Centenario del nacimiento de San Juan Pablo II

Juan Pablo II y el cardenal Bergoglio, Consistorio de 2001

Francisco: San Juan Pablo II siga intercediendo por la paz en el mundo

En los saludos, tras el rezo del Regina Coeli, Francisco recordó, ante todo, el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II y rogó que desde el Cielo “él siga intercediendo por el Pueblo de Dios y por la paz en el mundo”.

Ciudad del Vaticano

Afecto y gratitud expresó el Papa Francisco al recordar que mañana se celebra el centenario del nacimiento de San Juan Pablo II, en Wadowice, Polonia. Tras el rezo del Regina Coeli el Papa anunció que mañana por la mañana, a las 7 de la mañana, celebrará la Santa Misa – que será transmitida a través de Mundovisión – en el altar donde descansan sus restos mortales.

“Que desde el Cielo – rogó Francisco– él siga intercediendo por el Pueblo de Dios y por la paz en el mundo”

También recordó que en el mes de mayo, es tradicional en muchas parroquias celebrar las Misas de Primera Comunión, un “hermoso momento de fe y de fiesta”, dijo, que ha sido pospuesto a causa de la pandemia. Por ese motivo envió un pensamiento afectuoso “a los niños y a las niñas que habrían tenido que recibir la Eucaristía por primera vez”.

Antes de despedirse, pidiendo que no nos olvidemos de rezar por él, invitó a los fieles a vivir este tiempo de espera “como una oportunidad para prepararse mejor”: “rezando, leyendo el libro de catecismo para profundizar en el conocimiento de Jesús, creciendo en la bondad y en el servicio a los demás”. “¡Buen camino!”, animó.

 

El Papa celebró una misa en honor a San Juan Pablo II.

SUGERENCIAS DEL PAPA FRANCISCO FRENTE ESTA NUEVA PRUEBA: EL CORONAVIRUS

1. NO DESESPERARSE, SALIR DE SÍ MISMO

2. REZAR Y SERVIR

3. QUIENES AYUDAN A LOS DEMÁS SON LOS VERDADEROS HÉROES DE ESTA PANDEMIA

4. NO PENSEMOS EN NUESTROS INTERESES

5. VEAMOS ESTA PRUEBA PARA LABRAR UN FUTURO MEJOR, SIN DESCARTAR A NADIE

¿Qué hace el Papa Francisco en este tiempo de confinamiento? Reza más, pide por la conversión de las personas.

Según entrevistador Francisco vive este momento con discernimiento: Se pregunta cómo estamos llamados a vivir ahora este momento: llamados a la conversión y al sacrificio

«La resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo»

Todas las intervenciones del Papa Francisco en Semana Santa. Homilias y cartas.

«Nosotros, cristianos, creemos y sabemos que la resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo, aquella que no defrauda», ha dicho el Papa Francisco durante la Bendición “Urbi et Orbi”, en la que también ha pedido la paz para diversos países.

• Domingo de Ramos
• Misa Crismal (Jueves Santo) • Santa Misa en la Cena del Señor (Jueves Santo)

• Pasión del Señor (Viernes Santo) • Vía Crucis (Viernes Santo)

• Vigilia Pascual (Sábado Santo)

• Domingo de Resurrección • Bendición “Urbi et Orbi”

Bendición “Urbi et Orbi”

Queridos hermanos y hermanas, ¡Feliz Pascua! Jesús ha resucitado de entre los muertos.

Junto con el canto del aleluya, resuena en la Iglesia y en todo el mundo, este mensaje: Jesús es el Señor, el Padre lo ha resucitado y él vive para siempre en medio de nosotros.

Jesús mismo había preanunciado su muerte y resurrección con la imagen del grano de trigo. Decía: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). Y esto es lo que ha sucedido: Jesús, el grano de trigo sembrado por Dios en los surcos de la tierra, murió víctima del pecado del mundo, permaneció dos días en el sepulcro; pero en su muerte estaba presente toda la potencia del amor de Dios, que se liberó y se manifestó el tercer día, y que hoy celebramos: la Pascua de Cristo Señor.

