Audiencia del Papa Francisco: Preparar el Triduo Pascual

Miercoles 28 de marzo 2018

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy me gustaría reflexionar sobre el Triduo Pascual que empieza mañana para profundizar en aquello que los días más importantes del año litúrgico representan para nosotros, los creyentes. Me gustaría preguntaros: ¿Cuál es la fiesta más importante de nuestra fe, Navidad o Pascua? Pascua porque es la fiesta de nuestra salvación, la fiesta del amor de Dios por nosotros, la fiesta, la celebración de su muerte y resurrección. Por eso quisiera reflexionar con vosotros sobre esta fiesta, sobre estos días, que son días pascuales, hasta la resurrección del Señor. Estos días constituyen la memoria conmemorativa de un gran misterio único: la muerte y la resurrección del Señor Jesús. El Triduo comienza mañana, con la Misa de la Cena del Señor y terminará con las vísperas del Domingo de Resurrección. Después viene “Pasquetta” (Lunes de Pascua) para celebrar esta fiesta grande: un día más. Pero es post-litúrgico: es la fiesta familiar, es la fiesta de la sociedad. Marca las etapas fundamentales de nuestra fe y de nuestra vocación en el mundo, y todos los cristianos están llamados a vivir los tres días santos –jueves, viernes, sábado; y el domingo- naturalmente- pero el sábado es la resurrección- los tres días santos, como, por decirlo así, la “matriz” de su vida personal de su vida comunitaria, como vivieron nuestros hermanos judíos el éxodo de Egipto.

Estos tres días vuelven a proponer al pueblo cristiano los grandes eventos de salvación operados por Cristo, y así lo proyectan en el horizonte de su destino futuro y lo fortalecen en su compromiso de testimonio en la historia.

En la mañana de Pascua, volviendo a recorrer las etapas vividas en el Triduo, el canto de la Secuencia, o sea un himno o una suerte de salmo, hará que se escuche solemnemente el anuncio de la resurrección. Y dice así: “Cristo, nuestra esperanza, ha resucitado y nos precede en Galilea”. Esta es la gran afirmación: Cristo ha resucitado. Y en tantos pueblos del mundo, sobre todo en el Este de Europa, la gente se saluda estos días de Pascua, no con un “buenos días” o “buenas tardes”, sino con “Cristo ha resucitado”, para afirmar el gran saludo pascual. “Cristo ha resucitado. Con estas palabras -Cristo ha resucitado- de conmovida exultación culmina el Triduo. No solo contienen un anuncio de alegría y esperanza, sino también un llamamiento a la responsabilidad y a la misión. Y no termina con la “colomba” ( dulce de Pascua italiano n.d.r.) los huevos, las fiestas- aunque todo esto sea hermoso porque es la fiesta de la familia- pero no termina con eso. De ahí comienza el camino a la misión, al anuncio: Cristo ha resucitado. Y este anuncio, al que conduce el Triduo preparándonos para acogerlo, es el centro de nuestra fe y de nuestra esperanza, es el núcleo, es el anuncio, es –la palabra difícil- es el kerygma que continuamente evangeliza a la Iglesia y que ella, a su vez, es enviada a evangelizar.

