Mini lección del Papa: ¿Cómo discernir si es Dios o Satán el que habla?

El Papa Francisco ofrece unos cuantos avisos para que podamos reconocer las voces que escuchamos en nuestra conciencia

Ser capaz de distinguir la voz de Dios de la voz de Satanás es un elemento claro de crecimiento espiritual. El domingo, antes de rezar el mediodía Regina Caeli, el Papa Francisco dio una mini-lección sobre cómo hacerlo.Estas diferentes voces resuenan dentro de nosotros. Está la voz de Dios, que habla amablemente a la conciencia, y está la voz tentadora que conduce al mal.

¿Cómo podemos reconocer la voz del buen Pastor en lugar de la del ladrón, cómo podemos distinguir la inspiración de Dios de la sugerencia del maligno?

Uno puede aprender a discernir estas dos voces: hablan dos idiomas diferentes, es decir, tienen formas opuestas de tocar la puerta de nuestros corazones. Ellos hablan diferentes idiomas Así como sabemos cómo distinguir un idioma de otro, también podemos distinguir la voz de Dios de la voz del maligno.

1 ¿SIGO SIENDO LIBRE?

La voz de Dios nunca nos obliga: Dios se propone, no se impone. En cambio, la voz malvada seduce, ataca, fuerza: despierta ilusiones deslumbrantes, emociones que son tentadoras pero transitorias.

2 ¿ME ESTÁ CASTIGANDO?

Al principio nos halaga, nos hace creer que somos todopoderosos, pero luego nos deja vacíos por dentro y nos acusa: “No vales nada”. La voz de Dios, en cambio, nos corrige, con gran paciencia, pero siempre nos anima, nos consuela: siempre alimenta la esperanza.

3 ¿ME HACE MIRAR MÁS ALLÁ?

La voz de Dios es una voz que ofrece un horizonte, mientras que la voz del mal te lleva a una pared, te lleva a un rincón.

4 ¿ME HACE VIVIR EL PRESENTE?

Otra diferencia. La voz del enemigo nos distrae del presente y quiere que nos centremos en los miedos del futuro o la tristeza sobre el pasado, el enemigo no quiere el presente, saca a la superficie la amargura, los recuerdos de los males sufridos, de los que nos han lastimado, muchos malos recuerdos.

En cambio, la voz de Dios habla al presente: “Ahora puedes hacer el bien, ahora puedes ejercer la creatividad del amor, ahora puedes renunciar a los arrepentimientos y remordimientos que mantienen cautivo a tu corazón”. Nos inspira, nos lleva adelante, pero habla en el presente: ahora.

¿TIENE QUE VER CON MI EGO?

Nuevamente: las dos voces plantean diferentes preguntas en nosotros. Lo que viene de Dios será: “¿Qué es bueno para mí?” En cambio, el tentador insistirá en otra pregunta: “¿Qué me apetece hacer?” Lo que siento: la voz malvada siempre gira en torno al ego, sus impulsos, sus necesidades, todo de inmediato. Es como los berrinches de un niño: todo, y ahora.

La voz de Dios, en cambio, nunca promete alegría a un precio bajo: nos invita a ir más allá de nuestro ego para encontrar el verdadero bien, la paz.

¿CÓMO TE QUEDAS DESPUÉS?

Recordemos: el mal nunca nos da paz, primero causa frenesí y luego deja amargura. Este es el estilo del mal.

7 ¿BUSCO LA LUZ O ME ESCONDO?

La voz de Dios y la del tentador, finalmente, hablan en diferentes “ambientes”: el enemigo prefiere la oscuridad, la falsedad y el chisme; el Señor ama la luz del sol, la verdad y la sincera transparencia.

8 ¿ME LLEVA A CONFIAR?

El enemigo nos dirá: “¡Cállate en ti mismo, además de que nadie te entiende y te escucha, no confíes en nadie!” La bondad, por el contrario, nos invita a abrirnos, a ser claros y a confiar en Dios y en los demás.

