En las fiestas de Corpus Christi, Sagrado Corazón de Jesús y de María

Recordamos la homilía del Papa Francisco con motivo de Corpus Christi

«Recuerda todo el camino que el Señor, tu Dios, te ha hecho recorrer» (Dt 8,2). Recuerda: la Palabra de Dios comienza hoy con esa invitación de Moisés. Un poco más adelante, Moisés insiste: “No te olvides del Señor, tu Dios” (cf. v. 14). La Sagrada Escritura se nos dio para evitar que nos olvidemos de Dios. ¡Qué importante es acordarnos de esto cuando rezamos! Como nos enseña un salmo, que dice: «Recuerdo las proezas del Señor; sí, recuerdo tus antiguos portentos» (77,12). También las maravillas y prodigios que el Señor ha hecho en nuestras vidas.

Es fundamental recordar el bien recibido: si no hacemos memoria de él nos convertimos en extraños a nosotros mismos, en “transeúntes” de la existencia. Sin memoria nos desarraigamos del terreno que nos sustenta y nos dejamos llevar como hojas por el viento. En cambio, hacer memoria es anudarse con lazos más fuertes, es sentirse parte de una historia, es respirar con un pueblo. La memoria no es algo privado, sino el camino que nos une a Dios y a los demás. Por eso, en la Biblia el recuerdo del Señor se transmite de generación en generación, hay que contarlo de padres a hijos, como dice un hermoso pasaje:«Cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: “¿Qué son esos mandatos […] que os mandó el Señor, nuestro Dios?”, responderás a tu hijo: “Éramos esclavos […] ―toda la historia de la esclavitud― y el Señor hizo signos y prodigios grandes […] ante nuestros ojos» (Dt 6,20-22). Tú le darás la memoria a tu hijo.

Pero hay un problema, ¿qué pasa si la cadena de transmisión de los recuerdos se interrumpe? Y luego, ¿cómo se puede recordar aquello que sólo se ha oído decir, sin haberlo experimentado? Dios sabe lo difícil que es, sabe lo frágil que es nuestra memoria, y por eso hizo algo inaudito por nosotros: nos dejó un memorial. No nos dejó sólo palabras, porque es fácil olvidar lo que se escucha. No nos dejó sólo la Escritura, porque es fácil olvidar lo que se lee. No nos dejó sólo símbolos, porque también se puede olvidar lo que se ve. Nos dio, en cambio, un Alimento, pues es difícil olvidar un sabor. Nos dejó un Pan en el que está Él, vivo y verdadero, con todo el sabor de su amor. Cuando lo recibimos podemos decir: “¡Es el Señor, se acuerda de mí!”. Es por eso que Jesús nos pidió: «Haced esto en memoria mía» (1 Co 11,24). Haced: la Eucaristía no es un simple recuerdo, sino un hecho; es la Pascua del Señor que se renueva por nosotros. En la Misa, la muerte y la resurrección de Jesús están frente a nosotros. Haced esto en memoria mía: reuníos y como comunidad, como pueblo, como familia, celebrad la Eucaristía para que os acordéis de mí. No podemos prescindir de ella, es el memorial de Dios. Y sana nuestra memoria herida.

Ante todo, cura nuestra memoria huérfana. Vivimos en una época de gran orfandad. Cura la memoria huérfana.  Muchos tienen la memoria herida por la falta de afecto y las amargas decepciones recibidas de quien habría tenido que dar amor pero que, en cambio, dejó desolado el corazón. Nos gustaría volver atrás y cambiar el pasado, pero no se puede. Sin embargo, Dios puede curar estas heridas, infundiendo en nuestra memoria un amor más grande: el suyo. La Eucaristía nos trae el amor fiel del Padre, que cura nuestra orfandad. Nos da el amor de Jesús, que transformó una tumba de punto de llegada en punto de partida, y que de la misma manera puede cambiar nuestras vidas. Nos comunica el amor del Espíritu Santo, que consuela, porque nunca deja solo a nadie, y cura las heridas.

Con la Eucaristía el Señor también sana nuestra memoria negativa, esa negatividad que aparece muchas veces en nuestro corazón. El Señor sana esta memoria negativa.  que siempre hace aflorar las cosas que están mal y nos deja con la triste idea de que no servimos para nada, que sólo cometemos errores, que estamos “equivocados”. Jesús viene a decirnos que no es así. Él está feliz de tener intimidad con nosotros y cada vez que lo recibimos nos recuerda que somos valiosos: somos los invitados que Él espera a su banquete, los comensales que ansía. Y no sólo porque es generoso, sino porque está realmente enamorado de nosotros: ve y ama lo hermoso y lo bueno que somos. El Señor sabe que el mal y los pecados no son nuestra identidad; son enfermedades, infecciones. Y viene a curarlas con la Eucaristía, que contiene los anticuerpos para nuestra memoria enferma de negatividad. Con Jesús podemos inmunizarnos de la tristeza. Ante nuestros ojos siempre estarán nuestras caídas y dificultades, los problemas en casa y en el trabajo, los sueños incumplidos. Pero su peso no nos podrá aplastar porque en lo más profundo está Jesús, que nos alienta con su amor. Esta es la fuerza de la Eucaristía, que nos transforma en portadores de Dios: portadores de alegría y no de negatividad. Podemos preguntarnos: Y nosotros, que vamos a Misa, ¿qué llevamos al mundo? ¿Nuestra tristeza, nuestra amargura o la alegría del Señor? ¿Recibimos la Comunión y luego seguimos quejándonos, criticando y compadeciéndonos a nosotros mismos? Pero esto no mejora las cosas para nada, mientras que la alegría del Señor cambia la vida.