San Pablo resume el evento pascual en esta frase: “Cristo, nuestra Pascua, ha sido inmolado” (1 Cor 5,7), como el cordero. Ha sido inmolado. Por lo tanto, prosigue,  “pasó lo viejo, todo es nuevo” (2 Cor 5:15). Renacido. Y por eso, al principio, se bautizaba la gente el día de Pascua. También por la noche de este sábado yo bautizaré aquí, en San Pedro, ocho personas adultas que comienzan su vida cristiana. Y comienza todo porque habrán nacido otra vez. Y con otra fórmula sintética, explica que Cristo “fue entregado a causa de nuestros pecados y  fue resucitado  para nuestra justificación” (Rom 4:25). El único, el único que nos justifica; el único que nos hace renacer de nuevo es Jesucristo. Ningún otro. Y por eso no hay que pagar nada, porque la justificación –el hacerse justos- es gratuita. Y esta es la grandeza del amor de Jesús; da la vida gratuitamente para hacernos santos, para renovarnos, para perdonarnos. Y este es el núcleo propio de este Triduo Pascual. En el Triduo Pascual, el recuerdo de este evento fundamental se convierte en una celebración llena de gratitud y, al mismo tiempo, renueva en los bautizados el sentido de su nueva condición, que el apóstol Pablo expresa: “Si habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de allá arriba, […] y no… las de la tierra” (Col 3,1-3). Mirar hacia arriba, mirar al horizonte, ensanchar los horizontes: ¡esta es nuestra fe, esta es nuestra justificación, este es el estado de gracia! Efectivamente, por el Bautismo hemos resurgido con Jesús y hemos muerto a las cosas y a la lógica del mundo; hemos renacido como criaturas nuevas: una realidad que exige convertirse en  existencia concreta día a día.

Un cristiano, si realmente se deja lavar por Cristo, si realmente se deja despojar por Él del hombre viejo para caminar en una nueva vida, aunque siga siendo pecador, -porque todos lo somos- ya no puede ser corrompido; la justificación de Jesús nos salva de la corrupción, somos pecadores pero no corrompidos; ya no puede vivir con la muerte en el alma, ni tampoco puede ser causa de  muerte. Y aquí tengo que decir algo triste y doloroso… Hay cristianos falsos: los que dicen “Jesús ha resucitado”, “yo he sido justificado por Jesús”, estoy en la vida nueva, pero vivo una vida corrupta. Y estos cristianos fingidos acabarán mal. El cristiano, lo repito, es pecador – todos lo somos, yo lo soy- pero tenemos la seguridad de que cuando pedimos perdón el Señor nos perdona. El corrupto finge ser una persona honrada, pero en el fondo de su corazón hay podredumbre. Una vida nueva nos da Jesús. El cristiano no puede vivir con la muerte en el alma, ni tampoco ser causa de muerte. Pensemos –para no ir muy lejos- pensemos en casa, pensemos en los llamados “cristianos mafiosos”. Estos de cristianos no tienen nada: se dicen cristianos, pero llevan la muerte en el alma y a los demás. Recemos por ellos para que el Señor les toque el alma. El prójimo, sobre todo  el más pequeño y el que más sufre, se convierte en el rostro concreto a quien podemos dar el amor que Jesús nos ha dado. Y el mundo se convierte en el espacio de nuestra nueva vida de resucitados. Nosotros hemos resucitado con Jesús: de pie,  con la frente levantada y podemos compartir la humillación de aquellos que todavía  hoy, como Jesús, se hallan en medio del sufrimiento, de la desnudez, de la necesidad, de la soledad, de la muerte, para convertirnos, gracias a Él y con Él, en instrumentos redención y de esperanza, en signos de vida y resurrección. En tantos países –aquí en Italia y también en mi patria- hay la costumbre de que cuando el día de Pascua se oyen las campanas, las mamás, las abuelas, llevan a los niños a lavarse los ojos con el agua, el agua de la vida, como signo para poder ver las cosas de Jesús, las cosas nuevas. En esta Pascua dejémonos lavar el alma, lavar los ojos del alma, para ver las cosas bellas y hacer cosas bellas. ¡Y esto es maravilloso! Esta es la resurrección de Jesús después de su muerte que fue el precio para salvarnos a todos.

Queridos hermanos y hermanas, dispongámonos a vivir este Triduo Santo ya inminente -comienza mañana-, para estar cada vez más profundamente integrados en el misterio de Cristo, muerto y resucitado por nosotros. Que nos acompañe en este itinerario espiritual la Virgen Santísima, que siguió a Jesús en su pasión -Ella estaba allí, miraba, sufría…- estuvo presente y unida a Él bajo su cruz, pero no se avergonzaba del hijo. ¡Una madre nunca se avergüenza del hijo! Estaba allí y recibió en su corazón de madre la inmensa alegría de la resurrección. Que Ella nos dé la gracia de ser interiormente acogidos por las celebraciones de los próximos días, para que nuestro corazón y nuestra vida se transformen realmente.