Fuente: https://es.aleteia.org/2020/05/05/mini-leccion-del-papa-como-discernir-si-es-dios-o-satan-el-que-habla

HERRAMIENTAS PARA VIVIR UNA BUENA SEMANA SANTA

ORACIÓN DEL SANTO PADRE FRANCISCO A LA VIRGEN DE FÁTIMA

El Santo Padre:

Salve Reina,
Bienaventurada Virgen de Fátima,
Señora del Corazón Inmaculado,
refugio y camino que conduce a Dios.
Peregrino de la Luz que procede de tus manos,
doy gracias a Dios Padre que, siempre y en todo lugar, interviene en la historia del hombre;
peregrino de la Paz que tú anuncias en este lugar,
alabo a Cristo, nuestra paz, y le imploro para el mundo la concordia entre todos los pueblos;
peregrino de la Esperanza que el Espíritu anima,
vengo como profeta y mensajero para lavar los pies a todos, entorno a la misma mesa que nos une.
Estribillo cantado por la asamblea
Ave o clemens, ave o pia!
Salve Regina Rosarii Fatimæ.
Ave o clemens, ave o pia!
Ave o dulcis Virgo Maria.

El Santo Padre:
¡Salve, Madre de Misericordia,
Señora de la blanca túnica!
En este lugar, desde el que hace cien años
manifestaste a todo el mundo los designios de la misericordia de nuestro Dios,
miro tu túnica de luz
y, como obispo vestido de blanco,
tengo presente a todos aquellos que,
vestidos con la blancura bautismal,
quieren vivir en Dios
y recitan los misterios de Cristo para obtener la paz.
Estribillo…

El Santo Padre:
¡Salve, vida y dulzura,
salve, esperanza nuestra,
Oh Virgen Peregrina, oh Reina Universal!
Desde lo más profundo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
mira los gozos del ser humano
cuando peregrina hacia la Patria Celeste.
Desde lo más profundo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
mira los dolores de la familia humana
que gime y llora en este valle de lágrimas.
Desde lo más íntimo de tu ser,
desde tu Inmaculado Corazón,
adórnanos con el fulgor de las joyas de tu corona
y haznos peregrinos como tú fuiste peregrina.
Con tu sonrisa virginal,
acrecienta la alegría de la Iglesia de Cristo.
Con tu mirada de dulzura,
fortalece la esperanza de los hijos de Dios.
Con tus manos orantes que elevas al Señor,
une a todos en una única familia humana.
Estribillo …

El Santo Padre:
¡Oh clemente, oh piadosa,
Oh dulce Virgen María,
Reina del Rosario de Fátima!
Haz que sigamos el ejemplo de los beatos Francisco y Jacinta,
y de todos los que se entregan al anuncio del Evangelio.
Recorreremos, así, todas las rutas,
seremos peregrinos de todos los caminos,
derribaremos todos los muros
y superaremos todas las fronteras,
yendo a todas las periferias,
para revelar allí la justicia y la paz de Dios.
Seremos, con la alegría del Evangelio, la Iglesia vestida de blanco,
de un candor blanqueado en la sangre del Cordero
derramada también hoy en todas las guerras que destruyen el mundo en que vivimos.
Y así seremos, como tú, imagen de la columna refulgente
que ilumina los caminos del mundo,
manifestando a todos que Dios existe,
que Dios está,
que Dios habita en medio de su pueblo,
ayer, hoy y por toda la eternidad.
Estribillo…

El Santo Padre junto con todos los fieles:
¡Salve, Madre del Señor,
Virgen María, Reina del Rosario de Fátima!
Bendita entre todas las mujeres,
eres la imagen de la Iglesia vestida de luz pascual,
eres el orgullo de nuestro pueblo,
eres el triunfo frente a los ataques del mal.

Profecía del Amor misericordioso del Padre,
Maestra del Anuncio de la Buena Noticia del Hijo,
Signo del Fuego ardiente del Espíritu Santo,
enséñanos, en este valle de alegrías y de dolores,
las verdades eternas que el Padre revela a los pequeños.