Además, la Eucaristía sana nuestra memoria cerrada. Las heridas que llevamos dentro no sólo nos crean problemas a nosotros mismos, sino también a los demás. Nos vuelven temerosos y suspicaces; cerrados al principio, pero a la larga cínicos e indiferentes. Nos llevan a reaccionar ante los demás con antipatía y arrogancia, con la ilusión de creer que de este modo podemos controlar las situaciones. Pero es un engaño, pues sólo el amor cura el miedo de raíz y nos libera de las obstinaciones que aprisionan. Esto hace Jesús, que viene a nuestro encuentro con dulzura, en la asombrosa fragilidad de una Hostia. Esto hace Jesús, que es Pan partido para romper las corazas de nuestro egoísmo. Esto hace Jesús, que se da a sí mismo para indicarnos que sólo abriéndonos nos liberamos de los bloqueos interiores, de la parálisis del corazón. El Señor, que se nos ofrece en la sencillez del pan, nos invita también a no malgastar nuestras vidas buscando mil cosas inútiles que crean dependencia y dejan vacío nuestro interior. La Eucaristía quita en nosotros el hambre por las cosas y enciende el deseo de servir. Nos levanta de nuestro cómodo sedentarismo y nos recuerda que no somos solamente bocas que alimentar, sino también sus manos para alimentar a nuestro prójimo. Es urgente que ahora nos hagamos cargo de los que tienen hambre de comida y de dignidad, de los que no tienen trabajo y luchan por salir adelante. Y hacerlo de manera concreta, como concreto es el Pan que Jesús nos da. Hace falta una cercanía verdadera, hacen falta auténticas cadenas de solidaridad. Jesús en la Eucaristía se hace cercano a nosotros, ¡no dejemos solos a quienes están cerca nuestro!

Queridos hermanos y hermanas: Sigamos celebrando el Memorial que sana nuestra memoria, ―recordemos: sanar la memoria; la memoria es la memoria del corazón―, este memorial es la Misa. Es el tesoro al que hay dar prioridad en la Iglesia y en la vida. Y, al mismo tiempo, redescubramos la adoración, que continúa en nosotros la acción de la Misa. Nos hace bien, nos sana dentro. Especialmente ahora, que realmente lo necesitamos.

Francisco: miremos con confianza al Sagrado Corazón de Jesús

Celebramos la Solemnidad del Corazón de Jesús: el Santo Padre nos invita, en un tweet, a «mirar con confianza al Sagrado Corazón de Jesús y a repetir con frecuencia, especialmente durante este mes de junio: Jesús manso y humilde de corazón, transforma nuestro corazón y enséñanos a amar a Dios y al prójimo con generosidad».

Un profesor que aprovechó el confinamiento para entretener a las familias con su afición por los trucos de magia

Durante el confinamiento atendía las clases online y, al no poder salir de casa, le quedaban algunos momentos libres… que aprovechó para retomar su afición por los trucos de magia, que supusieron un momento de entretenimiento para muchas familias.

Opus Dei - ¡Y la magia funcionó!
Joseba el protagonista de la historia

Los juegos de cartas son una de mis aficiones. ¿Desde cuándo? Pues desde 1961… ¡nací ese año! Hasta hace unos meses los hacía, con más o menos éxito, en algunas reuniones familiares y alguna otra ocasión especial. “Aquí tenemos una baraja y vamos a ver qué pasa”. Así empezaba. Una de esas ocasiones, que además deseaba que llegase, era un fin de semana de principio de curso que pasaba con padres y alumnos de mi curso… Como se deduce de esto me dedico a la enseñanza y trabajo en Montecastelo, un colegio de Vigo.

Durante el confinamiento atendía las clases online y, al no poder salir de casa, quedaban algunos momentos libres. No salía a hacer fotos, otra de mis aficiones, y me dediqué a practicar un poco la magia.

Por otra parte veía muchas iniciativas de personas que hacían cosas para entretener y ayudar a los demás. Un compañero del colegio colgó un vídeo haciendo recetas de cocina con sus hijos… ¡me pareció espectacular!