Y mientras os dejo estos pensamientos, mientras formulo para todos vosotros mis mejores deseos de una feliz y santa Pascua, junto con vuestras comunidades y seres queridos.

Y os aconsejo: en la mañana de Pascua llevad a los niños debajo del grifo y haced que se laven los ojos. Será un signo de cómo ver a Jesús resucitado.

Audiencia Papa Francisco 21 marzo 2018

El Papa explica la Comunión

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Y hoy es el primer día de primavera: ¡buena primavera! Pero, ¿qué sucede en primavera? Florecen las plantas, florecen los árboles. Yo os haré alguna pregunta. ¿Un árbol o una planta enfermos, florecen bien si están enfermos? ¡No! Un árbol, una planta que ha cortado las raíces y que no tiene raíces, ¿puede florecer? No. Pero, ¿sin raíces se puede florecer? ¡No! Y este es un mensaje: la vida cristiana debe ser una vida que debe florecer en las obras de caridad, al hacer el bien. Pero si tú no tienes raíces, no podrás florecer y, ¿la raíz quien es? ¡Jesús! Si tú no estás con Jesús, allí, en la raíz, no florecerás. Si no riegas tu vida con la oración y los sacramentos, ¿tendrás flores cristianas? ¡No! Porque la oración y los sacramentos riegan las raíces y nuestra vida florece. Os deseo que esta primavera para vosotros sea una primavera florida, como será la Pascua florida. Florida de buenas obras, de virtud, de hacer el bien a los demás. Recordad esto, este es un verso muy hermoso de mi patria: «Lo que el árbol tiene de florecido, viene de lo que tiene de enterrado». Nunca cortéis las raíces con Jesús.

Y continuamos ahora con la catequesis sobre la santa misa. La celebración de la misa, de la que estamos recorriendo los varios momentos, está encaminada a la Comunión, es decir, a unirnos con Jesús. La comunión sacramental: no la comunión espiritual, que puedes hacerla en tu casa diciendo: «Jesús, yo quisiera recibirte espiritualmente». No, la comunión sacramental, con el cuerpo y la sangre de Cristo. Celebramos la eucaristía para nutrirnos de Cristo, que se nos da a sí mismo, tanto en la Palabra como en el Sacramento del altar, para conformarnos a Él. Lo dice el Señor mismo: «El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él» (Juan 6, 56). De hecho, el gesto de Jesús que dona a sus discípulos su Cuerpo y Sangre en la última Cena, continúa todavía hoy a través del ministerio del sacerdote y del diácono, ministros ordinarios de la distribución a los hermanos del Pan de la vida y del Cáliz de la salvación.

En la misa, después de haber partido el Pan consagrado, es decir, el cuerpo de Jesús, el sacerdote lo muestra a los fieles invitándoles a participar en el banquete eucarístico. Conocemos las palabras que resuenan desde el santo altar: «Dichosos los invitados a la Cena del Señor: he aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo». Inspirado en un pasaje del Apocalipsis —«Dichosos los invitados al banquete de bodas del Cordero» (Apocalipsis 19, 9): dice «bodas» porque Jesús es el esposo de la Iglesia— esta invitación nos llama a experimentar la íntima unión con Cristo, fuente de alegría y de santidad. Es una invitación que alegra y juntos empuja hacia un examen de conciencia iluminado por la fe. Si por una parte, de hecho, vemos la distancia que nos separa de la santidad de Cristo, por la otra creemos que su Sangre viene «esparcida para la remisión de los pecados». Todos nosotros fuimos perdonados en el bautismo y todos nosotros somos perdonados o seremos perdonados cada vez que nos acercamos al sacramento de la penitencia. Y no os olvidéis: Jesús perdona siempre. Jesús no se cansa de perdonar. Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón. Precisamente pensando en el valor salvador de esa Sangre, san Ambrosio exclama: «Yo que peco siempre, debo siempre disponer de la medicina» (De sacramentis, 4, 28: PL 16, 446a). En esta fe, también nosotros queremos la mirada al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo y lo invocamos: «oh, Señor, no soy digno de que entres en mi casa: pero una palabra bastará para sanarme». Esto lo decimos en cada Misa.

