabra que Jesús, en arameo, pronunciaba: “abbà”. En dos ocasiones San Pablo, en su epistolario (Cfr. Rom 8,15; Gal 4,6), toca este tema, y en las dos veces deja esa palabra sin traducirla, de la misma forma en la cual ha surgido de los labios de Jesús, “abbà”, un término todavía más íntimo respecto a “padre”, y que alguno traduce “papá, papito”.

Queridos hermanos y hermanas, no estamos jamás solos. Podemos estar lejos, hostiles, podemos también profesarnos “sin Dios”. Pero el Evangelio de Jesucristo nos revela que Dios no puede estar sin nosotros: Él no será jamás un Dios “sin el hombre”; es Él quien no puede estar sin nosotros, y esto es un gran misterio. Dios no puede ser Dios sin el hombre: ¡este es un gran misterio! Y esta certeza es la fuente de nuestra esperanza, que encontramos conservada en todas las invocaciones del Padre Nuestro. Cuando tenemos necesidad de ayuda, Jesús no nos dice de resignarnos y cerrarnos en nosotros mismos, sino de dirigirnos al Padre y pedirle a Él con confianza. Todas nuestras necesidades, desde las más evidentes y cotidianas, como el alimento, la salud, el trabajo, hasta aquellas de ser perdonados y sostenidos en la tentación, no son el espejo de nuestra soledad: existe en cambio un Padre que siempre nos mira con amor, y que seguramente no nos abandona.

Ahora les hago una propuesta: cada uno de nosotros tiene tantos problemas y tantas necesidades. Pensemos un poco, en silencio, en estos problemas y en estas necesidades. Pensemos también en el Padre, en nuestro Padre, que no puede estar sin nosotros, y que en este momento nos está mirando. Y todos juntos, con confianza y esperanza, oremos: “Padre nuestro, que estas en los cielos…”. Gracias.

Papa: con la Puerta Santa del Jubileo no se cierra el corazón misericordioso de Dios, no cerremos el corazón

En la audiencia general, antes de la clausura del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, en la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo Rey del Universo, el Papa Francisco deseó a los peregrinos de tantas partes del mundo, que estos últimos días jubilares sean tiempo de gracia y de renovación espiritual, invocando sobre todos la alegría y la paz del Señor Jesús.

Con el lema jubilar, el Obispo de Roma reiteró su exhortación a que cada uno recuerde «cuán importante es ser Misericordiosos como el Padre y que el amor hacia nuestros hermanos nos hace más humanos y más cristianos»:

«Queridos hermanos y hermanas, dentro de pocos días se cerrará la Puerta Santa del Jubileo de la Misericordia. Sin embargo,  no se cierra el corazón misericordioso de Dios, no se apaga su ternura para con nosotros pecadores, no cesan de brotar los ríos de su gracia. Del mismo modo, nunca se pueden cerrar nuestros corazones y no podemos dejar de cumplir nuestras obras de misericordia hacia los necesitados. Que la experiencia de la misericordia de Dios, que hemos vivido en este Año jubilar permanezca en ustedes como inspiración de la caridad hacia el prójimo

¡Que los acompañe la bendición del Señor!»

Estamos llamados a llevar la alegría del Evangelio de Jesús testimoniando su misericordia a toda la humanidad, recordó el Papa una vez más:

«Queridos amigos

En esta última semana del Jubileo Extraordinario de la Misericordia, Jesús nos llama a llevar la alegría y la consolación del Evangelio a todos los hombres, como auténticos testimonios suyos misericordiosos.

Al concluir este Año Jubilar, los invito a no cerrar las puertas de la misericordia de su corazón, sino a ser cada vez más pacientes, humildes y sencillos en la acogida de sus hermanos y hermanas».

Como había hecho en la víspera de su audiencia general, el Santo Padre renovó su saludo y bendición a los peregrinos neerlandeses:

«Saludo con afecto a los fieles provenientes de los Países Bajos, que participan en esta audiencia, en ocasión de la peregrinación jubilar de las Diócesis holandesas, acompañados de sus Obispos.

El Año Santo que termina ha sido un momento propicio para redescubrir la importancia de la misericordia de Dios en la vida cristiana.

Conquistados por Jesucristo seamos siempre mensajeros del amor de Dios en el mundo, practicando las obras de misericordia corporales y espirituales.

¡Que el Señor los bendiga a ustedes y a sus seres queridos!

En sus palabras a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados, el Papa recordó la importancia de la oración por los difuntos y rezó en particular por las víctimas del reciente terremoto en Italia:

«En el mes de noviembre, la liturgia nos invita a la oración por los difuntos. No olvidemos a cuantos nos han querido y que nos han precedido en la fe, así como a aquellos que nadie recuerda: el sufragio en la Celebración Eucarística es la mejor ayuda espiritual que podemos ofrecer a sus almas.

Recordemos con especial afecto a las víctimas del reciente terremoto en el Centro de Italia: oremos por ellas y por sus familiares y sigamos siendo solidarios con cuantos han sufrido daños»