Muéstranos la fuerza de tu manto protector.
En tu Corazón Inmaculado,
sé el refugio de los pecadores
y el camino que conduce a Dios.

Unido a mis hermanos,
en la Fe, la Esperanza y el Amor,
me entrego a Ti.
Unido a mis hermanos, por ti, me consagro a Dios,
Oh Virgen del Rosario de Fátima.

Y cuando al final me veré envuelto por la Luz que nos viene de tus manos,
daré gloria al Señor por los siglos de los siglos.

Amén.

https://youtu.be/HIIZqj-96bo

 

Intención del mes de marzo del Papa Francisco

El Papa Francisco nos pide que “recemos por nuestros hermanos y hermanas perseguidos, para que sientan el apoyo de toda la Iglesia, a través de la oración y de la ayuda material”.

In English:

 

El Papa Francisco venera a la Inmaculada Concepción de María y le dedica una oración

Como es tradición cada 8 de diciembre, el Papa Francisco acudió a la popular Plaza de España en Roma para el acto de veneración de la Inmaculada Concepción de María en el día de su fiesta.

El Papa pronuncia la oración a la Inmaculada en la Plaza de España. Fotos: Daniel Ibáñez / ACI Prensa

Después de saludar a los cientos de fieles que se congregaron el Pontífice se acercó hasta la popular estatua de la Inmaculada y pronunció la siguiente oración:

Oh María, Madre nuestra Inmaculada,
En el día de tu fiesta vengo a Ti,
y no vengo sólo:
traigo conmigo a todos aquellos que tu Hijo me ha confiado,
en esta ciudad de Roma y en el mundo entero,
para que Tú los bendigas y los salves de los peligros.

Te traigo, Madre, a los niños,
especialmente a los que están solos, abandonados,
y que por eso son engañados y explotados.
Te traigo, Madre, a las familias, que llevan adelante la vida y la sociedad con su compromiso diario y escondido; de modo particular a las familias que tienen más dificultades por tantos problemas propios y de otros.

Te traigo, Madre, a todos los trabajadores, hombres y mujeres,
y te confío sobre todo a quienes, por necesidad,
se ven obligados a desarrollar un trabajo indigno
y a quien ha perdido el trabajo o no logra encontrarlo.

Necesitamos tu mirada inmaculada,
para reencontrar la capacidad de mirar a las personas y las cosas
con respeto y reconocimiento, sin intereses egoístas o hipócritas.

Necesitamos tu corazón inmaculado
para amar de manera gratuita,
sin otros fines que los de buscar el bien del otro,
con simplicidad y sinceridad, renunciando a enmascarar y maquillar.

Necesitamos tus manos inmaculadas
para acariciar con ternura, para tocar la carne de Jesús
en los hermanos pobres, enfermos, despreciados,
para realzar a quien ha caído y sostener a quien vacila.

Necesitamos tus pies inmaculados
para ir al encuentro de quien no sabe dar el primer paso,
para caminar por los senderos de quien se ha perdido,
para ir a encontrar a las personas solas.

Te damos gracias, Oh Madre, porque mostrándote a nosotros
libre de toda mancha de pecado,
nos reconoces que antes de todo existe la gracia de Dios,
existe el amor de Jesucristo que ha dado la vida por nosotros,
existe la fuerza del Espíritu Santo que todo renueva.
Haz que no cedamos al desánimo, sino que, confiando en tu constante ayuda,
nos comprometamos a fondo para renovarnos nosotros mismos, esta ciudad y el mundo entero.
¡Ora por nosotros Santa Madre de Dios!

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Como ya hiciera el año anterior, el Papa se trasladó a continuación hasta la Basílica de Santa María la Mayor recogiéndose en oración ante la imagen de la Salus Populi Romani, la advocación de la Virgen ante la que reza también antes de emprender un viaje internacional y a la vuelta del mismo.