Si somos nosotros los que nos movemos en procesión para hacer la comunión, nosotros vamos hacia el altar en procesión para hacer la comunión, en realidad es Cristo quien viene a nuestro encuentro para asimilarnos a él. ¡Hay un encuentro con Jesús! Nutrirse de la eucaristía significa dejarse mutar en lo que recibimos. Nos ayuda san Agustín a comprenderlo, cuando habla de la luz recibida al escuchar decir de Cristo: «Manjar soy de grandes: crece y me comerás. Y tú no me transformarás en ti como al manjar de tu carne, sino tú te transformarás en mí» (Confesiones VII, 10, 16: pl 32, 742). Cada vez que nosotros hacemos la comunión, nos parecemos más a Jesús, nos transformamos más en Jesús. Como el pan y el vino se convierten en Cuerpo y Sangre del Señor, así cuantos le reciben con fe son transformados en eucaristía viviente. Al sacerdote que, distribuyendo la eucaristía, te dice: «El Cuerpo de Cristo», tú respondes: «Amén», o sea reconoces la gracia y el compromiso que conlleva convertirse en Cuerpo de Cristo. Porque cuando tú recibes la eucaristía te conviertes en cuerpo de Cristo. Es bonito, esto; es muy bonito. Mientras nos une a Cristo, arrancándonos de nuestros egoísmos, la comunión nos abre y une a todos aquellos que son una sola cosa en Él. Este es el prodigio de la comunión: ¡nos convertimos en lo que recibimos!

La Iglesia desea vivamente que también los fieles reciban el Cuerpo del Señor con hostias consagradas en la misma misa; y el signo del banquete eucarístico se expresa con mayor plenitud si la santa comunión se hace bajo las dos especies, incluso sabiendo que la doctrina católica enseña que bajo una sola especie se recibe a Cristo todo e íntegro (cf. Instrucción General del Misal Romano, 85; 281-282). Según la praxis eclesial, el fiel se acerca normalmente a la eucaristía en forma de procesión, como hemos dicho, y se comunica en pie con devoción, o de rodillas, como establece la Conferencia Episcopal, recibiendo el sacramento en la boca o, donde está permitido, en la mano, como se prefiera (cf. IGMR, 160-161). Después de la comunión, para custodiar en el corazón el don recibido nos ayuda el silencio, la oración silenciosa. Prologar un poco ese momento de silencio, hablando con Jesús en el corazón nos ayuda mucho, como también cantar un salmo o un himno de alabanza (cf. IGMR, 88) que nos ayuda a estar con el Señor. La Liturgia eucarística se concluye con la oración después de la comunión. En esta, en nombre de todos, el sacerdote se dirige a Dios para darle las gracias por habernos hecho sus comensales y pedir que lo que hemos recibido transforme nuestra vida. La eucaristía nos hace fuertes para dar frutos de buenas obras para vivir como cristianos. Es significativa la oración de hoy, en la que pedimos al Señor que «el sacramento que acabamos de recibir sea medicina para nuestra debilidad, sane las enfermedades de nuestro espíritu y nos asegure tu constante protección» (Misal Romano, Miércoles de la V semana de Cuaresma).

Acerquémonos a la eucaristía: recibir a Jesús que nos trasforma en Él, nos hace más fuertes. ¡Es muy bueno y muy grande el Señor!