El 1 de abril, día de mi cumpleaños que aún sigo celebrando, hice un vídeo con un truco de cartas. La idea era agradecer las felicitaciones que había recibido de familiares, amigos, compañeros de trabajo, padres de alumnos, antiguos alumnos… Es el único en el que aparezco, en el resto salen manos, cartas y tapetes ¡Y la magia funcionó! ¡Tuvo una gran acogida!

https://www.youtube.com/embed/tTXYl-ZR6iM?rel=0&cc_load_policy=1Me emocioné. Pensé que lo que hacía ayudaba a pasar unos minutos más llevaderos durante el confinamiento. Fui haciendo un vídeo con un truco cada semana. Ensayaba entre semana, los viernes por la tarde grababa y el sábado lo publicaba. No hace falta un material muy sofisticado: trípode, cámara de fotos o teléfono y un ordenador para poner la música y añadir la introducción y la despedida.

Era un reto nuevo. Cuando haces un truco en directo, con el público delante, si te equivocas, con un poco de gracia y caradura lo arreglas si hace falta, aunque la mayor parte de las veces la gran mayoría ni se entera… Pero cuando lo grabas con la cámara encima del tapete… ¡se nota todo! Pueden darle hacia atrás a la grabación y si hay un error se nota mucho. Curiosamente en trucos que has hecho casi con los ojos cerrados muchísimas veces, cuando lo ves en vídeo, te das cuenta de que cometes errores. A veces puede ir todo bien y en el movimiento más sencillo la pifias. Eso hizo que en algún caso tuviera que repetir la grabación unas cuantas veces.

De todas maneras vi que aquello del truco era divertido, no solo para mí sino para los que lo veían.

Lo que más me llenaba de alegría era que la gente disfrutaba viéndolo. Algunos me iban contando dónde pensaban que estaba el truco. Poco a poco fui aprendiendo nuevas técnicas con las que pude hacer trucos nuevos.

Al mismo tiempo fue aumentando la gente que recibía los vídeos ya que muchos los reenviaran a otras personas. Ahí es cuando uno se da cuenta de lo que son las redes sociales y hasta donde pueden llegar. No se limitaba a España. Por motivos de trabajo tuve la ocasión de viajar y dar cursos y asistir a congresos en varios países de Europa y América. La magia no tiene fronteras: Italia, Irlanda, Portugal, Polonia, Ecuador, Perú, México…

A alguno le debía llegar a cuando estaba durmiendo… ¡Espero que me haya perdonado! Algún sábado, después de haber enviado el truco a las redes sociales, me encontraba con 150 mensajes.

Gracias al envío del truco recuperé el contacto con personas de las que no sabía nada desde hacía mucho tiempo. Algunas de esas con las que tienes relación por motivos profesionales, te quedas con el teléfono o el correo electrónico pero no vuelves a hablar con ellos. Se alegraban de tener noticias mías. También me enteré de que algunos están pasando por situaciones difíciles debido a la pandemia, ya sea por familiares afectados (incluso fallecidos), u otros problemas. El envío del truco era la disculpa para hablar, para rezar por ellos, para encomendar sus cosas a San Josemaría, para intentar animarles.

Un cuentotruco o un trucocuento

La idea era entretener, proporcionar unos minutos de “desconexión”, facilitar una ocasión de hablar. Algunos me decían: “Vamos a verlo por la tarde, todos juntos, con los niños”. Otros comentaban el truco intentando adivinar cómo se hacia: “Pues aquí haces algo que me llama la atención…”. El padre de un exalumno me envió un vídeo de su hijo haciendo trucos de cartas a sus hermanos más pequeños… ¿Puede haber satisfacción más grande? Otros, si me retrasaba de la hora a la que solía compartir el truco me decían: ¿Qué pasa? ¿No hay truco esta semana?

Me emocioné tanto que hice cosas un poco diferentes. Como El duende Simón que es un truco con cuento, un cuentotruco o un trucocuento. No se me dan bien los cuentos así que le pedí a una compañera de trabajo que, basándose en unas cartas, escribiera una breve historia. Lo hizo y así surgió este truco dedicado a todos los niños y, en particular, a mis alumnos.

Mi hermana, que también es profesora, me pidió otro truco para sus alumnos. Tenía que tener animales. Pues ¿qué mejor que el arca de Noé?. Con cartas impresas en casa y otras que ya tenía surgió el truco. La historia está contada con trucos y tiene bastantes efectos. Me parecía didáctica para los niños a los que iba destinado que eran muy pequeños. Tuvo bastante éxito porque iba incluido en las tareas que tenían que hacer y no tuvieron más remedio que entrar en el canal para verlo…

Ahora he bajado un poco la “producción” de trucos pero sigo con los envíos. Me lo paso muy bien haciéndolos, pero lo mejor sigue siendo todas las personas con las que tengo ocasión de hablar o escribirme, algunas que veo con frecuencia y otras con las que la distancia impide hacerlo. Han resultado ser unos trucos de cartas muy productivos.