Nosotros, cristianos, creemos y sabemos que la resurrección de Cristo es la verdadera esperanza del mundo, aquella que no defrauda. Es la fuerza del grano de trigo, del amor que se humilla y se da hasta el final, y que renueva realmente el mundo. También hoy esta fuerza produce fruto en los surcos de nuestra historia, marcada por tantas injusticias y violencias. Trae frutos de esperanza y dignidad donde hay miseria y exclusión, donde hay hambre y falta trabajo, a los prófugos y refugiados —tantas veces rechazados por la cultura actual del descarte—, a las víctimas del narcotráfico, de la trata de personas y de las distintas formas de esclavitud de nuestro tiempo.

Y, hoy, nosotros pedimos frutos de paz para el mundo entero, comenzando por la amada y martirizada Siria, cuya población está extenuada por una guerra que no tiene fin. Que la luz de Cristo resucitado ilumine en esta Pascua las conciencias de todos los responsables políticos y militares, para que se ponga fin inmediatamente al exterminio que se está llevando a cabo, se respete el derecho humanitario y se proceda a facilitar el acceso a las ayudas que estos hermanos y hermanas nuestros necesitan urgentemente, asegurando al mismo tiempo las condiciones adecuadas para el regreso de los desplazados.

Invocamos frutos de reconciliación para Tierra Santa, que en estos días también está siendo golpeada por conflictos abiertos que no respetan a los indefensos, para Yemen y para todo el Oriente Próximo, para que el diálogo y el respeto mutuo prevalezcan sobre las divisiones y la violencia. Que nuestros hermanos en Cristo, que sufren frecuentemente abusos y persecuciones, puedan ser testigos luminosos del Resucitado y de la victoria del bien sobre el mal.

Suplicamos en este día frutos de esperanza para cuantos anhelan una vida más digna, sobre todo en aquellas regiones del continente africano que sufren por el hambre, por conflictos endémicos y el terrorismo. Que la paz del Resucitado sane las heridas en Sudán del Sur: abra los corazones al diálogo y a la comprensión mutua. No olvidemos a las víctimas de ese conflicto, especialmente a los niños. Que nunca falte la solidaridad para las numerosas personas obligadas a abandonar sus tierras y privadas del mínimo necesario para vivir. Imploramos frutos de diálogo para la península coreana, para que las conversaciones en curso promuevan la armonía y la pacificación de la región. Que los que tienen responsabilidades directas actúen con sabiduría y discernimiento para promover el bien del pueblo coreano y construir relaciones de confianza en el seno de la comunidad internacional. Pedimos frutos de paz para Ucrania, para que se fortalezcan los pasos en favor de la concordia y se faciliten las iniciativas humanitarias que necesita la población. Suplicamos frutos de consolación para el pueblo venezolano, el cual —como han escrito sus Pastores— vive en una especie de «tierra extranjera» en su propio país. Para que, por la fuerza de la resurrección del Señor Jesús, encuentre la vía justa, pacífica y humana para salir cuanto antes de la crisis política y humanitaria que lo oprime, y no falten la acogida y asistencia a cuantos entre sus hijos están obligados a abandonar su patria.

Traiga Cristo Resucitado frutos de vida nueva para los niños que, a causa de las guerras y el hambre, crecen sin esperanza, carentes de educación y de asistencia sanitaria; y también para los ancianos desechados por la cultura egoísta, que descarta a quien no es «productivo».

Invocamos frutos de sabiduría para los que en todo el mundo tienen responsabilidades políticas, para que respeten siempre la dignidad humana, se esfuercen con dedicación al servicio del bien común y garanticen el desarrollo y la seguridad a los propios ciudadanos.

Queridos hermanos y hermanas:

También a nosotros, como a las mujeres que acudieron al sepulcro, van dirigidas estas palabras: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado» (Lc 24,5-6). La muerte, la soledad y el miedo ya no son la última palabra. Hay una palabra que va más allá y que solo Dios puede pronunciar: es la palabra de la Resurrección (cf. Juan Pablo II, Palabras al término del Vía Crucis, 18 abril 2003). Ella, con la fuerza del amor de Dios, «ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos» (Pregón pascual).