«24 horas para el Señor»: el Papa se confesó y recordó que Dios se nos acerca más cuando pecamos

«La condición de pecado tiene como consecuencia el alejamiento de Dios. De hecho, el pecado es una de las maneras con que nosotros nos alejamos de Él. Pero esto no significa que Él se aleje de nosotros. La condición de debilidad y confusión en la que el pecado nos sitúa, constituye una razón más para que Dios permanezca cerca de nosotros. Esta certeza debe acompañarnos siempre en la vida»: éste fue el mensaje central de la homilía del Papa en la celebración penitencial de este viernes en la basílica de San Pedro.«24 horas para el Señor»: el Papa se confesó y recordó que Dios se nos acerca más cuando pecamos

Con ello comenzaron en la diócesis del Papa las 24 horas con el Señor, una iniciativa de la Santa Sede para que a lo largo de ese periodo, hasta este sábado, se multipliquen en todas las parroquias las confesiones y las adoraciones eucaríasticas.

El acto, ya tradicional en mitad de la Cuaresma, constó de una procesión de entrada una la liturgia de la Palabra, tras la cual Francisco se confesó y se sentó él mismo para escuchar las confesiones de algunos de los miles de penitentes presentes en el templo.

En su homilía, el Papa recordó que «el amor de Dios es siempre más grande de lo que podemos imaginar, y se extiende incluso más allá de cualquier pecado que nuestra conciencia pueda reprocharnos. Es un amor que no conoce límites ni fronteras; no tiene esos obstáculos que nosotros, por el contrario, solemos poner a una persona, por temor a que nos quite nuestra libertad».

La certeza de ese amor y de esa cercanía de Dios pese a nuestro empeño en alejarnos de Él forman la base de «la esperanza de que nunca seremos privados de su amor, a pesar de cualquier pecado que hayamos cometido, rechazando su presencia en nuestras vidas».

Francisco concluyó sus palabras instando a la gratitud hacia esa misericordia divina: «¡Qué difícil es dejarse amar verdaderamente! Siempre nos gustaría que algo de nosotros no esté obligado a la gratitud, cuando en realidad estamos en deuda por todo, porque Dios es el primero y nos salva completamente, con amor».

«La Plegaria eucarística es el momento central de la celebración de la Misa»

El Papa explicó en la audiencia general (7/3/2018) en qué consiste la Plegaria eucarística. Recordó que esta oración corresponde a “cuanto el Señor mismo realizó en la Ultima Cena, cuando instituyó el sacrificio y convite pascual, por medio del cual el sacrificio de la cruz se hace continuamente presente en la Iglesia”.

Queridos hermanos y hermanas:

Reflexionamos hoy sobre la Plegaria eucarística, oración de acción de gracias y de consagración, que constituye el momento central de la celebración de la Misa. Corresponde a cuanto el Señor mismo realizó en la Ultima Cena, cuando instituyó el sacrificio y convite pascual, por medio del cual el sacrificio de la cruz se hace continuamente presente en la Iglesia.

En el Misal hay varias fórmulas de Plegaria eucarística, configuradas por diversos elementos característicos

En esta solemne Plegaria, la Iglesia expresa lo que cumple cuando celebra la Eucaristía, es decir, que todos los fieles se unan con Cristo en el reconocimiento de las grandezas de Dios y en la ofrenda del sacrificio.

En el Misal hay varias fórmulas de Plegaria eucarística, configuradas por diversos elementos característicos: El Prefacio, acción de gracias por los dones de Dios, especialmente por habernos enviado a su Hijo como Salvador, y que se concluye con la aclamación del «Santo». Sigue la Epíclesis, o invocación del Espíritu Santo, que con su acción y la eficacia de las palabras de Cristo, pronunciadas por el sacerdote, hacen realmente presente, bajo las especies del pan y del vino, su Cuerpo y su Sangre, Sacramento de nuestra fe.

En esta Plegaria nadie ni nada se olvida, sino que todo viene reconducido a Dios en Cristo

Se continúa pidiendo a Dios que congregue a todos sus hijos en la perfección del amor, en comunión con toda la Iglesia. Y en la súplica se ruega por todos, vivos y difuntos, en espera de participar en la herencia eterna, junto con la Virgen y todos los santos. En esta Plegaria nadie ni nada se olvida, sino que todo viene reconducido a Dios en Cristo, como proclama la Doxología que la concluye.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los provenientes de España y Latinoamérica. Que el Señor nos conceda hacer de nuestra vida una «eucaristía», que sea acción de gracias, don de amor y de comunión. Muchas gracias.

El Papa en Chile y Perú

Discursos y homilías del Papa Francisco en Chile y Perú

Publicamos los textos que está pronunciando estos días en Chile y Perú el Papa Francisco, desde el lunes 15 de enero al domingo 21 de enero. Si clicas al link te accede al discurso del Papa de la página del Vaticano

 

Chile

Santiago, martes 16 de enero de 2018

8.20 Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Palacio de la Moneda
9.00 Visita de cortesía a la Presidenta en el Salón Azul del Palacio de la Moneda
10.30 Santa Misa en el Parque O’Higgins
16.00 Breve visita al Centro penitenciario femenino de Santiago
17.15 Encuentro con los sacerdotes, religiosos/as, consagrados/as y seminaristas en la Catedral de Santiago
18.15 Encuentro con los obispos en la sacristía de la Catedral
19.15 Visita privada al Santuario de San Alberto Hurtado, SJ
Encuentro privado con los sacerdotes de la Compañía de Jesús

Santiago-Temuco-Santiago, miércoles 17 de enero de 2018

10.30 Santa Misa en el Aeropuerto de Maquehue
12.45 Almuerzo con algunos habitantes de la Araucanía en la casa “Madre de la Santa Cruz”
15.30 Salida en avión del aeropuerto de Temuco hacia Santiago de Chile
17.00 Llegada al aeropuerto de Santiago de Chile
17.30 Encuentro con los jóvenes en el Santuario de Maipú
18.30 Traslado en vehículo cerrado a la Pontificia Universidad Católica de Chile
19.00 Visita a la Pontificia Universidad Católica de Chile

Santiago-Iquique, jueves 18 de enero de 2018

10.35 Llegada al aeropuerto internacional de Iquique
11.30 Santa Misa en el Campus Lobito
14.00 Almuerzo con el séquito papal en la Casa de retiros del Santuario Nuestra Señora de Lourdes de los Padres Oblatos
16.45 Llegada al aeropuerto de Iquique
Ceremonia de despedida
17.05 Salida en avión del aeropuerto internacional de Iquique hacia Lima

Perú

Lima-Puerto Maldonado-Lima, viernes 19 de enero de 2018

8.30 Salida en avión de Lima con destino Puerto Maldonado
10.15 Llegada al aeropuerto de Puerto Maldonado
10.30 Encuentro con los pueblos de la Amazonia en el Coliseo Regional Madre de Dios
11.30 Encuentro con la población en el Instituto Jorge Basadre
12.15 Visita a la casa hogar El Principito
13.15 Almuerzo con los representantes de los pueblos de la Amazonia en el Centro Pastoral Apaktone
14.35 Salida en avión hacia Lima
16.10 Llegada al aeropuerto de Lima
16.20 Visita a la capilla de la base aérea
16.45 Encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Patio de Honor
17.15 Visita de cortesía al Presidente en el Salón de los Embajadores del Palacio de Gobierno
17.55 Encuentro privado con los miembros de la Compañía de Jesús en la iglesia de San Pedro

Lima-Trujillo-Lima, sábado 20 de enero de 2018

7.40 Salida en avión hacia Trujillo
9.10 Llegada al aeropuerto de Trujillo
10.00 Santa Misa en la explanada de la playa de Huanchaco
12.15 Recorrido en papamóvil por el barrio de “Buenos Aires”
15.00 Breve visita a la Catedral
15.30 Encuentro con sacerdotes, religioso/as y seminaristas de las circunscripciones del norte del Perú en el Colegio Seminario SS. Carlos y Marcelo
16.45 Celebración mariana en honor de la Virgen de la Puerta en la Plaza de Armas
18.15 Salida en avión hacia Lima
19.40 Llegada al aeropuerto de Lima

Lima-Roma, domingo 21 de enero de 2018

9.15 Rezo de la Hora tercia con religiosas de vida contemplativa en el Santuario del Señor de los Milagros
10.30 Oración ante las reliquias de los santos peruanos en la Catedral de Lima
10.50 Encuentro con los obispos en el Palacio Arzobispal
12.00 Ángelus en la Plaza de Armas
12.30 Almuerzo con el séquito papal en la Nunciatura Apostólica
16.15 Santa Misa en la Base Aérea “Las Palmas
18.30 Llegada al aeropuerto
Ceremonia de despedida

Audiencia General: Papa explica el significado del Gloria y de la oración colecta en la Misa

Queridos hermanos y hermanas:

Dedicamos la catequesis de hoy al canto del gloria y a la oración colecta que forman parte de los ritos introductorios de la Santa Misa.

Hacer silencio significa disponerse para escuchar la voz de nuestro corazón y sobre todo la del Espíritu Santo

El canto del gloria comienza con las palabras de los ángeles en el nacimiento de Jesús en Belén y continúa con aclamaciones de alabanza y agradecimiento a Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Representa, en cierto modo, un abrirse de la tierra al cielo en respuesta al inclinarse del cielo sobre la tierra.

Después del Gloria viene la oración llamada colecta. Con la expresión “oremos”, el sacerdote invita al pueblo a recogerse un momento en silencio, para que cada uno tome conciencia de estar en la presencia de Dios y formular en su espíritu sus deseos. Hacer silencio significa disponerse para escuchar la voz de nuestro corazón y sobre todo la del Espíritu Santo.

En Cristo crucificado reconocemos al sacerdote que ofrece a Dios el culto agradable

La oración colecta está compuesta, primero, de una invocación del nombre de Dios, en la que se hace memoria de lo que él ha hecho por nosotros, y en segundo lugar, de una súplica para que intervenga. El sacerdote recita esta oración con los brazos abiertos imitando a Cristo sobre el madero de la cruz. En Cristo crucificado reconocemos al sacerdote que ofrece a Dios el culto agradable, es decir, el de la obediencia filial.

Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en modo particular a los grupos provenientes de España y América Latina. Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros para que la Santa Misa sea de verdad una auténtica escuela de oración, en la que aprendamos a dirigirnos a Dios en cualquier momento de nuestra vida. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

Atentado en Barcelona; Papa Francisco: “acto inhumano”

14 personas perdieron la vida y más de 90 resultaron heridas; el Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, monseñor José Gil Tamayo, expresó la solidaridad de los obispos; la Comunidad Islámica del país condena el terrorismo.

Francisco condenó el atentado de Barcelona, calificándolo de «acto inhumano» y de «violencia ciega, ofensa gravísima al Creador». Es lo que escribió en el telegrama de condolencias enviado hoy al arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella. El Pontífice reza para que todos trabajen «con determinación por la paz y la concordia en el mundo». Papa Francisco, se lee en el telegrama firmado por el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin y enviado al arzobispo de la ciudad catalana, Juan José Omella, «desea expresar su más profundo pesar por las víctimas que han perdido la vida en una acción tan inhumana y ofrece sufragios por su eterno descanso. En estos momentos de tristeza y dolor, quiere hacer llegar también su apoyo y cercanía a los numerosos heridos, a sus familias y a toda la sociedad catalana y española». El Papa condena nuevamente «la violencia ciega, que es una ofensa gravísima al Creador, y eleva su oración al Altísimo para que nos ayude a seguir trabajando con determinación por la paz y la concordia en el mundo». Para concluir, Jorge Mario Bergoglio invoca «sobre todas las víctimas, sus familiares y el querido pueblo español la bendición apostólica.».

El vocero vaticano, Greg Burke, indicó ayer, 17 de agosto, que el Papa estaba siguiendo con «gran preocupación» las noticias sobre el atentado en la ciudad de Barcelona: «El Santo Padre está siguiendo con gran preocupación cuanto está sucediendo en Barcelona. El Papa reza por las víctimas de este atentado y desea expresar su cercanía a todo el pueblo español, especialmente a los heridos y a las familias de los fallecidos».

Los atentados

Un hombre atropelló con una furgoneta blanca a un grupo de personas a la altura del cruce con Carrer Bosucces, la vía comercial del centro de la ciudad; su recorrido, de alrededor de 600 metros, según indicó el diario «La Vanguardia», comenzó al inicio del paseo, en la Plaça Catalunya, y se detuvo al estrellarse con un quiosco en el mosaico de Joan Miró (Pla de la Boqueria).

Poco después de las 18 de ayer, 17 de agosto de 2017, las autoridades confirmaron que se trataba de un atentado. La policía refirió, además, las víctimas son por lo menos 14 y que hay más de 90 heridos. La furgoneta entró en la calzada peatonal en el inicio de la Rambla, en la confluencia con Plaça Catalunya y recorrió el paseo central, donde fue atropellando a la multitud, haciendo zig zag para generar el mayor daño posible. El llamado Estado Islámico se atribuyó el atentado.

Pocas horas después otro grupo de terroristas atropellaron y atacaron con armas blancas a los transeúntes en los alrededores del paseo marítimo de la ciudad tarraconense de Cambrils esta madrugada, dejando un saldo de siete personas heridas.

“No tinc por!” (“¡No tengo miedo!”)

AP

Mariano Rajoy, Felipe VI y Carles Puigdemont

Decenas de miles de personas, acompañadas por todas las autoridades catalanas y españolas sin excepción (participaron, entre otros, el rey Felipe VI, el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, el de la Generalitat, Carles Puigdemont, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, la presidenta del Parlament, Carme Forcadell, el ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, y el delegado del Gobierno en Catalunya, Enric Millo), se unieron este viernes contra el terrorismo en un emotivo minuto de silencio que tuvo lugar a las 12:00 horas en plaza Catalunya. Tras el silencio, los asistentes estallaron en aplausos y al grito de “No tinc por!” (“¡No tengo miedo!”).

Los obispos españoles

El Secretario General de la Conferencia Episcopal Española, monseñor José Gil Tamayo, expresó la solidaridad de los obispos a través de su cuenta de Twitter, en donde escribió: «Seguimos con preocupación y oraciones la situación de víctimas del atropello masivo en las Ramblas. Nuestra solidaridad con las víctimas y Barcelona».

Papa Francisco: El católico debe ofrecer a los demás la medicina del amor

El Papa Francisco se encontró en el Vaticano con un grupo de niños y jóvenes del Hospital Pediátrico “Bambino Gesù” de Roma, junto a sus padres y médicos, y afirmó que el católico debe dar a los demás una medicina importante: el amor.

“Cada uno de vosotros es una historia. No solo los niños enfermos, sino también los médicos, los enfermeros, los que visitan, las familias”, dijo el Papa al saludarlos.

“Entrar en un hospital da siempre miedo. Yo veo que cuando me acerco a algunos niños, no todos, pero sí algunos, pequeños, que me ven de blanco, comienzan a llorar, piensan que soy el médico que les va a poner una vacuna, y lloran y tienen miedo, pero después les hago dos caricias y se tranquilizan”.

Francisco advirtió del peligro y del riesgo “de olvidar la medicina más importante que solo una familia puede dar: ¡las caricias!”. “Es una medicina demasiado cara, porque tenerla, para poderla tener debes darlo todo, debes poner todo el corazón, todo el amor”.

En este sentido, “vosotros tenéis las caricias de los médicos, de los enfermos, de la directora, de todos”. Este hospital “en los últimos tiempos ha crecido mucho y se ha convertido en una familia. El niño, el enfermo allí encuentra una familia”.

El “Bambino Gesù” es “un testimonio, un testimonio humano. Es un hospital católico y para ser católico antes de nada uno debe ser humano, y vosotros hoy dais un testimonio humano”.

“Por favor, id adelante siempre en este camino, creced en este camino”. “¿Qué es más importante en una familia? La madre, el padre, los hermanos mayores, los abuelos, los niños… cada uno es más importante, y vosotros sois todos importantes, pero siempre unidos”.

Imagen referencial. Foto: Daniel Ibáñez / ACI Prensa